1/20/2010

LIBRO - "La física de lo imposible", Michio Kaku

Lo que más adoro de mis amigos es que tienen (por lo menos) una gran zona de su cuerpo muy en forma y genialmente trabajada, y esta es: el cerebro. Esto es objeto de deleite cotidiano cada vez que nos encontramos, y hace que me lo pase genial con ellos.

Por ejemplo, recuerdo un viernes que fuimos a cernar a un bar, donde hacen por cierto uno de los coulants de chocolate más ricos que he probado, y donde las croquetas son un vicio.

Normalmente somos unos cuatro o seis picoteando, así que se pueden generar dos o tres conversaciones paralelas. Tampoco es que las mesas sean muy grandes, pero si algo caracteriza a los españoles, es ese afán por que su voz sea escuchada por encima de la de los demás xD Es incríble ver cómo intentan comunicarse las personas de una punta a otra de la mesa, mientras los de en medio hablan de lo suyo.

No recuerdo cómo acabamos hablando del tema, creo que estábamos teorizando sobre súperheroes, y eso derivó en el libro "La física de los superheroes", y también teorizando sobre las ventajas del teletransporte y frikadas del estilo (esta última cuestión, junto con si es mejor una cápsula hioipoi o el teletransporte, es un recurrente habitual xD).

Entonces salió a colación que, ojito al teletransporte, que estaba clasificado como imposibilidad de grado I. ¿Perdón?

Resulta que Ibai se había leído un libro que se llamaba "La física de lo imposible" que separaba en tres grupos cuestiones que hoy consideramos como ciencia ficción, según podrían llegar a ser posibles dentro de este siglo o el siguiente, las que no serán posibles hasta medio plazo, y las últimas en las que la humanidad tiene que hacer un recorrido inmenso para mejorar su tecnología.

Se tratan en el libro cuestiones como: invisibilidad, teletransporte, campos de fuerza, láseres, robots, inteligencia artificial, viajes en el tiempo y el espacio, universos paralelos, etc.

Aunque para un profano, o alguien con poca imaginación, o con una visión muy clásica de la vida, esto puede ser una locura, aporta teorías y ejemplos de experimentos y proyectos en los que se está trabajando en la actualidad para conseguir quizás en el futuro un efecto deseable, parecido a lo que ahora soo sale en los tebeos o las pelis de ciencia ficción.

Para mí ha sido un libro interesantísimo, me ha abierto la mente a unas cuantas ideas nuevas, y me ha despertado muchísimo la curiosidad. De hecho, ahora estoy leyendo otro libro de Michio Kaku, que me ha prestado Ibai también, que se llama "Universos Paralelos".

Seguro que lo voy a disfrutar tanto como su predecesor =) Animo a los que se atrevan a leerlo, es impresionante ^^

Para quien quiera saber más sobre Michio Kaku

Página oficial de Michio Kaku (inglés)

Wikipedia

También tiene podcasts descargables para el Iphone o el Ipod =)

LIBRO - "El mundo sumergido", J.G. Ballard

Una de las cosas que tiene pasearse tan continuamente por según qué secciones de Fnac es que acabas conociendo a los dependientes, como ya he dicho más de una vez.

En una de las excursiones de la semana pasada, Rafa me preguntó si había leído algo de J.G. Ballard. La verdad es que como estoy abriéndome paso entre todo ese cúmulo de títulos desconocidos, no me había topado con ningún libro de ese autor. Obviamente, también desconocía que se han hecho adaptaciones al cine de algunas obras, como "El imperio del Sol", de la mano de Spielberg.

La primera cosa que me dijo Rafa fue: escribe cosas bastante raras. Pero le encantaba el autor, y como siempre estamos intercambiando títulos, pensé en darle una oportunidad, y rebuscando en la sección den autor me encontré con el libro que nos ocupa.

La verdad es que me ha parecido raro de cojones y poco concluyente. En sí la historia es sencilla: mundo postapocalíptico, en el que el eje de la Tierra se ha visto trastocado, los polos han empezado a derretirse y el mundo ha quedado anegado en agua. La inmensa mayoría de ciudades son escombros bajo las aguas, excepto unas pocas.

La humanidad se ha ido retirando hacia los polos, y el libro se inicia con una expedición de militares y científicos, que acuerda replegarse hacia el norte ya que se van acercando desde el sur las lluvias que no harán más que empeorar la situación.

Curiosamente la gente empieza a soñar con el período cretácico, y tienen la sensación de recordar la jungla que ven a su alrededor. Confieso que aquí me perdí un poco y tuve que releer alguna página.

Me quedó la sensación de que no pasaba nada en el libro. Es la historia del personaje principal, con algunos complementos, y no tiene apenas acción. Creo que el problema de que no lo haya disfrutado por completo es que esperaba que pasara "algo", cuando en realidad al acabar la historia te das cuenta que lo que importa es la reacción de la gente en esas circunstancias.

Me recuerda a cuando vi la serie esa del Gran Hermano zombie: aun estoy esperando que me expliquen porqué aparecieron (aunque según me dijeron los amigos, nunca se suele comentar, simplemente están ahí y lo que importa es el "drama" humano).

Supongo que me pasó algo así, porque al finalizar la historia me quedé pensando "¿Y ya está?". Aunque bueno, tampoco es que tuviera muchos desenlaces posibles, desde luego.

Voy a intentar echarle un ojo a "Noches de cocaína", a ver qué tal, porque pululan críticas por ahí que me llevan a pensar que tal vez esta elección como toma de contacto no ha sido la más adecuada.

Wikipedia J.G. Ballard

1/14/2010

Cocinando con Yson - Tarta de Yoshi

Pues...

La cosa es que hace poco fue el cumpleaños de Meri, y se me dio por hacerle un regalo especial... Una tarta de Yoshi xD

He aquí el resultado de mi primer experimento de decoración con merengue xD

Al menos se reconoce al muñeco, que ya es algo xD *^^*

La cosa va de negros.

Esto es lo que puede pasarle a (casi) cualquiera un buen sábado por la mañana.

Bueno, primero y principal. Esto es una vivencia real y aviso (para las mentes pervertidas que pueda estar trajinando excentricidades varias) que muy probablemente no tiene nada que ver con lo que os podéis estar imaginando a priori.

Además, tengo algunas cuestiones que alegar en mi defensa, a saber:

- Apenas había dormido cinco horas en dos días. La noche del jueves al viernes no había dormido porque me fui de fiesta con una rubia espectacular (probablemente, la mujer de mi vida xD), y acabamos en su casa (cada uno imagine lo que guste xD). La noche del viernes al sábado no dormí demasiado, en parte por culpa de la Xbox.

- Mi metabolismo es lento procesando el alcohol, así que el sábado aun estaba (probablemente) trabajando con el alcohol ingerido en la farra del jueves.

- Era MUY temprano (cualquier hora antes de las dos de la tarde, es demasiado temprano >>siempre<<).

- No distingo bien un negro de otro, me parecen todos iguales, a los hechos me remito. ¿Qué pasa? Los hombres no distinguen el rosa del fucsia, y bien que los diferencio yo.

El tema es que cuando llegan navidades, hay cantidades de cosas que desaparecen de las tiendas por arte de magia, sin saber exactamente cómo. Por ejemplo, te acercas hoy al Fnac, hay quince ejemplares de "El Juego de Ender", y vas mañana y no queda ni uno.

Amazing.

Entonces, tienes varias opciones: a) te resignas, b) persigues al primer tipo que veas con el libro en las manos, para arrancárselo (vivo o muerto, qué más da), c) recurres al móvil y a los teléfonos de emergencia.

Yo opté por recurrir a la opción C. ¿Y qué son los teléfonos de emergencia? Pues los teléfonos de emergencia son una excelente selección de tiendas cualificadas, expertas en primeros auxilios frikis, donde puedes encontrar los remedios más específicos (aunque a veces, extremadamente caros xD ¬¬). Mis teléfonos de urgencia son: Gigamesh, Kaburi, Norma, Game, y Fnac.

Cuando tienes un antojo, y entra dentro de los cánones normales, puedes solucionarlo cruzando la Diagonal, y comprando en Fnac (que es lo que hago yo aproximadamente cinco veces a la semana). Cuando tienes un antojo sibarita -o no sabes dónde encontrar algo-, te vas a Gigamesh, llueva, truene, nieve y caiga el diluvio universal mientras Eolo remueve tifones por la ciudad.

Así que nada, como no quedaban ejemplares de "El juego de Ender" ni "Maestro Cantor", llamé a Gigamesh, donde Ramón salvó mi alma de la condena eterna y conseguí los regalos de navidad de mi padre y un amigo.

Ahora vivo a cuarenta y cinco minutos en tren de Barcelona. Lo llevo muy bien entre semana. Pero bajar un finde, madrugando para comprar... Es duro. Muy duro. Aunque la causa es buena.

Me levanto pues el sábado a las ocho. OMFG ¡a las ocho!, que no están despiertos ni mis gatos. Me voy a la ducha, porque tengo que sacarme las telarañas que cierran mis ojos, despejarme, y ver si me despierto de una vez. Cuando considero que estoy lo suficientemente aseada, me acicalo y me intento arreglar los pelos. Y digo intento, porque ya a estas alturas, que le jodan al secador, el pelo al viento.

Voy a por un café, y en esas suena mi teléfono. ¡Aleluya! ¡Mis colegas bajan de compras a Barcelona también, y me bajan en coche! ¡Yupi!

En realidad también tenía que ir al PC City a devolver un netbook que me compré en un acceso de compra compulsiva, pero bueno, me dicen estos que si solo (única y exclusivamente, palabrita de la buena, y te lo juro por Snoopy) voy a recoger libros y no voy a curiosear por la tienda (bajo ningún concepto), porque me lío el rato padre, me esperan aparcados en doble fila, y me dejan después cerca del PC City.

Y entre charlas, risas y música progresiva (parece mentira que haya diferentes clases de metal o jevi o como carajo se llame), llegamos a Barcelona, y más concretamente, paramos delante de la tienda de Alejo.

Así que, ahí voy yo, saliendo por la puerta de la derecha y exponiendo mi cuerpo a una muerte (casi) segura al atravesar Ronda Sant Pere a la carrera, entro en la tienda y le digo a Antonio que venía a recoger mis libros.

En estas que me dice: “¿Te gusta Narnia?” Y yo respondo, “Sí, pero no me líes que ya o puedo gastar más por este mes porque…”. Me parece escuchar que dice algo que está bien de precio y atino a oír “…eve noventa y cinco”.

Y pensé, deben ser veintinueve noventa y cinco y tal, y le digo que hombre, está guay pero ya lo tengo en inglés y… Y claro, me dice: “Es que por diez euros, está tirado”. Coño… Diez euros… Ya no me va de ahí…Y me lo llevo junto al resto de la pesca que incluye un libro para mi hermano (“Fundación e Imperio”, que para una vez que el niño sale de la consola y quiere leer algo y lo pide, hay que conseguirlo xD).

Salgo de la tienda más feliz que unas castañuelas, pensando en qué compra más guay que he hecho y en explicárselo a Ibai y Pablo nada más llegue. Vuelvo a mirar en la bolsa (es curioso que siempre miras y remiras la bolsa de la compra, como para asegurarte de que las cosas no se han fugado). Joer, ¡qué buena compra que he hecho!

Por allá diviso el coche de Ibai aparcado en segunda fila (no he tardado tanto, digo yo), y por una vez decido realiza una acción prudente, esto es: entrar por la puerta de la derecha por donde los autobuses y el resto de coches no circulan y no me atropellarán.

Llego, abro la puerta, saludo –porque otra cosa no sé, pero mis padres me inculcaron buena educación- diciendo lo típico: “Nyaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!”, y me pongo a arreglar las bolsas.

