6/30/2009

Old habits die hard

¿Qué hace una loca como tú en un sitio como este?

Volver a casa. Eso es lo que hace.

Ahora que ya llevo un mes viviendo en el piso, y ya está todo más o menos en su sitio, menos la ropa, claro (estoy usando el viejo truco de meter todo en la lavadora e ir arreglando conforme sale limpia, para meterla en el armario); tengo algo de tiempo libre.

Tengo la rutina diaria bien establecida ya: me levanto a las seis, me arreglo, desayuno, recojo lo que he ensuciado de la cocina y la dejo toda limpia antes de ir al trabajo, saco la basura. Entonces cojo el tren, leo, llego a la oficina, trabajo y vuelta a casa en tren (leyendo cómo no), me hago la cena, reviso el mail, quizás leo o veo un capítulo de una serie o estoy en wow o similar.

Los fines de semana son para salir a bailar y morir en la pista, aunque también me tengo que hacer huecos para ver a la familia. De hecho este domingo pasado, me llevé la comida medio preparada en el bolso y fui a casa a ver a mis padres y mi hermano. Después estuvo genial porque jugué la primera partida de Arkham Horror en muchos meses, con Dereck, Meri y compañía.

Por cierto: ya soy la dueña legítima de mi primer conjunto de ladrillos. Eso de ver como te quitan un cacho de hipoteca de la nómina es una cosa rara. Después miraré en cuánto ha disminuido el capital que me han prestado xD Que será nada.

A veces es mejor no pensar, porque cuando lo haces, te das cuenta de cosas como que cuando pasen 40 años, no habré pagado el importe de mi piso, si no el importe de dos, por el tema de los intereses. El otro día eché un ojo a los intereses y es esperpéntico tomar conciencia de que lo que pagas de intereses es más del valor del piso.

Anyway...

Volviendo a lo de mi tiempo libre, que es aproximadamente una hora y media por las noches antes de ir a dormir, lo que suelo hacer es cotillear de tanto en tanto el WoW, que ahora ha pasado a ser una versión gráfica y fantástica del Msn. Vamos, que lo utilizo para ver si quedamos para cenar con la gente, o hay barbacoa, o salimos por ahí, o qué sé yo. El WoW se ha vuelto súper aburrido. Lo malo del asunto es que no tengo un juego alternativo que quiera ver. Me hago a la idea de que Diablo III tardará un par de añitos mínimo en ver la luz, y queda la esperanza de que en unos años salgo el masivo de Knights of the Old Republic y esté bien hecho. Mientras tanto a joderse.

El caso es que estaba tan aburrida que acabé en un foro pululando y encontré un nuevo proyecto de mud, y se me ocurrió preguntar. Me asignaron la traducción al castellano del manual.c xDDDDDDDDDD

¿Qué hace alguien como yo traduciendo un manual de LPC del inglés al castellano? El caso es que me hace mucha ilusión y es algo muy entretenido. Además, conforme voy traduciendo voy anotando aquellas cosas que en su día hubiera querido conocer para aprender a programar. Tengo muchos amigos que han intentado enseñarme LPC con poco éxito, pero porque a veces se olvidaban de explicarme cosas básica que eran obvias para ellos y para mí no lo eran en absoluto. Así que voy anotando todas esas gilipolleces. A la que consiga montar la web ya abriré el apartado del mud xD

Es curioso que en el mundo actual donde las tarjetas gráficas son ya de 1gb de memoria, lo que realmente me haga sentir como en casa es esa pequeña consola negra de comandos, con las líneas de texto correteando en la pantalla. Cuando veo un mud a veces tengo esa sensación de "no hay nada como el hogar".

En eso estoy ahora.

También tengo ideas que pululan por la cabeza para un par de historias. Quiero intentar escribir algo estructurado en capítulos, y que contenga más de un personaje. Veremos si lo consigo. Quiero hacer algo por el estilo. Por cierto,(y aunque es una gilipollez), el otro día me publicaron en una revista digital venezolana la historia de Estocolmo. Me hace ilusíón ver algo mío fuera del blog.

