5/12/2006

La vida de una chica Barçalles

La primera vez que pisé una discoteca, tenía 13 años, y fue Estudio 54. Un antro de perversión localizado al principio de Avenida paralelo, cerca del Apolo, el Arnau y el Bagdad. No tengo ni idea de cómo conseguimos pasar. Creo que fue porque mis amigas tenían ya los 14 y cuando me pidieron el carné a mí, coló que los tenía aunque dije que no llevaba el DNI encima. En aquellos tiempos parecía un poco más mayor de lo que era.

Bailábamos canciones como aquellas superviejas de OBK, Haddaway y otras cosas por el estilo.

Estudio estaba dividida si no recuerdo mal en planta baja más dos, y en la planta de arriba del todo estaban los “reservados” que en aquellos tiempos no teníamos ni idea de qué eran, pero que nos lo pudimos suponer cuando nos echaron de allí por cotillas.

De Estudio, mis mejores recuerdos fueron las tardes de bailoteo, el hecho de que fuera mi primera discoteca, y el orgullo de haber ganado un concurso de disfraces con Montse, cuando nos disfrazamos de brujas, ella de bruja-bruja y yo de bruja-sexy. Nos llevamos una Megadrive de regalo, con el Alex Kid in Wonderland incorporado.

Como a ella no le gustaban las consolas, me cedió el honor.

Qué tiempos aquellos, cuando pensábamos que jamás habría un juego con mejores gráficos que el Alex Kid.

Después evolucionamos un poco. Dejamos EGB y empezamos el instituto.

Empezamos a ir a fiestas en discotecas que alquilaban a tal fin. Mira que es dura y cruel la vida en bachillerato cuando no eres popular y te crees lo que te dicen los demás, dejándote infravalorar y pisotear. Cuando la persona que te gusta no baila contigo o lo hace por pena o porque tus amigos le han obligado (prácticamente a ello), y lo que más deseas es encajar y te das cuenta que ni en pintura.

Me planteaba muchas veces porqué ellos sí encajaban y yo no.

Anyway, en el bachillerato me quedó claro que salvando Montse, con el resto de las chicas mejor ni intentar llevarme bien (y aun así tuvimos nuestras broncas). Lo mejor era intentar “llevarse” y ya está. Descubrí que hacía mejores migas con los chicos que con las chicas, porque las chicas hablaban de estupideces, y con los chicos podía hablar de cómics, libros, D&D, juegos y otras bicherías.

En ese momento creo que empecé a ser “un chico más”.

Fue duro, porque mis amigas me dejaron de hablar porque yo tenía trato con los chicos que a ellas les gustaban. Una mañana me arrinconaron las siete en una esquina a la entrada del patio, diciéndome todo tipo de lindezas. En esas que un amigo, Ricky, salió en mi defensa (no sé si eso sirvió de gran ayuda xD).

Recuerdo que me sentí muy triste e incomprendida. Ellas no se daban cuenta que aun hablando con los chicos, nunca me atreví a hablar con el que me gustaba a mí por miedo al rechazo. Era la única persona del mundo con la que quería hablar desesperadamente y nunca pude conseguirlo. Me tenía que contentar con hacerme amiga de sus amigos, y saber a través suyo de él.

Así de paradójica es la vida.

Fueron pasando los años (si lees esto, Oscar Viscarri, que sepas que te sigo detestando, bicho de mal agüero, tú y tu Lori que aun me acuerdo del nombre de la tipa esa… a ver si alguien en serio se cree que una tía perdona y olvida… angelitos), te adaptas (no, más bien: te acostumbras) a todo. Comprendes que tu lugar en el mundo es ser “ésa de ahí” y que tus amigas van a fiestas de las que tú no sabes nada hasta que ya han pasado o no sabes nada y se acabó.

A más extraña me sentía, mas me retraje. Tuve suerte, aun así, porque en mi clase había chicos que tampoco encajaban en ningún lado. Los “feos”, los “empollones”, los “raros”. Con ellos me sentía a gusto. Quisiera recordar el nombre del que me dejó La Espada Rota de Paul Anderson, pero no lo consigo. Y darle las gracias a Ernest por haberme regalado La Historia Interminable.

