12/06/2009

¿Por qué es tan importante internet?

Parece mentira que hace algo más de diez años, aquello que empezó como un primer contacto que quedó abandonado en forma de una cuenta de email, fuera el preludio de una parte tan importante de mi vida.

Claro que en aquel entonces, con mis aquellos rudimentarios conocimientos del inglés, "Hotmail" me sonó bastante raro y ahí se quedó la cosa, sin utilizar. El caso es que la red quedó olvidada un año por ahí, y no fue hasta un poco más tarde que me planté a ver qué era eso de internet con más propiedad.

En los albores de mi uso de la red, tampoco tenía mi "personalidad digital" definida, así que el primer nick que me vino a la memoria fue "gato" (qué original), "Ender", y alguna vez un diminutivo de mi nombre, que usaba Montse a menudo "tam tam".

Yo no sabía nada de ese mundo de ceros y unos que flotaba en algún lugar más allá de mi cabeza. Porque a veces uno se pregunta exactamente dónde está internet. Es como cuando le hablo a los compañeros de trabajo que no se defienden con el ordenador y les digo que su backup de datos se guarda en un servidor y entonces hay que explicar esos conceptos y te quedas... Jum... Es casi como explicarles que existe el Cielo. Complicado (solo que yo puedo creer con más facilidad en la Red que en el Cielo).

Un día se aventuró por Barcelona en uno de sus viajes un velero escuela de Uruguay, el "Capitán Miranda", y conocí un chaval bastante majo con el que me lo pasé bien charlando. Pero claro, está difícil enviar cartas a los barcos, vete a saber cuándo llegan. Y me dice... "¿Tienes email?" Y pensé... Ah pues tenía una cuenta de Hotmail por ahí perdidísima (si es que aun estaba activa, cosa que yo no sabía que se podía perder). Me dejó la dirección de correo que utilizaban y yo prometí escribir.

Pero estamos hablando de un tiempo en el que internet no estaba en casa de todos, ni era de tan fácil acceso, ni era tan "barato" como ahora. Entonces los que tenían acceso eran casi siempre estudiantes de la universidad, o trabajadores de organismos oficiales o públicos, y las empresas. Los que no teníamos internet en casa nos aventurábamos a un cyber café. Tampoco existía el Easy Everything todavía en Barcelona.

Había uno de esos en la Gran Vía. Tuve que estar preguntando por ahí cómo llegar.

No tengo ni guarra de lo que yo pensaba en aquel entonces que sería un cyber café. Me esperaba algo al estilo "Tron", qué sé yo. Cuánto daño han hecho los efectos especiales a las concepciones y esperanzas del gentío de lo que la informática puede hacer por uno.

El caso es que llegué al cyber, y era eso: una cafetería con cuatro o cinco ordenadores, y estuve mareando al chaval para que me ayudara a hacerme una cuenta de mail, porque cuando me puso delante del PC sin haber accedido nunca a la red por mi misma, me sentía completamente perdida.

¿Qué esperaba que fuera internet? No tengo ni idea. Me parecía un concepto mágico, ¿no? Quiero decir, vamos a ver, yo me pongo delante de una pantalla, escribo un texto, le doy a un botón, y una persona que está a miles de kilómetros de distancia, perdido en el medio del océano, flotando sobre la superficie del mar, lee mis palabras y puede responderme. Y no es que me vaya a llegar dentro de tres meses la carta, no... Es que igual me llegaba en dos días, porque mi amigo no veía el correo cada jornada.

Desde luego, internet es magia.

Imagina por un momento el fenómeno internet en la época medieval. Era brujería fijo, que es el calificativo que servía para explicar todo aquelloinexplicable que la mente del momento no podía comprender. Lo que no se puede comprender da miedo, y hay que terminar con ello, hay que ponerle freno, antes de que se salga de madre, antes de que provoque problemas, antes de que la gente se cuestione cómo y porqué.

Parece mentira que setecientos años más tarde, la humanidad no haya aprendido nada, y haya zonas de la Tierra que aun vivan en la Edad Media. Algo que me parece tan sorprendente a mí, pero que es el día a día de muchos otros, para quienes nosotros somos lo brujos heréticos que hay que exterminar.

Es increíble que seres tan dispares convivan bajo el mismo cielo, ese cielo que también cobija ahora a internet.

He ahí mi primera experiencia como cibernauta: el envío de un mail

Pero cuando llegas a la facultad y tienes mucho tiempo libre, tienes varias opciones: o vas a clase a aguantar al profesor pelma de turno, o te vas a hacer campana al bar, o te vas a hacer campana a la playa a tomar el sol, o te encierras en la biblioteca a leer o a trastear con los ordenadores. Así que yo, obviamente, acabé en la biblioteca -mi paraíso personal-, rodeada de ordenadores y libros, como debe ser.

Porque uno se pregunta... ¿Y hace algo más internet a parte de enviar emails? Alguien me dijo que en la red podía encontrar todo lo que quisiera. ¿Qué quería yo en aquel entonces? Quería conocer gente, para conversar, para aprender, para pasar el tiempo. Y acabé en los chats. Pero no estos chats raros y modernos donde la gente habla de sexo más que de cualquier otra cosa, y donde la primera pregunta es si eres chica, y la segunda es qué ropa llevas, y a tercera es si quedamos y follamos un rato. No. Eran chats telnet de estudiantes.