Es una suerte que cerca de casa haya un parque precioso donde ir a apoltronarse en un banco, para escribir al aire libre o leer.

Estos días hay tanto sol, que apetece mucho estar fuera de casa. Aunque si tuviera sofá a mi disposición, me podría dedicar a leer en el salón. Es increíble la cantidad de luz que hay, me gusta tanto que es la habitación en la que paso más horas cuando estoy en casa.

El tema de la lectura es... Madre mía, un dolor. Tengo tanto rato para leer, que devoro libros a una velocidad de vértigo. Antes, cuando no me tenía que privar de nada, podía estar comprando lo que quisiera sin pararme a pensar demasiado en el gasto. Ahora -y por los próximos meses hasta que me estabilice- la cosa no es tan así, y tengo que elegir muy bien lo que compro, para disfrutarlo y no lloriquear si el libro resulta un fiasco.

En las últimas tres semanas me he leído: "Harry Potter y el príncipe mestizo", "Harry Potter y las reliquias de la muerte", "Eclipse" (tercer libro de la saga de Twilight), "Breaking Dawn" (cuarto libro de la saga de Twilight). Ahora mismo estoy con "Assassin's Quest", de Robin Hobb; "Inkheart", de Cornelia Funke; pero principalmente he sido abducida por "Tamsin", de Peter Beagle.

Cómo adoro a este hombre... No me canso de leerle. Creo que hay autores a lso que les coges manía en cuanto tocas uno de sus libros, y después de haberte aburrido a muerte con una obra suya, te cuesta muchísimo darle una segunda oportunidad, o miras sus escritos con recelo. En cambio, hay otros que te ganan el corazón y esperas impaciente devorar otra obra suya. Esto es lo que me pasa con Peter Beagle.

Ayer estaba en Fnac buscando un par de libros para leer esta semana,y completar mi alimento espiritual del mes. Realmente iba derecha a comprar "El Nombre del Viento", de Patrick Rothfuss, porque Leo me habló muy bien del libro. Es muy curioso, esto de que tus amigos tienen el mismo libro que tú quieres comprar, y te lo podrían dejar perfectamente, pero existe una especie de afán de poseerlo y añadirlo a mi biblioteca, que me lleva a adquirirlo directamente. Seguramente las bibliotecas de mi colla deben ser bastante parecidas a la mía, con muchos títulos en común. Mal mirado puede parecer una pérdida de dinero, pero creo que si nos gusta el libro, ninguno de nosotros renunciará a adquirirlo simplemente porque el vecino lo tenga y te lo pueda prestar cuando queras.

Y cuando había cogido el tomo de "El nombre del viento", justo al lado lo vi... El único ejemplar de "Tamsin", solitario en toda la estantería, alejado de los demás libros de Peter Beagle que estaban en algún remoto estante. La cosa es que en Fnac están recolocando (otra vez) las secciones. A veces que te toqueteen todos los estantes es un estrés, pero bueno, como medio vivo en esa tienda, a los dos días ya me he reorientado a la perfección. Tiene su punto el volver a descubrir dónde está todo. Supongo que hace la visita a la tienda menos aburrida.

Así que me dirigí a la oficina con mis dos nuevos niños bajo el brazo, pero en el camino, sentí una cierta urgencia por leer "Tamsin". Miré el reloj, y aun me quedaba una hora antes de tener que estar en mi puesto.

Dentro de la Illa, hay una zona ajardinada con bancos. Me senté en uno y saqué a Tamsin de la bolsa. Empecé a leer con avidez, y no me decepcionó para nada. De hecho, incluso lamenté tener que volver a la oficina y dejar a Jenny y al Señor Gato encerrados en mi bolso, así que al acabar la jornada, me moría de ganas de sentarme en el tren y reencontrarme con ellos.