Grunttt me dijo una vez que el olfato es el único sentido cuyos estímulos llegan sin filtros al cerebro. Por eso, cuando notas un olor te vienen a la memoria imágenes y vivencias.

Cuando estaba empacando mis cosas en cajas para mudarme a mi Sancta Sanctorum, en una de ellas metí “mis tesoros”. Aun guardo la colonia que me regaló Oscar Millán en mi decimoquinto cumpleaños. Me quedo impresionada porque su nombre es de los pocos que recuerdo. Era Eighteen. Por mi propio pie yo me compré Paraíso y Don Algodón. Aun hoy las abro a veces y las huelo, y puedo ver cómo todos esos recuerdos me arrollan como una ola, con fuerza, y vienen todos desordenados a la vez.

Qué tiempos aquellos, cuando pensabas que Don Algodón era sinónimo de chica mayor.

Esas tres colonias me acompañaron en mis andadas por el mundo. En mis tardes de cacería por la discoteca y de risas con Montse.

¿Por qué tenemos tod@s a veces tantas prisas por crecer, que olvidamos disfrutar del momento? Si cuando te haces adulto lo único que tienes son complicaciones, obligaciones y deudas. Cuando era pequeña e iba al colegio y al instituto, mi madre me compraba jerseys a veces con osos y dibujos y similares. Y algunos me los ponía y otros no. Por vergüenza, por miedo al qué dirán. Porque tenía que aparentar que era mayor.

Curiosamente, nunca he vestido más seria y “adulta” que a los catorce y quince años. Y fíjate ahora, que voy con bolsos de Pucca y otros bichos por la calle, que me pongo colores chillones, que tengo peluches en mi casa, y puedo ir tranquilamente con una sudadera se Shin Chan por la calle… Y a quien no le guste, que no me mire.

En fin… Ya me fui por otros derroteros de nuevo.

Cuando teníamos quince o dieciséis años, nos mudamos a Barçalles y Fibraóptica (de la misma cadena de la Atlántida). Para aquel entonces, Estudio o había cerrado o estaba al punto ya. Algunas veces fuimos a un antro llamado Costa Breve que ahora creo que es La Tierra, cerca de Luz de gas.

Empezamos yendo a Barçalles por las tardes, porque no teníamos edad para salir de noche. Había dejado de ser pareja con Montse, para ser trío con Montse y Kary. Empezamos a beber alguna vez, pero nunca llegué a encontrarle el quid al asunto. Y para colmo me sentaba mal el alcohol.

Nunca se me dio por fumar. Lo probé también, una vez. Pero fue asqueroso y casi me ahogo ahí mismo. Pensé que ¿para qué narices tenía que esforzarme en hacerme adicta a algo que no me gusta? Así que por ese motivo tampoco me aficioné al tabaco, además, qué mal huele y qué mal aliento deja.

Hasta que cumplí los dieciséis, entrar en la discoteca fue toda una odisea. Había días que tenía más suerte, había otros que no, pero recuerdo un viernes en especial, que había quedado con un chico, y no podía entrar porque no me dejaba pasar Rafa (el portero).

Conste que lo intenté seis veces:

  • Intentando entrar por la puerta tal cual
  • Intentando entrar por la otra cola tal cual
  • Intentando entrar cogida del brazo de un tío que no conocía de nada al que le dije: “tú disimula y haz ver que somos pareja”
  • Intentando colarme por un punto muerto de la visión de Rafa, camuflada en medio de la marabunta. Hubiera funcionado, de no ser porque saqué la cabeza para ver cuánto me quedaba para pagar la entrada y si Rafa estaba despistado. Rafa NO estaba despistado, me vio, me señaló con el dedo y me indicó gestualmente que dejara la cola.
  • Intentando darle pena a Rafa y explicándole mi vida (cosa que se me da muy bien)
  • Memorizando el carné de la desconocida más parecida a mi del grupo de amigas de mi amiga, recitándoselo de memoria a Rafa, mientras él me miraba con cara de “no te lo crees ni tú”, “qué voy a hacer contigo” y me preguntaba “¿de verdad es éste tu carné?” a lo que yo asentía vigorosamente con la cabeza. Entonces me volvió a mirar algo del estilo “me vas a dar la brasa hasta que te deje entrar…” Y conseguí acceder