A todo esto, no veo la chaqueta de Pablo por ningún lado. Miro al asiento del copiloto, que está vacío. Conclusión lógica: Pablo ha bajado a comprar. Y sigo a lo mío.

No sé porqué, algo me impulsa a mirar por encima de mi hombro izquierdo, y veo que desde el asiento del conductor asoma una cabeza (que por cierto tiene pelo corto, color miel, y de cabellera ciertamente espesa, y que no se parece en nada visto así a la de Ibai). La cabeza sigue asomando y me encuentro con una cara que… Coño… No es Ibai…

Y es justo, justo, justo, en ese precisísimo y concisísimo instante que me doy cuenta que (¡FUCK!) me he equivocado de coche.

El tío que me está mirando (edad aproximada 24 años), lleva una cara de desconcierto. No entiendo porqué, a fin de cuentas no es tan extraordinario que alguien entre en tu coche, arregle sus bolsas, después de decir “NYAAAAAAAAAAAAAA”, y siga a su bola.

Hago lo que cualquier persona haría en una situación así: balbucear “Este no es…”, dejando la frase inacabada, mientras reculo hacia fuera con mis bolsas a rastras y busco con la mirada (disimulando, como si todo estuviera perfecto), el coche de Ibai.

Para más inri, al salir, me topo con una muchacha euroasiática que se dirige a su vez al coche del que he salido, probablemente la acompañante.

El coche de Ibai, un Megane Negro (de los viejos con el culo que es más feo que un pedo); estaba aparcado en batería justo con el Honda Civic (también de color negro, puntualicemos, que es el origen de todo el percal) del que yo salía en algo parecido a una perpendicular.

Ni que decir que los dos cabrones (que podrían haber hecho algo para impedir que me metiera en ese embrollo, pero textualmente cito: “Era muchísimo más divertido no hacer nada y observar, total, tampoco hubiera dado tiempo –risas-”), estaban despollándose a mi costa, mientras yo decía que: ¡A mí que me cuentas, el otro coche también era negro!.

La anécdota será recordada en los anales de nuestro grupo y lo contarán a sus nietos. En caso que no los deje impotentes de una patada y por ello no puedan reproducirse nunca jamás.

Ten amigos para esto…

1/13/2010

Cuando Fin de Año es un día de mierda o crónica de un Fin de Año (en tres actos) - III

Acto tercero: Mierda

Hay pocas verdades indiscutibles en el universo.

Una de estas leyes es:

“Cuando no eres fumador, y no tienes la posibilidad de echar el polvo mañanero para irte al curro con la sonrisa en los labios, la segunda mejor cosa que puedes hacer es tomarte un buen café espresso, hecho por tu cafetera ultrapija, y degustarlo mientras revisas el mail que dejaste ahí hace cuatro horas (no sea que haya pasado alguna hecatombe mientras dormías y no te hayas enterado, o que te haya tocado una lotería vía forward de esas que te mandan los colegas sin CCO)”.

Y esto, como diría un amigo mío, es así (para darle más énfasis se puede añadir “¡Copón!”).

Junto con la calefacción, que te permite salir de la cama con los mínimos exigibles de ropa (esto es: la interior), otra de las fantásticas comodidades del siglo XXI, es la cafetera automática con cápsulas. Puestos a elegir, escojamos esa delicia de café italiano que se ha puesto de moda ahora, por encima de la de toda la vida que anuncian actores en televisión.

Y bueno, ya que de mañana no se folla, pues qué menos que un buen café, digo yo. Así que vamos a ello.

Fíjate qué grande es el cerebro, que él solito empieza a introducir la ilusión del aroma del café recién hecho en tu nariz. Mientras caminas hacia la cocina, lo vas notando, ese aroma tostado, con un ligero dejo margo, lo justo, y eso te recuerda la textura sedosa y su cuerpo, con un toquecito de azúcar. Ah… Esto es vida.

El caso es que como en otras tantas cosas, encender la luz es la vuelta a la cruda realidad, donde la imaginación da paso a las más catastróficas siatuaciones: cuando te das cuenta que efectivamente ayer estabas borracho y vomitaste en medio del pasillo, cuando descubres que tienes un bulto estorbando al otro lado de la cama y no recordabas que (joder, ¿en serio?) era tan feo, etc.

Sí, amigo mío, sí. Porque al encender la luz de la cocina viste… ¡EL CHARCO!

Pero vamos a ver. Recapitulemos. Hoy no es veintiocho de diciembre, ni es martes trece, ni es viernes trece, ni ninguna otra fecha satánica que valga la pena mencionar. Entonces… ¿Qué coño hace ahí en medio ese puto charco OTRA vez?

Miras con odio hacia la lavadora. Mentalmente la amenazas con aporrearla con un martillo hasta la saciedad. En eso, un pensamiento tenebroso asalta tu mente: no me jodas que también se está lloviendo el baño de nuevo.

Corres hacia el baño, pero todo está en orden. Por prudencia, vas al recibidor y compruebas todos las palanquitas del cuadro de mandos, y todo está en su sitio. Respiras tranquilo y vuelves a por el puñetero café. Te viene a la cabeza una analogía: la del café a medias y un polvo a medias. Las dos te dejan un jodido sabor amargo en la boca y provocan un pequeño cúmulo de mala ostia.

Después de recoger otra vez el agua te vas a tu queridísimo sofá con el café en la mano, medio frío, que por cierto, ya no es para nada espumoso. Ni tele, ni pollas. Que le den al mundo, que le den a las noticias, que se joda el Año Nuevo, el fin de año, la noche vieja y su puta madre.

Quien coño te mandaría a ti invitar a los amigos a cenar en tu casa, en un alarde de buen anfitrión. Ahora tienes que ir a la oficina, llegar a casa a las tres (por gracia divina hoy la jornada es reducida), y preparar las cosas.

Entonces, de sopetón, un ruido te saca de tu ensimismamiento. Pero no es un estruendo, ni algo subido de tono. Es algo más sutil, más difícil de percibir. Incluso es rítmico, y no cesa. Es un curioso *ploc, ploc, ploc*.

¡Ay, la leche! ¿Ploc, ploc, ploc?

Eso te suena a algo conocido, y desde luego, no es un ruido que pueda hacer la lavadora. Es más bien algo como las goteras, y las fugas de agua, y cortocircuitos.

Te acercas de nuevo a la cocina, y te paras a escuchar por las paredes, con muchísima atención, aunque sin ver nada llamativo.

Hombre, desde luego no son imaginaciones tuyas, pero es obvio que por ahí pasa algo. Aunque claro, como no entiendes de fontanería, es posible que simplemente sea agua cayendo poco a poco por la tubería. Que vamos, igual es normal, solo que –por norma general- tienes cosas más interesantes que hacer en el día cuando estás en casa que comprobar cómo suena una tubería por la que pasa el agua con normalidad.

Ya estás a punto de pagar la luz cuando el *ploc, ploc, ploc* deja de escucharse. Pero en su lugar aparece un *fsssssssssssssssssssssssssss*, y te das cuenta de una cosa. *Fsssssssssssssssssssssssssss* suena como que bastante más continuo, y si quieres mi opinión, suena a más amenazante.

Vuelves a la pared que estabas observando, y claramente ahí está, por fin se deja ver esa fuga de agua viperina y traicionera que te ha estado jodiendo la existencia sin tu saberlo durante tres putos días.

Pero la amenazas zarandeando en la mano derecha el libreto del Seguro del Hogar, porque ahora vas a volver a llamar el Técnico y La Fuga se va a cagar en las bragas. Vaya que sí.

Ahora que ya te lo digo, mientras ha pasado todo esto has perdido la noción del tiempo y por si no lo recordabas, tenías que ir a la oficina. Pero no puedes irte hasta que arreglen, así que te quedas esperando al fontanero y ya llamarás a avisar que llegas tarde.

Por cierto, que en un Banco el 31 de diciembre es uno de los peores días para faltar, porque es el que se celebra anualmente como día del Apocrilipsis Mundial, en el que los duendes de las transferencias trabajan a destajo y los clientes se dan cuenta de sus más acuciantes necesidades de efectivo. Así que ármate de valor para decirle al Jefe que no vas a llegar en hora, en una jornada con 5 horas laborables y prepárate para que piense que te estás escaqueando.

El *fsssssssssssss* cada vez más insistente te saca de tus pájaras mentales, y llamas de nuevo al seguro a ver si el Técnico tardará mucho. Éste llega aproximadamente cuatro pasadas de mocho más tarde. Comprueba el baño, que está seco, y va a la cocina.

Bueno, qué decir de tu cocina.

Verás, en tu cocina se puede grabar ahora un documental. Por las junturas entre el suelo y la pared está saliendo una cantidad considerable de agua, y un geiser se ha abierto sitio en una de las paredes.

Evacuas prudentemente la caseta de arena de los gatos, su agua y su comida. De paso, los pones en cuarentena en otra zona de la casa.

En esas oyes una voz que dice: vamos a tener que empezara a romper.

¡Oh my fucking God! ¿A romper? ¿A romper qué?, te preguntas.

La pared, obviamente.

Y el fontanero empieza a picar sin piedad en la pared de tu cocina recién reformada, como un médico abriendo se paso entre carne gangrenada con la única ayuda de su fuerza de voluntad, armado de su bisturí, echando a un lado la materia inservible y purulenta que impide alcanzar una sección limpia donde poder atajar la infección.

Bueno, vale. No es lo mismo, es más peliculero, pero si lo miras comparándolo con un problema médico, en el que entras en la consulta y dices: Doctor me duele aquí, (señalando un costado del vientre) y te meten al quirófano porque es apendicitis, se parece, digo yo. A mí me vale la analogía. A tomar pro culo.

Y llegamos a la parte del diagnóstico, cuando el Técnico dice: es una obstrucción del bajante de la Comunidad.

Y digo yo, ¿qué pasa? ¿Qué Frodo ha tirado el Anillo Único por el bajante? ¿Tengo vecinos hobbit que lanzan pelos por el bajante? ¿Se atascó con panes Lenva? ¿O qué mierda?

Total, que le miras con cara de “A mí que me explicas, me has roto la pared, ahora lo arreglas, y lo dejas como nuevo”. Pasa que no sabes cómo, el fontanero ahora se parece a una especie de balrog llameante y no hay huevos de decírselo. Se ha fortificado detrás de un escudo de fuerza que dice “Problema de la comunidad” y parece que todas tus miradas malignas, tus palabras amenazadoras y hasta tus lloriqueos resbalan y no producen efecto.

Pues ahí te quedas.

Con tu agua, que ahora ya sabes que es fecal. Eso quiere decir que el mal olor que había no era de la piedra de los gatos no, es de las meadas y cagadas de los vecinos. Por cierto, que te cuestionas cómo es que sale medio claro y no es de color marrón, aunque tampoco te quejas del detalle.

Vuelves a llamar al trabajo, a comunicar que definitivamente no podrás ir hoy. Llamas al presidente de la comunidad, al vicepresidente, a los vecinos. Los dos primeros no están, y los demás no saben nada del seguro comunitario ni teléfono de emergencias.

Cuando ya estás hasta los cojones de recoger agua que no cesa de verter en la cocina, por quien sabe dónde que se está filtrando, llama el Seguro de la Comunidad, que horas más tarde (aproximadamente cinco), manda otro fontanero. Cuando oyes el tiempo que van a tardar, obviamente chillas, amenazas, entras enrage y todo el repertorio. Te advierto que no sirve de nada, porque están más acostumbrados a tratar gente estresada como tú, que tú a tratar gilipollas como ellos.

Entonces llega la fase de resignación y aprovechamiento del tiempo, que consiste en mirar el reloj, ver que son la una de la tarde, sacar cuentas del tiempo perdido, de todo lo que te queda por hacer, ir a por la compra, y empezar a preparar la cena de fin de año.

