7/18/2011

Las plantas

La verdad es que no le gustaban las plantas. Si las tenía en el patio de su casa fue por un mísero error, o circunstancia el destino. Había encontrado recientemente trabajo, y se había quedado sin vacaciones de verano.

Por el contrario, su madre, jubilada, se iba con las amigas por ahí dos semanas: “Cuídame las plantas un par de semanas, nene, tú que estarás en casa”, “No, no te preocupes, te las llevo a casa así no tienes que venir cada día”.

Ahí estaba él, con sus bóxers, un pitillo, los pelos de recién levantado y la barba del fin de semana, regadera en mano echando agua en las condenadas plantas.

De pronto, ese frío que recorre tu espinazo cuando te sientes observado. Ahí estaba ella: la vecina del segundo, observándole, detenidamente, las manos apoyadas sobre la barandilla, la barbilla sobre el dorso de las manos, cien por cien pura atención divertida.

Era una chica normalita, no muy alta, tal vez un poco baja para una chica. Ni muy gorda, ni muy delgada, con formas femeninas. Sus facciones estaban también en la media. Si acaso destacara algo, seguramente se quedaría con sus labios. Tenía el pelo un poco corto, justo por encima de los hombros, desfilado, y (por lo que había podido observar), lo recogía con unos clips para que no le taparan la cara. No era una belleza, pero tenía un especial atractivo cuyo origen no sabría a ciencia cierta señalar.

Únicamente coinciden al colgar la ropa, en el ascensor a veces, y al recoger la correspondencia. No hablan mucho: “Buenos días, “Buenas tardes”, Buenas noches”, lo típico. Sin embargo ahora está el tema ese de "las miradas", y ahora también el tema de las plantas: “Carai, tienes una jungla en el patio”, le dice ella. “Mi madre que se fue de vacaciones y me ha dejado con el marrón”, responde él.

Así pasan los días.

Poco antes que su madre volviese, fue a su casa a dejarle una nota: “Mamá, que me quedo con las plantas, no me hago al patio vacío ahora”. Al volver, se fue directo al patio. Está contento con la tontería del jardín, y le gusta pescarla in fraganti observándole desde el balcón, aunque no sea muy parlanchina tampoco y pocas veces entable una charla.

Cualquier día, se promete, sube y la invita a un café.
.

1 comentario:

kaerog dijo...

realmente nunca se sabe cuando y como puede haber un punto de inflexión en la vida