La semana pasada mi jefe me preguntó si no me arrepentía de haberme ido a vivir tan lejos de la oficina, pero realmente no me duele en absoluto, porque ahora tengo una hora y media dedicadas exclusivamente a la lectura. Es genial. Con el ritmo de vida que llevaba antes, muchas veces no me hacía el hueco para leer.

En definitiva, que me he vuelto una lectora compulsiva nuevamente, están renaciendo las ganas de escribir, y he vuelto al cómodo cyber-hogar que es el mud.

6/17/2009

Hambre

Tenía tanta hambre… Tanta hambre, que creía que me iba a morir.

Ya no quedaba absolutamente nada comestible.

Había agotado todas las provisiones que tenía a mi alcance, al igual que mis compañeros. Llevábamos horas despiertos, sin parar.

La sensación empeoraba con el tiempo.

Cada centímetro que el sol ascendía esplendorosamente por el cielo, parecía una burla y nos recordaba el cansancio que se filtraba en nuestros huesos.

No sólo el cansancio… También estaba el frío, esa sensación helada a pesar del día brillante y maravilloso que se mostraba ante nosotros, con el despejado cielo azul, y el exuberante verdor de los árboles que jamás alcanzaríamos a rozar desde aquí. Tan cerca, y tan lejos, en nuestra dolorosa esclavitud.

Las horas fluían en silencio, entre miradas disimuladas que nos lanzábamos los unos a los otros, deseando que en cualquier momento un poco de comida apareciera en el aire por arte de magia, algo que nos evadiera por un segundo.

Poco a poco, a los rugidos famélicos se unieron emociones poco gratas: molestia, rabia, desesperación, angustia, agresividad…

Aquellos que estaban acostumbrados al sabor del tabaco, se volvían más irascibles por segundos, ante la imposibilidad de obtener una pequeña dosis de nicotina adicional. Casi me daban lástima. Al menos, yo, tan sólo notaba que el hambre roía cada centímetro de mis entrañas. Mis manos no temblaban espasmódicamente con el hueco perfecto entre los dedos índice y corazón, donde ellos esperaban ver en cualquier momento, el menudo cilindro de papel blanco con su corona dorada.

Realmente, ¿desaparecería alguna vez este pesar?

Aunque era conscientes de que pronto llegaría el inevitable final –lo cual nos ungía de cierta felicidad y descanso-, y que de alguna manera nos sentiríamos libres aunque mañana volviera a comenzar otra vez todo de nuevo… No podía dejar de odiar el maldito aire acondicionado de la oficina, que me estaba matando, ni a la gente que paseaba más allá del cristal a cinco metros de mí disfrutando del perfecto día de primavera, ni podía dejar de maldecirme tampoco, por haberme dejado en casa el desayuno, junto al monedero.

¡Maldita sea!

6/09/2009

Me he mudado

Pues sí...

El día tres de junio dejé de ser barcelonesa para pasar a ser oficialmente una egarense más con residencia habitual en Terrassa.

Me acuerdo que el año pasado, cuando revisaba los propósitos de año nuevo y taché el "dejar de morderme las uñas" me pareció increíble. Era de esas cosas que -aunque pueda parecer estúpido- pensaba que jamás dejaría de hacer. Contra todo pronóstico, un día me levanté, me miré las manos y pensé... Joder, esto no puede continuar así. Y ya está. Ahora incluso llevo las uñas largas y una lima en el bolsillo. Acojonante.

Este año ni siquiera me digné a hacer un listado de propósitos.

En realidad tenía prácticamente todo lo que quería, y las pequeñas cosas pendientes, eran del listado de 2007. Así que no tenía muchos planes que cumplir antes de soplar las treinta y una velas en noviembre.

Pero es como se suele decir, ¿no? La vida da muchas vueltas: te cambia todo en un segundo... Y en esas me encuentro yo, que ahora vivo en Terrassa en mi propio piso, con la hipoteca a las espaldas.