A partir de ahí todo es como una película muda absurda que pasa a cámara rápida, porque cuando llegan los operarios tú estás en la cocina, haciendo hojaldritos mientras un sutil aroma a mierda invade tus fosas nasales y se te cuela hasta lo más hondo del cerebro. Como pasa con el olor a lejía, sabes, pero más desagradable.

Mientras tanto, que sepas que tienes una catarata de agua cayendo por el baño en suitte de tu habitación, pero tranquilo achicando con una toalla aproximadamente quince minutos, lo arreglas. eso sí el parqué empapado, se lo reclamas a la comunidad, junto con tu ataque de nervios. Suerte que aprovechaste a hacer un video (que podrías colgar en Youtube) de tu visita a las nuevas cataratas de la vecindad.

Te mandan a casa un camión para que acaben con la obstrucción de la cañería, y los técnicos parecen una especie de astronautas con sus botas enormes de plástico, sus guantes que evitan calambrazos eléctricos y una manguera que ya la querría el Rocco Sifredi ese.

Pero esta parte, hay que imaginarla a cámara lenta.

Ahí tenemos a los sufridos muchachos, con su gran manguera a los pies y sujetando un enorme taladro que va a agujerear el bajante que pasa por tu pared.

Entonces, nada más practicar el agujero, empiezan a saltar en todas direcciones por la cocina cantidades industriales de tropezones con diferentes tonalidades –y hasta diferentes texturas, me atrevería a decir yo- de marrón. Grandes, y medianos y pequeños, acompañados de un líquido de tono ocre y asqueroso. Que sí, a qué engañarnos: es mierda.

Y entre todo ese mejunje que nada tenía que envidiar al café con tropezones de Austin Powers 2, saltaron cúmulos de compresas usadas y toallitas del culo y quien sabe qué mierdas (en sentido figurado, nos referimos ahora) más.

Vamos, que surgió tal cantidad de heces que podrías haber abierto tu propia sucursal de Shitbucks.

Pero, tranquilidad. No desesperes. Después de mirar el reloj compruebas que son las siete y media. Aun tienes dos horas y media para limpiarlo todo, acabar de cocinar, preparar el salón, ducharte y arreglarte.

¡Eh! ¡Ánimo! Usa tus habilidades de Flash, fijo que de esta te salvan.

Y la moraleja de todo esto es: señoras, las compresas no se tiran por el water, ni las toallitas de los bebés; señores, los condones a la papelera. Que para cuatro veces al año que follan, no hace falta que lo notemos porque nos embozan el bajante.

Moraleja dos: pórtate bien o los Reyes Magos te harán llegar mierda de verdad, y no de esa dulce y comestible.

Vaya fin de año de mierda…

Cuando Fin de Año es un día de mierda o crónica de un Fin de Año (en tres actos) - II

Acto segundo: ¿Puede haber algo más terrorífico que ver Zombieland?

¡Sí señor! Ya puedes notar la alegría del nuevo año, la emoción, los buenos deseos para todo el mundo (o lo que mierda se supone que deberías de sentir a estas alturas del año, a poco más de veinticuatro horas de Noche Vieja).

Ha sido un día de infarto en la oficina, parece que cada vez que se acaba el año llega con ello el fin del mundo. Como cuando ibas al colegio y te ponías a estudiar y a hacer los deberes en el último momento, y te abrumaba todo lo que había que hacer. De pequeño piensas que los mayores son más organizados, eficaces y eficientes que tú. Cuando creces te das cuenta que eso no cambia, pero que tienes más canas.

Afortunadamente, tu jefe te ha dejado salir un rato antes y has podido quedar con los amigos para ir al cine, a ver una película de humor: Zombieland. Claro que a ti no te gustan las películas de zombies, pero bueno, esta es de humor (o algo así, dicen). De todas formas, por dos euros con cincuenta céntimos, no se puede pedir mucho.

Que sí, que vale. Que ya sabes que deberías estar en casa precocinando y todo eso, pero, ¿Quién se puede resistir a una sesión de colegueo? ¡Te lo mereces, hombre! Y más después de tu nochecita de ayer. ¡Claro que sí! ¡Hay que procrastinar! Es lo que se lleva en la vida moderna. Total, al salir del cine, una horita en la cocina, y en esa hora habrás hecho un bizcocho, preparado la carne para el horno, un par de empanadillas y alguna torta. ¡Sesenta minutos dan para un montón!

Con una fantástica provisión de palomitas dulces y una bebida refrescante, te adentras con los amigos en la oscura garganta que es la sala de proyección. Parece que después de una tirada de agilidad y carisma, pierdes contra uno que ha llegado antes que tú y se ha apropiado del mejor asiento de toda la fila (maldito bastardo), pero te queda la tranquilidad de escoger el segundo mejor asiento.

Después de hora y media, sales con un litro más de líquido en el cuerpo, que curiosamente está buscando la forma de salir al exterior, de manera que te mueres por ir al baño, aunque ya a estas alturas prefieres que sea el tuyo. Total, estás cerca de casa.

Ah, el hogar. El descanso del guerrero. El sancta sanctorum de los grandes pensadores. El altar de exaltación de todo friki.

Sacas como puedes las llaves de su escondite. Parece mentira cómo pueden llegar a esconderse las muy cabronas dentro de un bolso, camuflándose a posta con el resto de inquilinos de la oquedad. Las metes a presión por el agujero de la cerradura. Está claro que no a la primera, porque aproximadamente el 99’95 por ciento de tus facultades están concentradas en no mearte encima. Y cuando traspasas la puerta, le das al interruptor para encender la luz…



He dicho: le das al interruptor para encender la luz…



¡Que le das el interruptor para encender la jodida luz!



Y nada. Que no hay luz.

Te asalta un pensamiento histérico: Pero, vamos a ver. ¿Cómo que no hay luz? ¡Había puta luz esta jodida mañana cuando me fui a la oficina! ¿¿¿¿ Cómo que no hay luz????

Obviamente, no hay linterna en casa. Nunca se te ocurrió pensar en comprarla. Y en todo caso, si alguna vez tuviste esa brillante (que ironía) idea, está claro que se te olvidó. A los hechos nos podemos remitir.

Aunque, no todo está perdido: Todo humano de clase media que se preste y que viva en el mundo occidentalizado tiene un artefacto en su poder. Que es casi como la navaja suiza del siglo veintiuno, porque hace de madre, de memoria, de calendario, de reloj, de alarma, de reproductor de música, vídeo, cámara de fotos y hasta consola de videojuegos (y no quiero saber qué más cosas hace). Y ahora, vas a descubrir su nuevo poder: la luz.

Ya querría Pyros (de la Hermandad de Mutantes Diabólicos) hacer luz con esta facilidad (todo el mundo sabe que necesita llevar esos ridículos tanques a la espalda).

Tu mente hace un chequeo rápido de motivos principales por los que te quedarías sin luz en casa. A saber: a) factura impagada (no es posible, estás al día), b) corte de luz en la escalera (los demás parecen tener luz), c) cortocircuito o efecto gato a la brasa (esperas que no sea esto).

Te parece recordar que existe algo a la entrada que se llama cuadro de luces, con muchos botoncitos. Porque sí, tenía MUCHOS botoncitos con sus consiguientes etiquetitas para todo. Si tuvieras un consolador eléctrico en casa que se enchufara a la corriente, no te extrañaría que en el cuadro de luces hubiera una etiqueta que pusiera “Consolador”.

Le das al que parece ser el culpable de todo y rezas por no tener gato al carbón en el piso.

Abres impaciente la puerta del pasillo, porque a todo esto se te había olvidado que tenías ganas de mear, pero después de tanta tensión, te has acordado de golpe. Compruebas que los gatos están bien, ya que los has apartado espantándolos en tu rauda travesía al lavabo (a ritmo de “fusssssssssss”, “fussssssssssssss”), y cuando llegas al baño y enciendes la luz ves que tienes… Un lago.

La verdad es que se te van las ganas de mear del susto.

Entonces pasa lo siguiente por este orden:

- Tu vejiga se tapona milagrosamente, y aguanta, aunque parecía que no daba más de sí.
- Te das la vuelta, te quedas de espaldas al baño, y vuelves a girarte, esperando que esta vez cuando mires no esté inundado (efecto “si no te miro no estás”). Está claro que al volver a mirar sigue estando empapado. No sé qué coño estabas imaginando que pasaría.
- Te cagas en todo lo que se menea.
- Y te quedas fijándote en el ruido que hace el extractor del baño (a todo esto un eco en tu cabeza dice ¿y yo me dejé encendido el extractor? ¿cuándo mierda?).

Acto seguido sucede algo increíble, y por primera vez te das cuenta de una cosa: no eres mutante. Y en todo caso, si lo fueras, está claro que tu poder no es “Aguantar el pis hasta reventar”, porque estás que no puedes más y buscando una alternativa viable (que es justo el baño que tiene al lado, aquel al que aun no has arreglado el tema de la cisterna, después de siete meses de vivir en el piso). No obstante te congratula que quizás puedes tener hiper velocidad como Flash, debido a lo raudo que has llegado al siguiente water.

No, si… Vaya fin de año estás teniendo.

Total que te acercas a la cocina a recoger el mocho. Anda, que entre la lavadora de ayer y esto de hoy….

Enciendes la luz de la cocina y te encuentras con… ¡Otro charco! Y ya estás a punto de tirarte de los pelos.

¿Pero por qué? ¿Por qué a ti? ¿Pero qué has hecho tú?

Te quedas pensando qué inundación atacas primero, ésta o el baño. Está claro que esta que es la más cercana. Recoges todo, y te vas al baño. Aproximadamente en quince minutos queda todo arreglado, pero ya no das más.

Recuerdas que sigues con la nevera y las cervezas, cava, sin aguas ni zumos y quizás solo queda un poco de Coke de la de ayer. Necesitas un chute de burbujas por las venas (si es que le queda algo de gas a eso).

Te tiras en el sofá y decides darle al vicio, encendiendo la Xbox. Un poco de realidad alternativa, por favor, gracias.

Debe ser que el sofá es la versión primitiva de lo que en siglos venideros se descubra como la máquina pensante. Acojona reconocer la cantidad de ideas brillantes te asaltan entre las mullidas profundidades de los cojines, y al calor de la manta. Así que recapacitas: ¿Cuándo dejé encendido el extractor?

Tu mente procesa en ese instante la siguiente ecuación, muy sencilla:

Agua en el baño = Humedad

Extractor encendido = Electricidad

Humedad + Electricidad = Cortocircuito Diferencial Bajado

Y en consecuencia, decides llamar al seguro del hogar.

A todo esto… ¿Pero tu has visto la hora? Son las once de la noche. Hace tres mil seiscientos segundos que deberías estar durmiendo. O mejor aun: deberías estar preparando la cena de Fin de Año para mañana, a estas alturas.

Qué grande es tu seguro. Otra cosa no (porque barato, no es) pero que responde… Responde. Viene un técnico, revisa el baño, mira la cocina (ya que está, de paso, que le eche un ojo al tema ese del agua por allí). Arregla el baño y, nada, lo de la cocina alguna tontería. No hay problema, ya está todo arreglado. Alguna pequeña fuga ocasional del vecino de arriba.

¡Qué suerte! Al menos ha sido puntual y no se te sigue inundando la casa.

Son la una de la mañana. Te quedan cinco horas de sueño, y mañana arreglar la casa, hacer la cena y todo, en seis horas.

Pero bueno, te invade la tranquilidad, porque total, hoy has descubierto que eres Flash: llegas al baño en nanosegundos. Puedes apostar a que tu recién descubierto poder mutante funciona también para limpiar y cocinar mañana.

Pero seguro, ¿eh?