Yo acabé, concretamente, en el nescafib, que era un chat de la UPC (Universidad Politécnica de Cataluña), y ahí pasé muchísimas horas conversando con el personal. Hay gente a la que me gusta recordar, y otra que prefiero que siga enterrada bajo el polvo cerebral que en algún sitio tiene que acumularse dando lugar al olvido. Y después eso nos llevó a los muds, y a los juegos online...

A la par descubrí que internet no era solo la posibilidad de mandar cartas y de chatear. También podías buscar cosas... ¿Qué cosas? Lo que tú quieras. Es el paraíso de cualquier persona curiosa, puedes buscar todo tipo de información, puedes aprender sobre cualquier tema que te de curiosidad, puedes absorver información. De hecho, hay tanta información que el peligro es perderse en su inmensidad y saturarse, con la consiguiente criba y contraste.

¿Por qué hay tanta información? Porque alguien la publica, porque alguien se molesta o se preocupa en compartirla, y en legarla. Y, ¿es ese alguien una paersona en concreta? ¿Le gestionan? ¿Le auditan? ¿Contrastan los hechos que publica de alguna manera para comprobar que son veraces? Y la respuesta es: "No" (al menos no en occidente, el mundo moderno, la tierra de brujos que merecen ser quemados por la Inquisición del mundo subdesarrollado o pasados a cuchillos como herejes que postulan blasfemias).

O sea, que si yo tengo un acceso a internet y una página web, o un blog, o un lo que sea que permita exponer mis ideas a los demás, compartirlas, ¿puedo escribir lo que me de la gana?

Y la respuesta hasta hoy era: "Sí". Y así debería seguir siendo.

Esa es la grandeza de internet, más allá del envío de un simple mail, que hasta que descubrí el CC y el CCO, lo utilizaba únicamente para comunicarme con personas puntuales cuya dirección digital que conocía de antemano.

Pero la red, está abierta veinticuatro horas al día, todos los días, incluídos los festivos, sea el año o no bisiesto. Si yo tengo un blog, o un facebook, o una web o cualquier tipo de publicación digital, mi voz tiene eco y llegará hasta ti sea la hora que sea, estés donde estés, mientras tengas un punto de acceso a internet. Y si puedes, y quieres, podrás reponderme y yo lo veré, y mientras el sitio sea de dominio público lo verán otras personas que a su vez pueden hacer eco de nuestras palabras en su voz, y las compartirán tal vez en la otra punta del mundo.

¿No es sorprendente?

¿No es maravilloso?

¿Recuerdas aquella gente, o tal vez tú lo hayas hecho por tu cuenta para ver qué pasa, que marca un billete en un bar cuando va a pagar, para comprobar si ese billete vuelve alguna vez a sus manos? Internet gira muchísimo más rápido que ese billete. Además, ese billete corre el peligro de que alguien lo guarde para coleccionarlo, o que lo tire, o que lo queme o que se extravíe de mil formas diferentes.

Sin embargo, internet está siempre allí. O eso debería. Porque cualquier persona que tenga la necesidad de comunicar y contribuir con sus pensamientos al resto de la soiedad, debería tener el derecho de hacerlo. Está claro que siempre hay un porcentaje de desviados, pero mientras no le hagas daño a nadie, tienes el derecho o deberías tenerlo, de publicar.

Ah, el peligro del concepto de "daño", tan sutil y tanto dará que hablar.

Yo hablo de daños físicos o morales, pero no son los que importan no, hoy en día los gobiernos están más preocupados de los daños económicos a las empresas y corporaciones, que de otro tipo de problemas. Porque señores, es el dinero el que mueve el mundo y si para que el dinero siga moviendo el mundo, hay que castrar a las ideas y circulen solo las pocas que están supeditadas a unos privilegiados que se asocian y reclaman todos los derechos para sí, las castramos.

Todo evoluciona. Todo lo que está vivo. Incluso la red, que aunque es digital está compuesta de millones de usuarios que como yo (y muchos con mayor acierto y ventura) escriben y publican.

Antes los contenidos eran más estáticos. Mi primera web la diseñe con el Composer de Netscape, parece que hace eones de aquello y me quedó algo bastante digno, aunque no recuerdo dónde murio mi site. Hoy en día no me atrevería a diseñar una web de nuevo, debido a la cantidad de programación que hay que utilizar para que quede algo decente y bonito como lo que tengo en la cabeza. Mis conocimientos no dan para eso.

Después descubrí las comunidades, los foros, y ahora hay páginas cuya función principal es poner gente en contacto como las redes sociales.

Asombroso el poder de convocatoria de las redes sociales.

Este post es una reacción al embrollo que nos ocupa a los internautas desde que vinieron a trastear con el "Anteproyecto de la Ley de Economía" aquí en España, que facultaría a un organismo dependiente del Ministerio de Cultura a "confiscar" una web por publicar contenido amparado por el copyright. A confiscarla, borrarla e incluso cortarte el acceso a la red. Ni siquiera lo designaría un juez, lo haría un quien-sabe-quien perteneciente a una comisión dependiente de Cultura.