La verdad es que fue todo muy rápido, como un flechazo.

Lo vi el 2 de mayo y el 21 ya estaba en mis manos. Ahora somos cuatro en la familia: los dos gatos, la hipoteca y yo. Mal mirado, si hay algo que sobrevivirá a mis felinos, va a ser la hipoteca. Increíble.

No siento nada diferente, aunque la verdad es que la idea al principio acojona mucho, pero si lo miras en frío, es casi como pagar el alquiler.

Ahora me tengo que levantar todas las mañanas a las seis, para venir a Barcelona porque sigo trabajando donde siempre. El látigo del tiempo golpea con más fuerza, y soy una nueva esclava del reloj.

Antes, si me dormía, todo se arreglaba con un taxi. Ahora no hay moral (ni bolsillo que soporte) para coger un taxi desde Terrassa a Barcelona. Pero todo es una cuestión de organización y cambiar un poco los hábitos para adecuarlos a mi nueva vida.

No han sido pocos los amigos que me han dicho que estaba loca yéndome a vivir tan lejos. La cosa es que si hubiera comprado el piso en la capital, hubiera tardado lo mismo en desplazarme hasta el trabajo. Al menos ahora vivo en un muy buen barrio de una pequeña, pero bonita y acogedora ciudad. Sigo estando en el centro del meollo, al lado de las tiendas, e incluso tengo una librería friki para los momentos de mono total.

Sin embargo, a pesar de que el centro debería ser bullicioso, comparado con Barcelona todo es más tranquilo. Tanto es así, que hoy incluso, al toparme en el bus con la caravana en el cruce Diagonal - Entenza, me quedé pensando "Es que esto allí no pasa ni en pintura", y eché de menos esa tranquilidad.

Los que lo han llevado peor han sido los gatos.

En la misma semana -y con dos días de diferencia- les tocó vacuna, revisión médica, peluquería y mudanza. Estaban de los nervios. Nunca les había visto bufarse, gruñirse, pelearse... Un estrés. Imagino que si yo estaba histérica con las setenta y cinco cajas de la mudanza en un piso de treinta y nueve metros cuadrados (teniendo en cuenta que solo lo veía de noche al volver del trabajo), ellos peor, que no podían moverse por ningún lado.

Me decidí a trasladarlos el sábado antes de la mudanza del piso, para que no tuvieran que estresarse con todos los muebles desmontados, el tráfico febril de cacharros y el vaivén de los desconocidos.

Ahora estamos los tres felices, en un piso de noventa metros, con un ventanal de cinco, y luz natural para aburrir.

Fue muy gracioso el primer fin de semana cuando se calmaron, ver a Rei caminar de una punta a la otra del ventanal, muy concentrado, mientras observaba algo en la calle. Al asomarme a su lado, me di cuenta que lo que hacía era perseguir un gorrión.

En el barrio de Barcelona del que éramos vecinos, no era una imagen habitual. De hecho ni siquiera había oído un pájaro cantar. Así que esa novedad le llamó muchísimo la atención.

Uno de los motivos por el que causó sensación la mudanza a un piso tan amplio, entre mi círculo, fue que soy la única propietaria y no voy a vivir con nadie -de forma habitual, lo que no quita invitados-. Prefiero sinceramente, vivir en un piso grande que me puede durar varios años, a uno chiquitísimo donde dentro de cinco estaré hasta la moral porque me quedé de nuevo sin espacio.

De todos modos, nunca está de más tener una habitación que puede alquilarse, por si no llegas a la mensualidad de la hipoteca, y no hay que perder tampoco de vista que aunque ahora no sea algo que me plantee, quizás mañana quiera tener familia (me estoy resignando a lo de "madre soltera"). Pues habrá que meter al nuevo en algún sitio.