Acto III

Cuando Fin de Año es un día de mierda o crónica de un Fin de Año (en tres actos) - I

Pues sí.

Cuando vas por ahí por la calle y escuchas a la gente, suele repetirse lo siguiente:

- Es un día de mierda.
- He tenido una mierda de día.
- Vaya mierda de día.
- Qué día más mierda.

Y cualquiera de sus variantes. Porque, claro, te refieres a que has tenido un día como el culo, donde todo ha salido mal, y todo huele fatal. Pero en el fondo, no deja de ser una metáfora. ¿O no?



Acto Primero: Por un día no es Santos Inocentes.

Pongamos que un día llegas a tu casa, vas a la cocina, pisas el suelo despistado, porque claro, llevas algo así como quince horas fuera de casa, has trabajado casi trece de ellas, y cuando llegas a tu hogar lo primero que quieres hacer es abrir la despensa para ver si por alguna de aquellas casualidades de la vida, los armarios han aprendido a reproducir materia comestible por sí solos (que no sea moho, gusanos o cosas del estilo, se sobreentiende, obviamente). Te invade la esperanza de que abrirás la puerta y aparecerá un jugoso solomillo a la pimienta con ricas patatas al horno recién hechas. Que para el caso, sería más lógico encontrar eso al abrir el horno, pero no hay por qué ser puntillosos.

Pongamos que, en el trayecto de unos tres metros de largo que recorres de una punta a otra de la cocina, la suela de tu calzado produce un ligero *splash* al contacto con la superficie de la cerámica y tu cerebro procesa que ese *splash* sugiere que, más que rozar la superficie lustrosa, has rozado una superficie acuosa.

Entonces blasfemas algo parecido a "mierda", "me cago en todo", "ostia puta", o cualquier improperio del estilo. Y te quedas mirando anonadado el charco de agua (¿qué coño hace eso ahí, si cuando me fui esta mañana no estaba?) que decora el suelo de la cocina, con el rastro de cal y quien sabe qué más porquerías diluidas que se han evaporado con el calor de la calefacción, dejando un deleznable y abstracto cuadro en tonos blancos.

Curiosamente, te quedas mirando un buen rato, lo suficiente como para seguir con la vista el rastro y determinar que (maldita sea), ya se te ha jodido la lavadora que pierde agua. Y (me cago en la puta) tenía que pasar en invierno, claro. Afortunadamente, no en fin de semana, pero sí de noche.

Tomas una seria determinación: a tomar por culo, que le den a todo, que tengo hambre. Coges el mocho, recoges el agua y abres el armario que –obviamente- no ha generado el entrecot. Aun así, sobreviven algunas galletas, y recuerdas que quedan aceitunas gazpacha en la nevera y algo de Cocacola (que empieza a perder el gas).

Recuerdas con nostalgia aquellos maravillosos tiempos en los que eras exigente, cuando -¿qué carajo?- la Cocacola SIEMPRE tenía gas, porque tenías tiempo para hacer la compra, y antes caliente fuera de la nevera, que con hielo y sin gas. ¿Dónde se quedó esa determinación? Aproximadamente la olvidaste hará un par de horas, que es el tiempo que llevas muerto de sed, y te has dado cuenta que tampoco te acordaste de comprar agua.

Lo único que te queda en la nevera son litros de cava y champagne que llevan ahí amontonándose desde 2004, empezando por aquel Moet aquel que te regaló tu jefe para su boda; y una docena de cervezas okupas que tus colegas dejaron hace como un mes en la nevera. La vida sería más sencilla si te gustara la cerveza, pero dios… Es un asco.

Así que miras el despojo que es tu aparentemente escuálida botella de Cocacola semifría, desbravada… Vamos: hecha una mierda. Pero la miras… Con qué ojos la miras… Como si fuera la última mujer sobre la faz de la Tierra, y tu última oportunidad de pasar un buen rato.

Qué coño. Seguro que hay cosas peores que beber, a lo largo del mundo.

Te sientas en el sofá, con las tostadas de quien sabe cuándo, las olivas que abriste hace dos días y tu Cocacola sin gas. Enciendes la tele y pones las noticias. A ver: pones las noticias porque eres una persona de mundo y te gusta estar a la última, y no, no pones el fútbol (pues porque no, y punto).

No obstante, tu mente sigue dándole vueltas al misterio de la lavadora.

A todo esto, alguna parte de tu inconsciente cerebral (que no cerebro inconsciente, que puede dar lugar a malas interpretaciones), evoca la imagen de rastros de agua por debajo del armario más cercano a la entrada de la cocina -que está como a dos metros de la lavadora-, y que ha pasado por debajo del cacharro de la arena de los gatos. Vaya percal. Tomas nota de revisar urgentemente la lavadora (esto es: antes del mes que viene, o la semana próxima, quien sabe), y sigues viendo la tele antes de irte a dormir.

Ha sido el veintinueve de diciembre más duro de dos mil nueve. Estás seguro de ello. Básicamente porque es el único veintinueve de diciembre de dos mil nueve que has vivido este año (al que, afortunadamente, le quedan dos días).


Acto II

Acto III

Pensamientos extravagantes de mi neurona atípica: Ficción

Tengo un amigo preocupado por mi salud mental. No voy a señalar a nadie (eh, Dani? xD)

Opina que debería dejar de leer los libros que leo últimamente (básicamente scifi y divulgación xD), porque afectan a mi cabeza (complicado pensar que aun puedo estar MÁS afectada).

Meri (LET), opina que ya está bien así xD

El caso es que hoy venía leyendo en el tren "Física de lo imposible", de Michio Kaku. Ha sido una mañana de perros, he llegado tarde a la oficina porque me he dormido. Anoche me costó lo indecible conciliar el sueño gracias a la gripe y un maremoto de mocos, así que para cuando conseguí dormirme quedé eso: bien dormida xD :_

No recuerdo lo que venía pensando. Lo cual me da mucho por culo porque en ese momento que estaba leyendo sobre universos bebé, viajes en el tiempo, antimateria y antienergía y todas esas grandes revelaciones; se me antojó que era una idea cojonuda y que lástima que no tuviera un papel a mano (nota mental: volver a poner una libreta en el bolso). Cómo no la pude anotar, se me olvidó. Cosas que pasan.

El caso es que se lo estaba contando a Dani -porque hoy tengo un día de universos paralelos y "What If"-, quien no sin cierta razón, teme por mi perdición absoluta en la locura y me dice que si soy consciente que uno de los primeros síntomas de enloquecer es ir anotando las ideas extravagantes (que mejor pensar son genialidades).

A veces pasan cosas que a uno le dejan pensando estupideces. Hoy es uno de esos días que veré estupideces hasta en la sopa xD =)

Después de comentar esto, me acordé que el último día que desee tener mi libreta fue leyendo "El fin de la infancia". Iba yo camino a Barcelona en el tren de la mañana para llegar a la oficina, muy enfrascada en mi historia.

En una de esas se sienta un señor a mi derecha en el asiento contiguo. Se pone a leer. Claro: los lectores somos muy curiosos, y nos gusta saber qué está leyendo el de al lado (será por veces que no he intentado leer un periódico ajeno, el título del libro de otra persona, etc. de hecho una vez incluso vi un poli leyéndose sus informes en el tren xD Con la carpetita de la jefatura de policía y todo ahí cubriendo los papeles).

Observo que el libro es así como muy pequeño, y negro, con papel fino estilo Biblia. Pienso que debe ser una de esas ediciones de clásicos que pululan por ahí. El señor en cuestión (lo recuerdo), llevaba un maletín de Calvin Klein (con el estampado CK por todas partes), un abrigo también de marca, y en su conjunto parecía lo que se denomina comúnmente "vestido pijo".

Está súper concentrado en su lectura, y no puedo evitarlo... Me pongo a leer yo también, y me tropiez con un "S. Mateo" y un "Dios y la riqueza". Y me quedo... Ahiva...

Primer pensamiento: mira qué curioso. Aquí estamos los dos leyendo ficción. El señor un Nuevo Testamento y yo a Arthur C. Clarke.

Segundo pensamiento... Como divulgue mi primer pensamiento me van a tachar de hereje.

Tercer pensamiento: Coñe, igual en varios países del mundo me lapidarían por pensar algo así... Suerte que soy occidental y europea.

Porque claro, ya que nadie ha demostrado la existencia de un dios, es ficción (desde mi humilde punto de vista y sin querer ofender a nadie). Entonces los dos estamos leyendo libros de ficción ^^ Qué bonito =) Pasa que a ese señor no le habría gustado un pelo que le comentara lo que estaba pensando.

Entonces me asaltó el cuarto pensamiento, así como de rebote: Coñe… Alguien que va a dar una charla sobre Dios y la riqueza y tal, ¿y lleva un maletín de Calvin Klein y ropa ultrapija de marca? Y me entró la curiosidad de preguntarle qué opinaba dios de los maletines de Calvin Klein. Así que el señor, sin conocerlo de nada, me pareció hipócrita.

Eso me llevó a recapacitar sobre la edad media, no sé porqué. Quizás culpa de que hace poco leyera “La Catedral del Mar” y mi subconsciente recordó las limosnas en la puerta de la iglesia. Así que todos los ricos que leen la Biblia, en el fondo, me parecen hipócritas.

Pero bueno, decidí abstenerme de preguntar nada. Aun así, me pareció muy chocante.

Entonces sobrevino el quinto pensamiento. Si uno se casa por la iglesia, el matrimonio tiene validez a los ojos de dios porque es quien te está viendo, se supone. Y dios tiene el valor que la gente le quiere dar porque cree en el.

Así la cosa me di cuenta que yo estoy casada, y dos veces (y una de ellas además, reconfirmada xD). Porque… ¿Por qué tiene que tener más valor un matrimonio celebrado a los ojos de Cristo, por ejemplo, que de Lummen? ¿Por qué Lummen tiene menos adeptos y son los jugadores de un videojuego? ¿O que su pariente lejano, Seldar? Y me di cuenta que en cierta manera, tengo dos maridos xD

Total, que llegados a este punto, decidí seguir leyendo a Clarke, que era algo más “normal” xD

En días como estos, entiendo perfectamente que no interese que la gente lea y tenga sus propias ideas y teorías, que aunque puedan parecer excentricas o ridículas, no dejan de ser un ejercicio de la imaginación. Sin la cual, probablemente muchas cosas de las que hoy leí en “Física de lo imposible”, no se hubieran llegado a estudiar nunca.

Tengo treinta y un años. Llevo aproximadamente 28 años de contaminación literaria e ideas estrafalarias, que han hecho expandirse mi imaginación a territorios alejados por completo de mí en el tiempo y el espacio, e incluso a mundos alternativos con magos y dragones.

Es tarde para solucionarlo.

No va ya en que deje de leer estas cosas nuevas de ciencia ficción que me estoy chutando vía ocular cada día en el tren. Debería dejar de leer “cualquier cosa”. Y aun así, ya no tengo salvación, porque mi mente es muy rápida y creativa. No tengo salvación porque pienso en universos paralelos, mi imaginación desborda, mucho más que el común de la gente, y ¡por eso necesito mi libreta! Porque en algún sitio tendré que ponerlo todo cuando salga por los lindes xD =)

12/06/2009

¿Por qué es tan importante internet?

Parece mentira que hace algo más de diez años, aquello que empezó como un primer contacto que quedó abandonado en forma de una cuenta de email, fuera el preludio de una parte tan importante de mi vida.

Claro que en aquel entonces, con mis aquellos rudimentarios conocimientos del inglés, "Hotmail" me sonó bastante raro y ahí se quedó la cosa, sin utilizar. El caso es que la red quedó olvidada un año por ahí, y no fue hasta un poco más tarde que me planté a ver qué era eso de internet con más propiedad.