Ya ves para qué, porque encontré a Javi que lo había dejado su novia, estaba bastante más que medio borracho, porque se había enterado que su novia –con la que había estado saliendo un año- había estado 6 de esos doce meses tirándose a su primo, y tres de esos seis y doce, con él y con su hermano. Un festival. Y yo, que no sabía siquiera que Javi tenía novia…

No tengo derecho a quejarme de mis penas…

Después de eso decidí que no volvía a pasar por el cachondeo del acceso, e hice lo único que se puede hacer en esos momentos: falsificar mi carné. Como tenía un carné especial, de cartulina casi, dejándome un pastón en aquellos tiempos, hice tres fotocopias a color del interior, y unas en blanco y negro de la cara de fuera.

Me especialicé en falsificar “sietes” de máquina de escribir eléctrica. Y después de pegar a un lado de una cartulina la fotocopia color, al otro la blanco y negro, y recortar una fotocopia de la foto sellada y pegarla, tenía ya pase para entrar en las discotecas.

Ese ritual lo hice dos años hasta que cumplí la mayoría de edad. Momento en el cual acceder a las discotecas perdió todo su aliciente y emoción.

La primera vez que salí de noche, fue un fin de año, con dieciséis o diecisiete años, no lo recuerdo. Iba con Montse. Llegamos a las doce a la puerta, y a las tres nos fuimos para casa. Parecía que habíamos estado fuera toda la vida, y nos sentíamos aquello un par de personas adultas y responsables.

Bueno, pues llegué a casa y cuando me metí en la cama… Dios estaba tan cansada… Me desperté un momento, miré a la calle, era aun de noche. Miré el despertador. Eran las siete apenas. Y me volví a dormir porque había descansado sólo 3 horas y media.

Para cuando volví a despertarme, seguía siendo de noche, miré el reloj. Eran las siete y media y todo seguía en silencio. Y pensé que bueno, como no me podía dormir más, me iba a desayunar. Sin hacer ruido para no despertar a nadie llegué a la cocina, encendí la luz y vi una nota en la mesa: “Nena, son las cinco, nos hemos ido a dar una vuelta y no te quisimos despertar. Volvemos luego. Papá y mamá”.

Eran las siete y media, sí… Pero de la tarde… Había dormido 16 horas del tirón.

Siempre dicen que la primera vez que consigues una cosa es la más difícil. Una vez conseguí salir de noche, ya me dejaron irme más veces. Volviendo a casa a las tres, a las cuatro, saliendo una noche cada dos semanas, una noche cada semana, y ya, cuando me daba la gana.

Me tuve que acostumbrar a salir sola porque Montse no podía salir tanto como yo. Sus padres ponían la excusa de las notas. Vaya tontería. Pero como ya tenía buena relación con Rafa y conocía a gente de tanto ir, cuando quería bailar siempre había algún conocido para hablar.

Hice buenos amigos, conocí a un francés muy simpático, Freddie. Perdimos el contacto con los años, no sé qué será de él.

Durante tres o cuatro años, se mezclan los recuerdos de verano entre Barçalles, la playa, Fibra Óptica y la pista de hielo del Barça.

Patinando conocí a la primera tía que odié a muerte, porque la vi liarse delante mío con mi –lo que pensábamos era mi- novio (ya ves tú, con quince años, lo que puede tener ese calificativo de importante). Me repateó lo indecible. Me cogí un mosqueo tal que me puse a gritarle por toda la pista del Skating.