Puedo entender que sea ilegal la piratería, difundir previo pago canciones y películas, pero yo también utilizo la red y sigo comprando libros y videos. No, no compro música. Porque no es algo que me motive. Tampoco tengo tendencia a descargarla, si bajo algo es muy puntual y generalmente mixes de trance de canciones que en España ni se sabe que existen.

Y si descargo una película es porque no la encuentro para comprarla, o porque es demasiado mala como para pagar por ella, o porque me da palo bajar a la tienda. Sí, sí: por vagancia.

Señores de la SGAE: ¿Quieren que compre música? ¿Quieren que compre más películas? Pues bajen los precios. Que me parece una usura lo que hay que pagar incluso por una canción que se descarga. No tengo mucha idea de a cuánto se vende una canción que se descarga de una web "oficial". Pongamos un euro. Eso quiere decir que si un CD lleva 12 canciones pago doce euros, cuando quizás en la tienda el mismo ejemplar me valdría 18. Y de ahí en más en función del packaging. De esos doce euros, ¿cuánto va a parar al autor?. A la distribuidora ni me lo planteo, porque al ser digital hay muchísimo dinero que se ahorra en el camino. Sin embargo, a pesar de ese ahorro, yo sigo pagando mi euro invariablemente.

¿Por qué no compro libros digitales? Por lo mismo. Porque si un libro me cuesta 24 euros, y lo descargo de una web, lo más que me voy a ahorrar son tal vez seis euros. ¡SEIS EUROS! Y eso que aquí estamos solventando la tala de árboles. En el camino del libro digital se han apeado: el papel, la tinta, la distribución, la venta, la bolsita de plástico en la que me lo van a poner, y el sueldo de un montón de personas. ¿Y todo eso se resume en seis euros? Aja. ¿Y los dieciocho restantes, cómo los reparten?

Internet es el "boca a boca" más grande del mundo. Yo escribo esto ahora y si fuera un top ten de leídos, mañana lo conocerían miles de personas 8que no es mi caso, pero sí el de otros tantos escritores).

Si estamos contentos, lo expresamos. Si estamos tristes, lo expresamos. Si estamos indignados, lo expresamos. Si queremos quejarnos, nos organizamos.

Y todo eso en un suspiro.

El manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales en internet", nació el 3 o 4 de diciembre de 2009, no me fijé exactamente en la fecha. Yo me anoté el viernes día 4 había unas cuarenta mil personas apuntadas antes de las caminatas propuestas para las ocho de la tarde del ese mismo viernes. Hoy son las siete de la mañana del domingo seis de diciembre, hay 131.992 personas que se han unido para reivindicar el mismo hecho. Llevo despierta desde las cinco de la madrugada, en ese momento había 131.815. Casi doscientos individuos más.

Esa es la grandeza de internet que se esparce como un virus. Mientras yo duermo, la gente comparte ideas. Mientras yo duermo, la gente se organiza y comparte ideales. Mientras yo escribo la gente también escribe y reivindica. Mientras miramos la televisión y estamos de copas, alguien tiene una nueva idea y la comparte. Esta idea puede haber dado la vuelta al mundo para cuando yo llegue de comer, y conecte el ordenador a la red.

Me niego a que me quiten este derecho a expresarme, a pensar, a compartir.

Porque a fin de cuentas, si no fuera por el "boca a boca", muchísimos libros se morirían de asco hoy en día por culpa de editores incompetentes. Por el mismo motivo, tantos otros autores habrían muerto en la misería y no habrían llegado nunca a publicar una novela. Cientos de películas habrían sido un fracaso. Y como eso, tantas otras cosas.

El "boca a boca" no es malo. Copiar no es malo. Difundir no es malo. Yo he prestado libros a amigos. Entonces, si mi libro ha sido leído veinte veces sin pagar el cánon, ¿soy una criminal, porque veinte personas han dejado de comprar por mi culpa? ¿Y los amigos que me han dejado CDs o películas? ¿Por qué nadie les da las gracias, pues debido a que compartieron conmigo una obra, yo la adquirí después también?

Solo mueren las malas ideas, y los roductos basura o mediocres.

No creo que intentar defender obstinadamente los "derechos de autor", sea motivo suficiente para cortar a nadie el acceso a la red y privarle de comunicarse y expresarse en internet.

Y si ya se ponen con esas. Pues oiga: detenga también a todos los que prestamos libros y no trabajamos en la biblioteca.

Me niego a que alguien como ellos me prive de escribir, pensar o debatir. Me niego a que me priven compartir.

Son las 7.21 am. Habrá faltas de transcripción. Las dejo para otro día, que ahora es momento café.

No te olvides:

*** Deja tu firma: Petición online.


*** Únete al grupo de Facebook: Manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales de internet"


*** ¿Tienes un blog? ¿Una web?

Haz eco de la fantástica situación de lo que puede ser internet en España en el futuro. Porque hoy se animan con "los derechos de autor" y mañana te prohiben que pienses.

Gracias.