En los albores de mi uso de la red, tampoco tenía mi "personalidad digital" definida, así que el primer nick que me vino a la memoria fue "gato" (qué original), "Ender", y alguna vez un diminutivo de mi nombre, que usaba Montse a menudo "tam tam".

Yo no sabía nada de ese mundo de ceros y unos que flotaba en algún lugar más allá de mi cabeza. Porque a veces uno se pregunta exactamente dónde está internet. Es como cuando le hablo a los compañeros de trabajo que no se defienden con el ordenador y les digo que su backup de datos se guarda en un servidor y entonces hay que explicar esos conceptos y te quedas... Jum... Es casi como explicarles que existe el Cielo. Complicado (solo que yo puedo creer con más facilidad en la Red que en el Cielo).

Un día se aventuró por Barcelona en uno de sus viajes un velero escuela de Uruguay, el "Capitán Miranda", y conocí un chaval bastante majo con el que me lo pasé bien charlando. Pero claro, está difícil enviar cartas a los barcos, vete a saber cuándo llegan. Y me dice... "¿Tienes email?" Y pensé... Ah pues tenía una cuenta de Hotmail por ahí perdidísima (si es que aun estaba activa, cosa que yo no sabía que se podía perder). Me dejó la dirección de correo que utilizaban y yo prometí escribir.

Pero estamos hablando de un tiempo en el que internet no estaba en casa de todos, ni era de tan fácil acceso, ni era tan "barato" como ahora. Entonces los que tenían acceso eran casi siempre estudiantes de la universidad, o trabajadores de organismos oficiales o públicos, y las empresas. Los que no teníamos internet en casa nos aventurábamos a un cyber café. Tampoco existía el Easy Everything todavía en Barcelona.

Había uno de esos en la Gran Vía. Tuve que estar preguntando por ahí cómo llegar.

No tengo ni guarra de lo que yo pensaba en aquel entonces que sería un cyber café. Me esperaba algo al estilo "Tron", qué sé yo. Cuánto daño han hecho los efectos especiales a las concepciones y esperanzas del gentío de lo que la informática puede hacer por uno.

El caso es que llegué al cyber, y era eso: una cafetería con cuatro o cinco ordenadores, y estuve mareando al chaval para que me ayudara a hacerme una cuenta de mail, porque cuando me puso delante del PC sin haber accedido nunca a la red por mi misma, me sentía completamente perdida.

¿Qué esperaba que fuera internet? No tengo ni idea. Me parecía un concepto mágico, ¿no? Quiero decir, vamos a ver, yo me pongo delante de una pantalla, escribo un texto, le doy a un botón, y una persona que está a miles de kilómetros de distancia, perdido en el medio del océano, flotando sobre la superficie del mar, lee mis palabras y puede responderme. Y no es que me vaya a llegar dentro de tres meses la carta, no... Es que igual me llegaba en dos días, porque mi amigo no veía el correo cada jornada.

Desde luego, internet es magia.

Imagina por un momento el fenómeno internet en la época medieval. Era brujería fijo, que es el calificativo que servía para explicar todo aquelloinexplicable que la mente del momento no podía comprender. Lo que no se puede comprender da miedo, y hay que terminar con ello, hay que ponerle freno, antes de que se salga de madre, antes de que provoque problemas, antes de que la gente se cuestione cómo y porqué.

Parece mentira que setecientos años más tarde, la humanidad no haya aprendido nada, y haya zonas de la Tierra que aun vivan en la Edad Media. Algo que me parece tan sorprendente a mí, pero que es el día a día de muchos otros, para quienes nosotros somos lo brujos heréticos que hay que exterminar.

Es increíble que seres tan dispares convivan bajo el mismo cielo, ese cielo que también cobija ahora a internet.

He ahí mi primera experiencia como cibernauta: el envío de un mail

Pero cuando llegas a la facultad y tienes mucho tiempo libre, tienes varias opciones: o vas a clase a aguantar al profesor pelma de turno, o te vas a hacer campana al bar, o te vas a hacer campana a la playa a tomar el sol, o te encierras en la biblioteca a leer o a trastear con los ordenadores. Así que yo, obviamente, acabé en la biblioteca -mi paraíso personal-, rodeada de ordenadores y libros, como debe ser.

Porque uno se pregunta... ¿Y hace algo más internet a parte de enviar emails? Alguien me dijo que en la red podía encontrar todo lo que quisiera. ¿Qué quería yo en aquel entonces? Quería conocer gente, para conversar, para aprender, para pasar el tiempo. Y acabé en los chats. Pero no estos chats raros y modernos donde la gente habla de sexo más que de cualquier otra cosa, y donde la primera pregunta es si eres chica, y la segunda es qué ropa llevas, y a tercera es si quedamos y follamos un rato. No. Eran chats telnet de estudiantes.

Yo acabé, concretamente, en el nescafib, que era un chat de la UPC (Universidad Politécnica de Cataluña), y ahí pasé muchísimas horas conversando con el personal. Hay gente a la que me gusta recordar, y otra que prefiero que siga enterrada bajo el polvo cerebral que en algún sitio tiene que acumularse dando lugar al olvido. Y después eso nos llevó a los muds, y a los juegos online...

A la par descubrí que internet no era solo la posibilidad de mandar cartas y de chatear. También podías buscar cosas... ¿Qué cosas? Lo que tú quieras. Es el paraíso de cualquier persona curiosa, puedes buscar todo tipo de información, puedes aprender sobre cualquier tema que te de curiosidad, puedes absorver información. De hecho, hay tanta información que el peligro es perderse en su inmensidad y saturarse, con la consiguiente criba y contraste.

¿Por qué hay tanta información? Porque alguien la publica, porque alguien se molesta o se preocupa en compartirla, y en legarla. Y, ¿es ese alguien una paersona en concreta? ¿Le gestionan? ¿Le auditan? ¿Contrastan los hechos que publica de alguna manera para comprobar que son veraces? Y la respuesta es: "No" (al menos no en occidente, el mundo moderno, la tierra de brujos que merecen ser quemados por la Inquisición del mundo subdesarrollado o pasados a cuchillos como herejes que postulan blasfemias).

O sea, que si yo tengo un acceso a internet y una página web, o un blog, o un lo que sea que permita exponer mis ideas a los demás, compartirlas, ¿puedo escribir lo que me de la gana?

Y la respuesta hasta hoy era: "Sí". Y así debería seguir siendo.

Esa es la grandeza de internet, más allá del envío de un simple mail, que hasta que descubrí el CC y el CCO, lo utilizaba únicamente para comunicarme con personas puntuales cuya dirección digital que conocía de antemano.

Pero la red, está abierta veinticuatro horas al día, todos los días, incluídos los festivos, sea el año o no bisiesto. Si yo tengo un blog, o un facebook, o una web o cualquier tipo de publicación digital, mi voz tiene eco y llegará hasta ti sea la hora que sea, estés donde estés, mientras tengas un punto de acceso a internet. Y si puedes, y quieres, podrás reponderme y yo lo veré, y mientras el sitio sea de dominio público lo verán otras personas que a su vez pueden hacer eco de nuestras palabras en su voz, y las compartirán tal vez en la otra punta del mundo.

¿No es sorprendente?

¿No es maravilloso?

¿Recuerdas aquella gente, o tal vez tú lo hayas hecho por tu cuenta para ver qué pasa, que marca un billete en un bar cuando va a pagar, para comprobar si ese billete vuelve alguna vez a sus manos? Internet gira muchísimo más rápido que ese billete. Además, ese billete corre el peligro de que alguien lo guarde para coleccionarlo, o que lo tire, o que lo queme o que se extravíe de mil formas diferentes.

Sin embargo, internet está siempre allí. O eso debería. Porque cualquier persona que tenga la necesidad de comunicar y contribuir con sus pensamientos al resto de la soiedad, debería tener el derecho de hacerlo. Está claro que siempre hay un porcentaje de desviados, pero mientras no le hagas daño a nadie, tienes el derecho o deberías tenerlo, de publicar.

Ah, el peligro del concepto de "daño", tan sutil y tanto dará que hablar.

Yo hablo de daños físicos o morales, pero no son los que importan no, hoy en día los gobiernos están más preocupados de los daños económicos a las empresas y corporaciones, que de otro tipo de problemas. Porque señores, es el dinero el que mueve el mundo y si para que el dinero siga moviendo el mundo, hay que castrar a las ideas y circulen solo las pocas que están supeditadas a unos privilegiados que se asocian y reclaman todos los derechos para sí, las castramos.

Todo evoluciona. Todo lo que está vivo. Incluso la red, que aunque es digital está compuesta de millones de usuarios que como yo (y muchos con mayor acierto y ventura) escriben y publican.

Antes los contenidos eran más estáticos. Mi primera web la diseñe con el Composer de Netscape, parece que hace eones de aquello y me quedó algo bastante digno, aunque no recuerdo dónde murio mi site. Hoy en día no me atrevería a diseñar una web de nuevo, debido a la cantidad de programación que hay que utilizar para que quede algo decente y bonito como lo que tengo en la cabeza. Mis conocimientos no dan para eso.

Después descubrí las comunidades, los foros, y ahora hay páginas cuya función principal es poner gente en contacto como las redes sociales.

Asombroso el poder de convocatoria de las redes sociales.

Este post es una reacción al embrollo que nos ocupa a los internautas desde que vinieron a trastear con el "Anteproyecto de la Ley de Economía" aquí en España, que facultaría a un organismo dependiente del Ministerio de Cultura a "confiscar" una web por publicar contenido amparado por el copyright. A confiscarla, borrarla e incluso cortarte el acceso a la red. Ni siquiera lo designaría un juez, lo haría un quien-sabe-quien perteneciente a una comisión dependiente de Cultura.

Puedo entender que sea ilegal la piratería, difundir previo pago canciones y películas, pero yo también utilizo la red y sigo comprando libros y videos. No, no compro música. Porque no es algo que me motive. Tampoco tengo tendencia a descargarla, si bajo algo es muy puntual y generalmente mixes de trance de canciones que en España ni se sabe que existen.

Y si descargo una película es porque no la encuentro para comprarla, o porque es demasiado mala como para pagar por ella, o porque me da palo bajar a la tienda. Sí, sí: por vagancia.

Señores de la SGAE: ¿Quieren que compre música? ¿Quieren que compre más películas? Pues bajen los precios. Que me parece una usura lo que hay que pagar incluso por una canción que se descarga. No tengo mucha idea de a cuánto se vende una canción que se descarga de una web "oficial". Pongamos un euro. Eso quiere decir que si un CD lleva 12 canciones pago doce euros, cuando quizás en la tienda el mismo ejemplar me valdría 18. Y de ahí en más en función del packaging. De esos doce euros, ¿cuánto va a parar al autor?. A la distribuidora ni me lo planteo, porque al ser digital hay muchísimo dinero que se ahorra en el camino. Sin embargo, a pesar de ese ahorro, yo sigo pagando mi euro invariablemente.

¿Por qué no compro libros digitales? Por lo mismo. Porque si un libro me cuesta 24 euros, y lo descargo de una web, lo más que me voy a ahorrar son tal vez seis euros. ¡SEIS EUROS! Y eso que aquí estamos solventando la tala de árboles. En el camino del libro digital se han apeado: el papel, la tinta, la distribución, la venta, la bolsita de plástico en la que me lo van a poner, y el sueldo de un montón de personas. ¿Y todo eso se resume en seis euros? Aja. ¿Y los dieciocho restantes, cómo los reparten?

Internet es el "boca a boca" más grande del mundo. Yo escribo esto ahora y si fuera un top ten de leídos, mañana lo conocerían miles de personas 8que no es mi caso, pero sí el de otros tantos escritores).

Si estamos contentos, lo expresamos. Si estamos tristes, lo expresamos. Si estamos indignados, lo expresamos. Si queremos quejarnos, nos organizamos.