Lo recuerdo como si fuera ayer… Fíjate que simpleza la de los hombres. Le dice la chica a Marc: “¿Hacemos una mariscada? Yo pongo la almeja y tu la cigala”. Con quince años… Pero como se puede ser tan… En fin. Yo pensé que se quedaba ahí la cosa, hasta que bajé a por mis cosas para irme de la pista… Y me los veo ahí cual caracoles soltando baba.

Tardé tres años en humillarla y vengarme de ella. La venganza es un plato que se sirve frío. Soy muy rencorosa y nunca olvido. Puedo “hacer ver que”, pero en el fondo no perdono.

Después de verla humillada, por todos, además, me entró un sentimiento de pena por ella.

Era la típica chica rellenita que demostraba que era alguien en función de los chicos con los que se había liado.

Lo que me hizo abrir los ojos fue que los mismos chicos con los que se había liado, con los que estábamos tomando algo antes de entrara a bailar, se pusieron a meterse con ella, llamándola de todo a sus espaldas porque no estaba. Y cómo se reían… Y la llamaban vaca… Y una, que escucha a todo el mundo… Pues que me salió del alma llamarlos falsos de mierda. Sí, sí, mucha vaca, pero bien que al menos 4 de los presentes se la habían beneficiado.

Qué falsa que es la gente, en serio. Entonces aprendí algo más de los hombres (su lado oscuro), y también a vigilar, porque a saber qué dicen de ti cuando no estás.

Durante los años que nos duró la fiebre del sábado noche, nos íbamos Montse, Kary y yo a esos sitios, y también a Apokalipse y Gran Velvet. Ahora la primera ya no sé como se llama, y la segunda cerró hace tiempo.

En aquel momento estaban inaugurando la Vila Olímpica con todos sus bares musicales. Entonces nos mudamos a la zona del puerto y estábamos allí casi siempre.

Entre baile y baile fuimos madurando.

Yo entré en la universidad, Montse se fue a Estados Unidos y Kary se fue a vivir a Madrid.

Nos estabilizamos, y dejamos de bailar tanto. Hicimos nuevos amigos, cada una en su entorno.

Obviamente, un poquito nos distanciamos.

Entramos en la vida real, empezamos a trabajar, y cerraron Barçalles.

Abrieron más discotecas, claro, pero ya no era lo mismo porque no estaba la misma gente, y nosotras habíamos crecido.

Todas las cosas tienen su momento, y al final todas se vuelven recuerdos.

12 comentarios:

Rhaegar dijo...

Escribo (lo prometido es deuda).

No se, me ha dado nostalgia leerte. Me ha recordado la primera vez que pisé una discoteque de esas para la chavalería. Se llamaba Garden, en Deusto, en Bilbo. Entrabas a las 7 de la tarde y salías a las 11. Eran sólo 4 horas, pero se convertían en una aventura. La primera vez que entré me dió una vergúenza terrible bailar ese dance pegadizo que ponían. Anda que no me costó soltarme. Luego pierdes el pudor (jeje, a veces hasta la dignidad).

Luego nos pasamos al Anaconda, una discoteca clásica de Barakaldo. Tenía (y no sé si sigue teniendo) unos telefonillos para llamar a las mesas en las que veías buenas mozas. Era muy efectista, pero poco efectivo, creo yo.

Fueron años y años en esa discoteca serpentil, hasta que un día desubrí que podía quitarme unos zapatones y una camisa Rottweiller, salir por pubs pachangueros y seguir siendo feliz.

Y el mundo sigue desde entonces.

Ysondra dijo...

Hola, Rhaegar, encantada de leerte por esta, mi casa ^^

Yo tengo pendiente ir a Bilbo uno de estos días que me dijeron que por ahi se sale bien de fiesta =)

Y cuando bailas, no hay dignidad que valga, a mi que me lo cuenten xD =)

Un beso, y pasa cuando quieras por aquí =)

Jon Nieve dijo...

Jeje vaya historietas. Aunque lo que más me ha gustado ha sido la frase final: "Todas las cosas tienen su momento, y al final todas se vuelven recuerdos." wow!

