11/27/2007

Thalack

(c) Wizards of the Coast

Acechando entre las sombras, mil veces la mató en su cabeza, antes de clavar el certero golpe final de sus garras de adamantita retorciéndole las entrañas. Pequeña zorra… Débil humana… Tan predecible y tan, pero tan, patéticamente descuidada.

Tan frágil y confiada, que no lo vio venir…

De pie contempla a la estúpida hembra cuyos ojos aun transmiten esa mirada de incredulidad, mientras los últimos hálitos de vida escapan de su cuerpo. La estudia desde arriba: poco más que un despojo, una cosa rota. Y no reprime el escupitajo en lo que fue su inmaculada cara.

La muy puta aun tiene la desfachatez de ensuciarle sus caras botas con sangre blasfema. Descuidadamente la patea como quien aparta una piedra molesta del camino. Quiere contemplar todo el espectáculo sin perderse un mísero detalle, degustar toda su agonía y verla morir.

Zorra.

Aun en esos volátiles instantes su mano se estira inútilmente suplicando ayuda.

Lamenta que matarla sea una experiencia única e irrepetible.

Venganza y deseo bombeaban la negra sangre de sus venas, a partes iguales. Con ese empuje, no podía esperarse ningún otro resultado.

Siseos susurran dentro de su cabeza…

Bastarda.

- Ahí te pudras, elg’caress – dijo. La escupió de nuevo y dio media vuelta dejando el cadáver al amparo de los hongos.

Acechaba entre las sombras, envuelta en su piwafwi, anudado al cuello con un lazo burdo, y sin insignia de casa. La Reina Araña hace mucho que calló. No quedan sacerdotisas que adoren a Lloth. En realidad, no quedan dioses ni nadie que les pueda adorar, y si acaso hay algo en lo que creer, es el fiero filo de sus armas, imperturbables ante el paso del tiempo.

Lleva el pelo recogido, manchado de sangre y humedecido por el sudor, rastas rebeldes le caen en la cara, contrastando entre mechones cortados con el descuido de una espada rabiosa. La locura ilumina sus ojos, mientras vaga sin rumbo fijo.

Ya no queda nada.

Han pasado muchos años en las viejas cuevas de la suboscuridad, de Tzernelle’dol no quedan más que las ruinas.

Mala puta. Suerte tienes que no queda nada de magia en mí, para revivirte y matarte de infinitos modos distintos, lentamente y memorizando todas las facciones de tu cara bovina, hasta la saciedad.

Tu pecado fue respirar. Existir. Incluso nacer. El pecado estaba en tu madre que tuvo la osadía de parirte, y en tu abuela antes que ella. Y así podría remontarme hasta el último de tus ancestros. Pero aquí acaba todo, y no habrá nadie que siquiera te recuerde.

Moriste sola, como una perra.

Tu pecado fue mirar, no nacer ciega. Tener corazón, y desear lo que no era. Tener manos, y tocar lo que jamás tuviste que haber rozado…

Eso fue tu condena, y yo fui tu verdugo.

Jamás debiste cruzarte en mi camino.

Soy Thalack. En cada vistazo atrás se esfuma un poco la cordura.

Yo soy guerra. Yo soy sangre. Yo soy odio.

1 comentario:

Raza dijo...

Dios, cuanta violencia hay en el mundo hoy en día :-)

Ya casi descubres lo que se siente ser rogue... casi