Y todo eso en un suspiro.

El manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales en internet", nació el 3 o 4 de diciembre de 2009, no me fijé exactamente en la fecha. Yo me anoté el viernes día 4 había unas cuarenta mil personas apuntadas antes de las caminatas propuestas para las ocho de la tarde del ese mismo viernes. Hoy son las siete de la mañana del domingo seis de diciembre, hay 131.992 personas que se han unido para reivindicar el mismo hecho. Llevo despierta desde las cinco de la madrugada, en ese momento había 131.815. Casi doscientos individuos más.

Esa es la grandeza de internet que se esparce como un virus. Mientras yo duermo, la gente comparte ideas. Mientras yo duermo, la gente se organiza y comparte ideales. Mientras yo escribo la gente también escribe y reivindica. Mientras miramos la televisión y estamos de copas, alguien tiene una nueva idea y la comparte. Esta idea puede haber dado la vuelta al mundo para cuando yo llegue de comer, y conecte el ordenador a la red.

Me niego a que me quiten este derecho a expresarme, a pensar, a compartir.

Porque a fin de cuentas, si no fuera por el "boca a boca", muchísimos libros se morirían de asco hoy en día por culpa de editores incompetentes. Por el mismo motivo, tantos otros autores habrían muerto en la misería y no habrían llegado nunca a publicar una novela. Cientos de películas habrían sido un fracaso. Y como eso, tantas otras cosas.

El "boca a boca" no es malo. Copiar no es malo. Difundir no es malo. Yo he prestado libros a amigos. Entonces, si mi libro ha sido leído veinte veces sin pagar el cánon, ¿soy una criminal, porque veinte personas han dejado de comprar por mi culpa? ¿Y los amigos que me han dejado CDs o películas? ¿Por qué nadie les da las gracias, pues debido a que compartieron conmigo una obra, yo la adquirí después también?

Solo mueren las malas ideas, y los roductos basura o mediocres.

No creo que intentar defender obstinadamente los "derechos de autor", sea motivo suficiente para cortar a nadie el acceso a la red y privarle de comunicarse y expresarse en internet.

Y si ya se ponen con esas. Pues oiga: detenga también a todos los que prestamos libros y no trabajamos en la biblioteca.

Me niego a que alguien como ellos me prive de escribir, pensar o debatir. Me niego a que me priven compartir.

Son las 7.21 am. Habrá faltas de transcripción. Las dejo para otro día, que ahora es momento café.

No te olvides:

*** Deja tu firma: Petición online.


*** Únete al grupo de Facebook: Manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales de internet"


*** ¿Tienes un blog? ¿Una web?

Haz eco de la fantástica situación de lo que puede ser internet en España en el futuro. Porque hoy se animan con "los derechos de autor" y mañana te prohiben que pienses.

Gracias.

Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en internet”

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial – un organismo dependiente del ministerio de Cultura -, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.


*** Deja tu firma: Petición online.


*** Únete al grupo de Facebook: Manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales de internet"


*** Ya escribiré otro día con ganas, pero a veces me las quitan a patadas. Qué a tiempo se me dio por volver a leer "Un mundo feliz", "Farenheit 451" y "1984".

¿Tienes un blog? ¿Una web?

Haz eco de la fantástica situación de lo que puede ser internet en España en el futuro. Porque hoy se animan con "los derechos de autor" y mañana te prohiben que pienses.

Gracias.

12/02/2009

Silencio

Ausencia de emociones, ese vacío, esa nada. Sensación de extrema quietud y calma.

Cuando los sonidos no llegan al cerebro, porque no surgen o porque los veda. No los registra.

Impresión de ficticia sosiego, impresión de alienación y desesperanza.

Mentira. Negación de todas las cosas que callo y que callas.

Sonrisa. La máscara a través de la que te miro y me miras.

Silencio. Falsa apariencia de paz, tras la cual el corazón se desgarra.

Descuida.

Este silencio no lo romperán ni mi amargo llanto, ni mis doloridas lágrimas.

12/01/2009

Quiero hablarte de amor

Quiero hablarte de amor, a ti, que no me conoces apenas, para quien soy una desconocida más en un océano repleto de voces que hablan al infinito a pesar de que nadie las escuche.

A ti, que quizás llegaste a mi orilla por error.

Quiero hablarte de amor, a ti que apenas te conozco y aun así me inspiraste desde el primer día que te vi, o a ti que no sé quien eres pero cuyas ideas me iluminan cada día.

Quiero hablarte a ti, que me has ayudado tantas veces, sin darte cuenta, o a conciencia, porque con tu apoyo superé los baches que se han ido poniendo delante de mí con el paso de los años.

Y darte las gracias por ayudarme a regurgitar la oscuridad y la amargura que me devoraban, hasta que la purga me ha permitido hablar de cariño y esperanza, sin perderme en la desgracia y el dolor.

A ti, que me escuchas y lees mis locas historias que evolucionan con cada cosa que vivo, con cada cosa que vives y me cuentas, y que yo escucho, transformo y moldeo para que sean parte de mí misma.

A ti que me enseñas, que me tienes paciencia, y que me inspiras.

Porque ya no siento rencor, y lo único que tengo ganas de hacer es escribir una bonita historia, aunque me de miedo que el resultado final no llegue a parecerse siquiera remotamente al brillante paisaje que guardaba en lo más profundo de mi alma.

A ti, que sin saberlo, te apasionaba la arqueología, quiero hablarte de amor desde ese corazón olvidado que encontraste por ventura.

LIBRO - "La noche de los tiempos", René Barjavel


Esto no es un post crítico sobre la obra, si no más bien trata sobre lo que este libro significa para mí, así que es bastante más personal de lo habitual. Pero si quieres saber más sobre la historia aquí hay un link interesante: http://es.wikipedia.org/wiki/La_noche_de_los_tiempos

Verás, siempre llega un día en la vida de todos en que nos cuestionamos cuan poco conocemos a alguien. A mí a veces me pasa con mis padres.

A veces me quedo dándole vueltas a que a pesar de la cantidad de años que llevamos juntos pero no revueltos, nunca les acabo de conocer. Tal vez ha sido en gran medida una falta de interés por mi parte. O tal vez sea algo normal, por la diferencia generacional, o el rol de cada uno en la familia.

Es posible que a más tiempo transcurre y más mayor me hago, tomando las riendas de mi vida, que se faciliten las vías de comunicación en tanto que ya no les hablo tanto como hija, si no como otro “adulto” más, cuyas ideas merecen un respeto y no están supeditadas a su escrutinio continuado, velando por mi crecimiento.

En Uruguay es muy frecuente tener dos nombres, en mi familia todo el mundo los tiene, hasta mi hermano (que se salvó de llamarse Paolo Salvatore, para llamarse Paolo Ivan, aunque mi padre también intentó que se llamara Atila… En fin…). Por eso yo me llamo Tamara Eléa. Tamara, por una bailarina de ballet ruso. Eléa por un personaje de un libro de ciencia ficción.

Uno podría pensar que con lo que me gusta devorar historias, a los veintiocho años ya habría leído la novela a la cual le debo la cuarta parte de mi nombre. Bueno sí, claro, uno podría pensar, y no habría acertado.

Es uno de esos libros que no sé porqué siempre me ha dado palo comenzar. Quizás un poco por llevar la contra, ¿no? Si tu padre te dice no metas el dedo en el enchufe, lo metes, y si te dicen no hables con Fulanito, conviertes a Fulanito en tu mejor amigo. Cosas de críos.

Pero hace dos años metí a Barjavel en mi bolso y dediqué mi tiempo a leerle, esta vez sin prejuicios, y me enamoró.

Es entonces cuando me di cuenta lo poco que conozco a mis padres, esas figuras autoritarias, que a veces te dan alegrías tantas como disgustos, que han tomado decisiones por mí en mi vida que no me han gustado un pelo, a los que he hecho felices y he preocupado tantas veces (y las que quedan).

Esas personas que se encargaron de educarme, de la mejor forma posible (bastante bien he salido, creo yo xD), y de enseñarme a pensar por mí misma, que se negaron a bautizarme en su día para dejarme elegir mañana qué religión quería, que se pelearon en el colegio porque no me obligaran a ir a catequesis, y que también se negaron en redondo a agujerearme las orejas y plantarme unos pendientes, porque según ellos era mi cuerpo y qué derecho tenían de agujerearlo sin consultarme.

Esas personas, que por las noches me leían libros y cuentos, que me obligaron a tragar cantidades industriales de comida que no me gustaba un pelo, empezando por las espinacas y terminando por los lácteos. Suerte que mi madre descubrió tarde los sesos y el hígado, afortunadamente.

Esas personas que se esforzaron tanto para que yo fuera diferente a la media, alimentando siempre mi imaginación, dándome cochecitos de carreras además de muñecas y juegos de construcción, y que –gracias a dios- jamás me intentaron vestir como si fuera un batido de fresa, con el rosa hasta las bragas.

Pero claro, eso es lo que yo conocía, junto con algunas viejas historias de Uruguay.

¿Cómo no se me ocurrió antes leer aquel libro?

Muchas veces, cuando alguien es importante para mí, me gusta saber (si es que lee, cosa muy probable, porque si no lee es difícil que esté en mi grupo nuclear de amigos) cual es su libro favorito. Porque un libro es como una pintura, siempre destila sensaciones que te hacen adentrarte más y conocer algo mejor al otro. Intentas averiguar a través de esa historia a la otra persona, intentando comprender qué es lo que le gusta de esa historia o poesía.

Y si tantas veces lo hice por un amigo, ¿por qué fui incapaz hasta tan tarde de hacerlo por mis padres?

Así que un día me planté con “La noche de los tiempos”, y no solo lo leí, lo devoré, y lo disfruté, y me emocioné, y lloré a mares. Por la historia, y por mis padres, de quienes aprendí tarde (pero más vale tarde que nunca), que una vez fueron jóvenes, idealistas y estuvieron enamorados. Porque para ponerme un nombre salido de ese libro, y de ese personaje en concreto de entre los cientos de libros que teníamos en Uruguay, había que ser joven y estar enamorado, y pensar que siempre puede haber un mundo mejor.

Solo que el mundo cambia y nos hacemos mayores, topamos con la realidad que muchas veces chafa los sueños, y provoca las separaciones, y los divorcios, y los perdones. Todas esas cosas que no entiendo. Y me pregunto quien soy yo para juzgar su historia, yo que tantas veces pensé que nunca se quisieron y descubrí a los veintiocho años, que hubo un tiempo en el que se querían con locura.

A veces lamento ser mala hija, tan desagradecida e impermeable, y haberles prestado menos atención de la que se merecían. Suerte que ahora que soy adulta, puedo hablar con ellos de otra manera, más próxima.

Y aunque no se lo he dicho en persona, les doy gracias por haberme regalado una historia tan maravillosa. Fnac también le da las gracias por contribuir indirectamente a mis aportaciones mensuales a los sueldos de los empleados de la Illa.

Tengo que hacerme con otro ejemplar de “La noche de los tiempos”, para la posteridad, y visitar por lo menos una vez al Sr. Barjavel para dejarle flores.


11/30/2009

LIBRO - "Farenheit 451", Ray Bradbury

Hace un tiempo compré un libro en Fnac para cuando tenga tiempo (que viene a ser ahora xD, creo que cada mañana me levanto dormidísima, pero dando gracias por tener el tiempo del tren para leer), de ensayos de Aldous Huxley, el autor de "Un mundo feliz".

Lo compré por el título, que rezaba así "Si mi biblioteca ardiera esta noche".