Yo no recuerdo cómo empecé a salir.. pero sí de muchísimos momentos, buenos y malos, vividos en la noche.

Y hoy resulta que tengo un resfriado de la ostia :_

bcswlf

Ysondra dijo...

Ay Jon xD

Pobre... Yo creo que ando por resfriarme...

En fin... Vaya día.

Alexbcn dijo...

Hola, Ysondra

me ha gustado mucho tus comentarios sobre tu "juventud"... y lo digo así porque tal como lo explicas parece que ya tu vida sea todo un recuerdo; que tengas 80 años. La adolescencia es una edad muy intensa que viene de golpe dando trompazos, y se va poco a poco, a base de ir exprimiendo el dia, la noche y todo lo que te envuelve. Y luego... ahora... pues es otra cosa! Con otros incentivos, otras vivencias, otros cartuchos para quemar!
En fín, la verdad es que a veces nos invade la nostalgia y es inevitable echar una miradita hacia atras...que no es malo.
Yo creo que para saber quien eres no hay que olvidarse de donde vienes. No crees?

Un saludo!!!

PD1.- Apocalypse cambió de nombre varias veces hasta hace poco que la cerraron definitivamente.

PD2.- Visitanos al foro de www.barcalles.tk; encontraras más gente con sus propias experiencias i otras cositas para esos flashbacks... (no hay colonias).

Ysondra dijo...

Qué sorpresa la web...

Qué recuerdos...

¿Cómo me encontraste?

TRaNSoN dijo...

Escribes MUY bien. Y te aseguro que NO encuentro fácilmente gente con ese talento para narrar sus propias vivencias de forma que enreden al lector en ellas.

Me has recordado a un personaje de la novela que estoy escribiendo... ji ji ji, voy a seguir mirando tu blog: a lo mejor ha sido una ilusión y son imaginaciones mías, pero la primera impresión buena perdurará ahí.

¡Un saludo!

Ysondra dijo...

Buenos días,

Muy posiblemente hayas errado en tus conclusiones, viendo la hora tan intempestuosa a la que me leíste xD

No obstante, tengo mis días buenos y mis días malos, como todo el mundo. Pero sigo en ello xD

Me alegro que te hayas entretenido.

Saludos.

Lampidia dijo...

Ostras!!!!
Me ha ENCANTADO. Yo nunca escribo "públicamente" sobre recuerdos tan directos, con tanto detalle, de esa manera tan natural como has hecho tú. He aterrizado aquí buscando info sobre Barçalles y tengo 31 años pero tantos de tus recuerdos me parecen los míos... Es bonito ver que hay otras personas con vivencias y recuerdos parecidos de lugares que formaron parte ya de nuestras vidas. Yo no conocí Studio fíjate tú, y mis primas siempre iban... ¡¡¡Tomaré nota de tu web y seguiré leyendo!!!
Besotesss de una tocaya "Barçallera"
PD. Y por tu perfil, veo que tenemos aficiones parecidas. Saludos!!!!

Ysondra dijo...

Hola ^^

Gracias por el comment ^^

Ya te dejé un saludo en tu blog =) Sí, creo que tenemos bastantes aficiones comunes... No hay más que ver tu avatar de Yotsuba xD =)

Los años de bailoteo en Barçalles fueron de los mejores ^^ Sé que alguna vez han hecho sesiones remember, pero no he podido ir, a ver si este año tengo más suerte... Es como una reunión de exalumnos =)

Nos leemos! Un beso! ^^

ChusZ dijo...

Juas. Fibra Óptica, Studio 54, Barçalles... Qué recuerdos... :___)

(Aunque yo no habré salido ni la mitad que tú, por lo que veo). xD

Rondador dijo...

Ysondra, me he quedado flipado. Leyendote parece que describas mi juventud, lugares, situaciones y sensaciones, todo lo que detallas parece sacado integramente de mis experiencias.
Parece que hemos disfrutado de vidas muy parecidas...XD