Yo creo que si mi biblioteca ardiera esta noche, directamente me planteaba el suicidio. Tantos y tantos años de reunir libros. Tantas historias que perdería y que me costaría recuperar... Afortunadamente, existe el ebook y los libros digitales, podría recopilarla de nuevo, pero en formato intangible.

La verdad es que varios meses después de adquirir el Papyre puedo decir que no, no he dejado de comprar libros en formato papel, porque el placer de tener las hojas en las manos, y pasarlas una a una con el dedo; eso, no lo suple un lector de libros digitales.

Total, que en mi línea de redescubrir los clásicos, en algún momento tenía que toparme con Bradbury.

Mi padre es bastante más fan que yo de la scifi. De hecho mi madre es más bien fantasy y mi padre es ciencia ficción. Y ahí, a caballo, nací yo. Quizás es un reto mantenerse cuerda y encefaloplana en un entorno así.

Fue mi padre el que me puso a Ender en las manos, y el que intentó que congeniara con Asimov o Niven, con poco éxito, todo sea dicho. Pero el tiempo pasa, y debe ser la madurez, o qué sé yo... Que me dedico a mirar por otros senderos.

Había oído hablar muchísimo de "Farenheit 451", pero en mi estupidez pensé que "Bah, será otro de esos libros muermo...", y jamás le dediqué mi tiempo. Hasta ayer. Y mira que es curioso, porque el garito donde pasamos los sábados noche entre copas y bailes se llama precisamente así: Farenheit 451 (que por cierto, un día le preguntaré al dueño porqué le puso ese nombre, porque una vez leída la novela, se presta a diferentes interpretaciones).

Qué carajo de interés puede tener un libro que habla de la quema de libros en el futuro... Cuán equivocada estaba.

Es un libro impresionante. Llegados a un punto crucial, puedes entender perfectamente a los personajes, y por dios que si me pasara algo así, que vinieran unos desconocidos y quemaran mis libros... En fin, no sé cómo reaccionaría (una probabilidad elevada de formas primitivas de violencia xD).

También me asombra que otros contemporáneos como "Un mundo feliz", o "1984", están muy enfocados al problema del borreguismo humano, y del pensamiento -o mejor, de la forma de atajar el pensamiento individualizado y lo peligroso de alguien que sabe pensar por sí mismo-.

Qué visionarios.

Dicho sea de paso que hoy adquirí el nuevo libro de Murakami, "El Fin del Mundo y un Despiadado País de las Maravillas". Un título prometedor, a todo esto. Pero cual no es mi sorpresa cuando se me da por leer la banda esa azul en la que se dedican a elogiar el libro que tengo entre las manos y dice lo siguiente: "Una mezcla del castillo de Kafka, la biblioteca de Borges y Gran Hermano", firmado The Village Voice.

Tócate los cojones.

La verdad es que llego a leer la cita antes y qué quieres que te diga, mis convicciones me hacen reacia a comprar un libro en el que se menciona "Gran Hermano" en la portada. Quiero pensar que es una oda a 1984. Pero bueno, no me sorprende nada en un mundo en que entrevistas a los niños y les preguntas qué quieren ser de mayores, para oír respuestas del calibre "concursante de Gran Hermano, Operación Triunfo" y lindezas varias.

¿Dónde se quedaron los niños que querían ser bomberos y astronautas y aviadores? Sepultados bajo toneladas de televisión basura, protegidos al amparo de padres subnormales con un cerebro más pequeño que una cucharilla de café.

Así que claro, uno lee ciencia ficción y le queda mal cuerpo pensando que cada vez hay menos ficción en esos libros.

Entonces llamo a mi madre y le comento que hoy empecé y terminé con "Farenheit 451", y que me gustó muchísimo, y tal pascual. Le hago mi comentario de qué similares son las preocupaciones de los tres libros que menté antes, y me dice, hombre, no hay más que ver la noticia esa del otro día de la tele.

"¿Qué noticia?", pregunto yo... "Sí, esa en que se busca gente con conexión internet y tiempo libre para vigilar las cámaras de la ciudad, y controlar a la gente en su tiempo libre".

Acabáramos.

Cualquier día me levanto por la mañana, y veré que se persigue a los heterosexuales por darse el lote en la calle o demostrar afecto, a los homosexuales por ir de la mano con alguien de su mismo sexo, a la gente en general por leer (libros no autorizados, que será cualquier cosa que difiera del magazine "Qué me dices" u otra mierda del estilo), y a los que se reunen en los parques por pensar. Eso sí a los yonkis, que se reunen para pegarse un chute y explayarse en un mundo de alucinógenos, a esos que los dejen en paz que a fin de cuentas no hacen daño a nadie. Total, no piensan.

Como diría gastón en la adaptación de "La Bella y la Bestia" de Disney, "Bella, deberías dejar de leer esos libros... Enseguida puedes formarte ideas y pensar..." (con voz de asco, quitándole el libro, tirándolo al suelo embarrado y plantando sus pies a modo de barrera para impedir que lo recojan.

Bienaventurados los ignorantes y los que no piensan, que están más cerca de a felicidad que los demás.

LIBRO - La Saga de los Heechees (I) - "Pórtico", Frederik Pohl

Bueno, después de mucho tiempo intoxicada por magos y dragones, he decidido adentrarme un poco en el mundo de la ciencia ficción, y cómo no, he arrasado la sección de bolsillo de Fnac, aprovisionándome para estos duros y fríos días.

Después de leer "Guerra de Regalos", de la saga de Ender, no sabía por dónde continuar, pero vi un libro en la estantería que me llamó la atención por el nombre "Pórtico" y me lo llevé.

Más que una acción trepidante con alienígenas or todas partes, me encontré enfrascada en una historia donde capítulo sí, capítulo no, vivías el presente del protagonista (que por cierto, está como una regadera), intercalado con su pasado en un asteroide peculiar.

Me atrapó bastante, sobretodo por la forma de narrar. A veces me recordaba a "Tropas del Espacio", cuando aparecían anuncios publicitarios, ya que por aquí y por allá durante todo el libro hay espacios separados y enmarcados donde el autor inserta una noticia, un extracto de una conversación, una sección de anuncios clasificados...

La verdad es que lo he disfrutado muchísimo, sobretodo el hecho de que cada dos por tres (en parte en torno a ello gira) el protagonista está con su psiquiatra, que es quien le ayuda a enfrentarse al pasado.

Ahora que me queda la duda de ver qué pasa con los Heechees. En este primer tomo solo tienes una fútil toma de contacto. Espero que editen pronto el segundo.

Mientras tanto, he empezado "Farenheit 451" (también he comprado la película de 1966 para verla), y preveo que mañana ese libro habrá sido finiquitado. Después intuyo que le seguirá "1984".

Estoy en fase "redescubrir" los clásicos de la scifi ^^

11/11/2009

LIBRO - "Déjame Entrar", de John Ajvide Lindqvist

A veces –y solo a veces-, Joan me hace alguna buena recomendación de película que me pueda entretener.

La verdad es que ir con Joan al cine es algo peculiar, porque él es muy cinéfilo, como Aleix. Es de esas raras y escasas personas que se quedan a ver una película hasta el final, dónde esto incluye los títulos de crédito (y no porque esperen las tomas falsas, si no porque quieren saber qué personas han participado en todo el proceso de elaboración del film).

Imagino que así como yo sé cantidad de datos estúpidos (o sabía) sobre ilustradores, guionistas, dibujantes, mangakas, escritores y tal, ellos saben muchos datos estúpidos sobre el mundo del cine. Cada uno es friki de lo suyo.

Creo que fue hace dos embarques, que me recomendó una película: “Déjame entrar”. Claro que mi última experiencia con él fue “Happy goes Lucky”… Una peli que bueno… Lo mejor que puedo decir de ella es: “rara”. Una tía soltera de treinta tacos que es profe de niños pequeños y te explica su día a día y las relaciones (extrañas) con el entorno… No sé… Yo soy del tipo de personas que ven una peli y se dedican a buscar el “por qué”, o a atiborrarse de palomitas. Es solo que Happy me descentró tanto que no pude ni embuchar el estómago de maíz. No entendía bien el trasfondo de la peli: no pasaba nada, era simplemente la vida de la tía.

Como cuando vi con leo en casa la mini serie de la tele “Dead Set” que era un gran hermano con zombies. Que de paso hay que decirlo: fue todo un logro, odio las pelis o similares de terror o parecido. Total que me pasé ahí dos días (porque lo vimos en dos jornadas), contemplando la pantalla, debajo de mi mantita de ver la tele, abrazada al peluchote de Emil (porque Emil estaba MUY interesado en ver el serial, má que yo incluso…); e intentando averiguar porqué cojones se había convertido la gente en monstruos. Total, que llegó el final y me quedé igual que al principio. Resultó que en ese tipo de cuestiones, no importa porqué aparecían los zombies, si no cómo la gente se enfrentaba a los hechos. En fin…

Así que nada, yo que soy de pelis de cocacola, gominotas y palomitas, recordando la experiencia de Happy, fui un poco escéptica a ver “Déjame entrar”.

Internet tiene un montonazo de cosas buenas. Abarcas una cantidad abrumadora de información con escasas pulsaciones sobre el teclado y/o un clic. Lo malo es que muchas veces consigues más información de la que querías, o una distorsión de lo que buscabas.

Ahí estaba yo: delante de Dios Google; y Dios Google me respondió. Resulta que era una de esas pelis basadas en novela previa… De esas cosas modernas suecas… Como lo de Millenium, vamos… Y todo el mundo ahí dale dar por culo con Millenium por aquí y por allá. Así que nada, “Déjame entrar” se esfumó de las carteleras sin que me dignara a pisar una sala de proyección.

Sin embargo, a los meses, había finiquitado los libros más urgentes de la cola de lectura y estaba hasta la moral de magos y dragones. No sé porqué, me acordé de Eduardo, otro conocido… Y le pregunté (porque tiene muy buen criterio con las letras) qué me podía recomendar –ya que su universo literario es más vasto que el mío-. Y me dijo… Millenium y “Déjame entrar”. Vaya cojones… Putos “Hombres que no amaban a las mujeres”. Así que como mi religión me prohibía comprar los libros de Larsson (por Cabezonería), compré el otro, miré la contraportada y lo dejé en la pila de libros para leer, porque una vez conocida la sinopsis no estaba muy convencida… Pero tampoco quería devolverlo, porque llegaría el día que querría pasar mi tiempo con él -siempre es muchísimo mejor leer el libro que ver la peli-.
Y el día llegó, por fin, esta semana.

De paso, aprovecho a confesar que también claudiqué y leí Millenium… Pero eso ya en detalle otro día, aunque tenía que comentarlo porque me dio la sensación al acabar hoy “Déjame Entrar” que estos nórdicos están locos. Parecen muy obsesionados con la violencia, las violaciones, los crímenes, los abusos, el mobbing, y el como-se-diga-ing que está tan de moda con los niños en el cole. Bullying o algo así creo que se llama.

Pues… Qué puedo decir del libro, sin comentar la trama ni los detalles, porque me gustaría que si alguien se lo lee, lo haga sin buscar información ni leer la sinopsis ni nada. Leer esa sinopsis te jode las setenta primeras páginas de la novela y te estropea una de las sorpresas más maravillosas de la historia.

Creo que se puede definir como un revuelto cojonudo de un montón de ideas, con muchos personajes cuyas vidas se ven entremezcladas, en parte porque sucede casi todo en el mismo barrio. Aunque en ocasiones pasan tantas cosas que puede resultar mareante.

La historia en sí es muy dura, o al menos para alguien como yo que cuando aparece un problema, llega el mago de turno, lanza bola de fuego y que le jodan al malo. No estoy acostumbrada a la crueldad del ser humano. Eso es lo novedoso para mí de este tipo de literatura “negra”. Para mí lo normal es que el malo sea un rey que se ha vuelto loco, un dios de una dimensión paralela que busca nuevos súbditos, el mago que persigue más poder del que le corresponde, el caballero depravado… Así que cuando te enfrentan a la realidad, donde los humanos se presentan como son con todo lo bueno y todo lo malo… Me abruma. Porque aquí John Ajvide Lindqvist se queda a gusto. Llegas a sentir verdadero asco por la gente y a pensar que los humanos no merecen vivir (cosa que ya pienso muchos días de por sí cuando veo las noticias).

Pero el conjunto, y cómo lo liga todo, es muy bueno, y eso puede apreciarlo incluso una profana del género como yo, con sus descripciones tediosas y su punto de morbosidad.

Supongo que tendré que darle las gracias a Joan y a Eduardo, a fin de cuentas. Tal vez hasta me animo a ver la película al final.

11/05/2009

Frozen, bitter shield

Yo era feliz, ¿sabes?

Quería permanecer allí, en la oscuridad, en el frío hielo, acunada en el silencio, alejada de las risas, escondida en el dolor y la ignorancia.

Quería seguir viviendo entre esa nada, donde todo estaba controlado, donde la vida era un tenue lamento, un llanto monótono, en ese húmedo agujero donde la felicidad no abarca, donde no llega la alegría. Ni la esperanza. Ni la luz. Ni el amor. Donde estaba sólo yo con mis tristes recuerdos cubiertos de polvo, de unos días felices tan, tan lejanos, que pertenecían a un mundo de ficción donde yo era un mero espectador.

Tan vetustos y deshilachados que los contemplaba como quien observa uno de esos souvenires congelados, réplica de un paisaje bajo miríadas de nieve y purpurina. Estaban allí: aislados, y yo vivía tan pasiva que ni sacudir esa bola me atrevía ya.

Pero tú… Tú escarbaste entre la tierra, removiste mis raíces, sacudiste el universo y me sacaste de nuevo al sol. Y brillaba tanto, quemaba tanto que creí enloquecer. Ansiaba correr. Huir de nuevo entre las sombras. No pude conseguirlo. A mi pesar estaba tan maravillada, era todo tan bello, tan perfecto, tan extático… Y el calor, el tacto, me abrumaba... Y el sonido de la risa, la armonía del paisaje, la felicidad tan vasta que escapaba por las yemas de mis dedos. Parecía que podría volar sin alas y rozar el cielo.

¿Por qué? ¿Por qué tan cruel conmigo? ¿Por qué dejaste que se derritiera mi hielo, que se revolvieran mis recuerdos? ¿Por qué permitirme recordar que la dulzura existía? ¿Por qué me enseñaste lo que era ser feliz de nuevo?

Yo te juro que ya no quería saberlo… Cuanto más para perderlo en el vendaval de un antojo. ¿Por qué? ¿Por qué me hiciste eso?

Y me arrancaste las esquirlas, robaste mi oscuridad, me expusiste a esa maldita llama para arder en un capricho y volver a tirarme de nuevo a un agujero, más profundo, más vacío, más triste y aterrador… Más oscuro y solitario. Más perverso, repleto de pesadillas que se alimentan de mis recuerdos de la felicidad que existe bajo la luz del sol.

Yo, de verdad, no quería saberlo: era feliz en mi amargura y mi obnubilada negación del calor.

10/21/2009

Relatividad

Debe ser cosa de la lluvia, el día grisáceo, y el tiempo que me tiro en el tren. Hoy me he quedado pensando en la relatividad de las cosas.

Me imagino que la locura también es relativa. Me vengo a referir, que lo que a una persona le puede parecer una locura, para otra es algo completamente lógico y normal (aunque tal vez no sea habitual).

Supongo que debe ser un poco así con todo. Imagino que hasta un asesino psicópata debe pensar similar.

Pero yo me vengo a referir a las “locuras” que no hacen daño a nadie, las cosas esas sin sentido que hace el vecino y nos deja flipados, con cara de “no me lo puedo creer, qué estás haciendo, animal de dios, yo no hubiera hecho eso ni en pintura”. Algo así.

Por ejemplo, en mi oficina, si mañana apareciera con el pelo rosa, vestida de traje negro, con piercings en la cara y maquillada como una gótica, mi jefe sin lugar a dudas pensaría que estoy loca. Y no, no estoy loca, simlemente, soy diferente a él. Habrá un grupo de personas, quizás minoritario con respecto al total de la sociedad, que pensará que soy una persona muy normal y mi jefe es un carca, o que está tarado de la cabeza.

Si mañana apareciera delante de mis amigos, rubia, con la manicura perfecta, me hubiera operado las tetas, y fuera aspecto de actriz porno, también pensaría que estoy loca.

Supongo que loco es el que hace algo que nos choca, que está bastante alejado de nuestros cánones habituales. Algo que nos deja completamente descolocados y entra en el cajón de “lo que yo no haría jamás de los jamases, ni que me pagaran”.

Hablo de ese tipo de situaciones.

Hace años, cuando jugaba en el mud, no pagaba por jugar, claro. Era gratuito. Entonces salió WoW, y me fui a jugar “de pago”. Y los colegas de aquel entonces me llamaron loca, por pagar por un juego online.

En el mismo orden de cosas, hay quien compra oro online, para que sus personajes vivan felices sin tener que farmear… Y la gente les llama locos, “Ande va el loco ese gastando pasta por monedas virtuales”. Yo, lo encuentro normal. Esa persona valora tiempo contra dinero, y gana el tiempo. Si no tiene tiempo, compra monedas online.

Alguien ha incurrido en un coste de 50 euros para poder comprar 10.000 golds para jugar.

No es lo mismo importe que coste. ¿Por qué he dicho coste? Porque una cantidad de dinero, en sí misma, no tiene nada de relativa. 50 euros son 50 euros, aquí, en Madrid y en Bilbao. Sin embargo, el concepto de coste puede hacer referencia a mis preferencias, por ejemplo.

¿Qué son 50 euros para mí? Basura. Eso es lo que son. Una puta mierda, una minucia. No me voy a morir por cincuenta euros.

Sin embargo, para otra persona, ese mismo billete puede ser un mundo, el dinero que le dé de comer durante dos semanas o un mes.

Todavía conozco un caso que puede provocarle un paro cardíaco a más de uno. El chico aquel que compró una cuenta de Warcraft por 6.000.- €, porque tenía las dos espadas legendarias de Illidan, que en su momento era todo un logro.

OMFG! Seis mil euros… Pero qué enfermo… No veas el tío, ¿no?

Pues resulta que ese chaval era el hijo de no sé qué jeque de Dubai o algo así.

Entonces, la imagen cambia radicalmente, y las cosas hasta se entienden. Seis mil euros, cuando intentas hacerte una idea de la pasta que tiene esa familia (tu cerebro va a mil por hora y no consigues visualizar una cifra que se pueda aproximar mínimamente a la realidad). Pues es que para esa persona, seis mil euros importan menos que un chicle.

Pues sí, en eso venía yo pensando esta mañana.

El otro día, Rosa me estuvo comentando un poco por encima la historia de Barcelona, cuando edificaron con el Pla Cerdà, y cómo era la ciudad por aquel entonces, cuando Gracia, y barrios alejados al centro eran pueblos. ¡Pueblos!

Pero el tiempo pasa, el transporte evoluciona, la ciudad crece, y esos pueblos quedan integrados. Ahora se llega de Plaza Cataluña a Lesseps en quince minutos. No se ha acortado la distancia, simplemente, nos movemos más rápido. Distancia es relativo. Coste es relativo.

Quizás locura es, entonces, relativa.

Pongamos que yo quiero ir al cine. Hasta ahí, todo normal. Todo el mundo tiene amigos con quienes quiere ir al cine, ¿o no? Y haces planes para el finde. Pero resulta que la persona con la que quieres ir al cine es tu colega de hace mil años de Bilbao, por ejemplo… Y le llamas para decirle “eh tío, ¿vamos el finde al cine?”. Y él te responde… “¿Cóño, estás en Bilbao?”, y tú dices… “No, pero si quieres ir al cine, me subo”. Y entonces en la línea se produce un silencio incómodo… Y te responden… “¿Pero tú estás locaaaaaaaaa?”

Y me quedo flipada.

Porque, vamos a ver que yo lo entienda: hasta hace un momento, estábamos hablando del cine, no de mi cordura, que puesto el caso, yo estoy muy cuerda (lo normal, al menos). Y la cosa de ir al cine, parecía de lo más guay. Incluso, me preguntan si estoy en la ciudad… Y si estoy en la ciudad, la idea parece interesante y hasta factible… Pero yo digo, no, no estoy, pero voy para allí si no haces nada… Y ya ese detalle me convierte en loca automáticamente.

Curioso.

Porque, entonces estamos hablando de ¿qué? ¿Que antes de ir al cine tengo que comprar un billete de tren para subir a Bilbao? Aja… Entiendo… No veo el problema. Me parece perfectamente plausible comprar el billete y destinar parte de mi finde a leer y contemplar el paisaje por la ventana y jugar con la PSP o la DS, o usar el portátil o leer en mi ebook. Ah… ¿No está ahí el problema? Ah. Que claro, para ir al cine tengo que gastarme antes 80 euros en el billete de tren. ¿Y si resulta que para mí, ochenta euros es una puta mierda, o pienso que vale la pena?

El resultado es que tengo elevadas probabilidades de quedarme sin cine, si digo la verdad y no me planto en Bilbao tan campante de sopetón. En cuyo caso, estoy loca, pero una clase de falta de cordura que la gente puede entender con más facilidad.

Una vez, conocí una persona, que me invitó a comer en París. Me preguntó si hacía algo para comer tal día, y yo dije que no. Y me dijo: te invito a comer… Y yo respondí que vale, y pregunté ¿a dónde? Y me dijo, a París. Y pensé que me vacilaba, pero no, iba completamente en serio. Y no se me ocurrió que estaba loco, si no que molaba que te cagas. Y me pareció un detallazo de puta madre. Aunque resultara que sí estaba loco, pero a su manera.

Ojalá hubiera más gente loca por el mundo, o más capacidad de relativizar.

Qué coño me importa a mí irme a otra ciudad a ver una puta película, cuando cualquier cosa que se produce dentro de España, o Europa, si me apuras mientras llegues a tiempo en un avión y valga menos de 400 euros es aceptable.

Qué coño me importa a mí algo, cuando cualquier cosa que se puede arreglar por menos de mil euros es una soberana gilipollez.

Y mañana, cuando cambie de escalón, qué coño debería importarle a nadie, que me gaste seis mil euros en una cuenta de un mmorpg.

Yo solo quiero ir al cine, y ser feliz.

Por qué es aceptable ir al cine con mi vecino, pero si me quiero ir a Bilbao ya estoy loca...

9/30/2009

Nostalgia

A veces me da la nostalgia y me quedo paseando por viejas webs, aquellas que te sorprende incluso recordar el nombre, leyendo historias de antaño. Veo nombres de amigos de los que hace tanto que no sé nada, y me sorprende que a pesar de todo sea capaz de recordar las caras sin problemas.

Son gente en la que hace muchísimo que no pienso.

Entonces, cuando recuerdo aquellos días en los que me reía tanto, o en los que rabiaba tanto, aquellos días que –de hecho- han contribuido a hacer de mí lo que soy hoy, para bien y para mal, me gustaría saber qué fue de la vida de toda esa gente.

Me gustaría volver a sentarme a una mesa, volver a escuchar las viejas batallitas, y todas las novedades que hemos acumulado.

A veces, me rodean retazos de pasado que no soy capaz de olvidar. Imagino que tampoco hace especial falta.

Pero hay días en los que me gustaría que mi mayor preocupación en la vida fuera: “oeste, holy”.

Qué será de la vida de aquella gente, que ya no me acompaña en el día a día.