En fin... Se me hace raro eso de caminar para llegar a los sitios dentro de mi propia casa. Tengo que caminar para llegar a la cocina, al salón, al patio... Antes estaba todo al lado de mi habitación, de lo chiquito que era... Aunque agradezco tener pasillo, porque en un futuro quizás no demasiado lejano, será parte de la biblioteca.

Me gusta. Me gusta esa tranquilidad, y aunque estaré hipotecada hasta los setenta en el peor de los casos, estoy muy contenta por haberme mudado.

Cuando atravieso la puerta, tengo esa cálida sensación de "estoy en casa". Hacía tiempo que no la sentía. Espero que me dure mucho.

5/12/2009

The Cut

- ¿No vas a decir nada? –pregunta.

De repente, todo en la habitación quedó paralizado, incluso mi propio cuerpo reaccionaba lentamente. Apenas era consciente de que estaba respirando: el tiempo dejó de existir alrededor.

Estaba sentado encima de ella, cara a cara, mis brazos apoyados en sus hombros, acariciándole la nuca con mis manos.

Mi cerebro procesaba las imágenes a cámara lenta. Podía ver cómo sus labios se movían lentamente mientras hablaba, mas el sonido parecía estar a años luz de mis oídos.

La conciencia volvió de golpe, con la dureza de un muro contra el que acabas de dejarte media cara ensangrentada después de colisionar a alta velocidad.

- ¿Qué quieres que diga? ¿Qué esperabas? ¿Qué me echara a llorar? –le respondí con voz átona.

- Te lo estás tomando demasiado bien –insiste-. En serio, pienso que es mejor que dejemos de vernos como ahora.

- Vale.

Con la conciencia a años luz de distancia aun, alejándose cada vez más en el espacio, “vale” fue la única respuesta que acerté a pronunciar. Tan breve y estúpida, tan conformista.

¿Qué esperaba que dijera? ¿Qué quería que hiciera? ¿Tendría que haber preguntado algo? ¿Había hecho algo mal? ¿Había algo que la llevara a recapacitar?

Ella me mira con incredulidad, como si la simpleza de mi respuesta escondiera alguna trampa. Espera en resignado silencio que explote en un ataque de ira, de pena, de algo que demuestre algún tipo de emoción.

No es capaz de comprender que no puedo expresar emoción alguna porque estoy muerto. Porque no siento. Porque me alieno. Simplemente admito lo inevitable de la derrota como el árbol sabe que va a ser consumido de inmediato por un fuego cruel y abrasador.

No siento nada. No soy capaz de sentir nada. No soy capaz de demostrar nada.

Sus ojos oscuros siguen clavados en la estúpida sonrisa que aparece en esa máscara que es ahora mi rostro. Está esperando que la despiece con preguntas que está dispuesta a justificar, con el guión tejido previamente en su cabeza. Anhela que la interrogue: “¿Hay otro hombre? ¿Me has puesto los cuernos? ¿Ya no me quieres?”

Después de todo lo que me he arrastrado, de todo a lo que he renunciado, de todo lo que he hecho, y a pesar de que pensé que carecía de ella, sobrevive un resquicio de dignidad.

No cambiaría nada que le pregunte. No quiero saber si otras manos acariciaron los pechos a los que solo yo tenía derecho tocar, ni si besaron sus labios, o acariciaron su cuerpo, ni susurraron nada a su oído. No quiero traicionar con preguntas la confianza que deposité en ella, porque, a fin de cuentas, haya alguien más o no, nada cambia.

Así que simplemente sonrío, y le respondo “Está bien, no pasa nada”.

No está convencida. Escruta mi mirada.

- Ya sabías que no era nada serio, y que tarde o temprano iba a acabar. Yo me agobio rápido, por eso sigo sola. Ya sabes.

- Me parece bien, no te preocupes –insisto.

Y sin embargo, yo la miro, ansiando poseerla, recorrerla con mis manos, oler su pelo, morder su cuello una vez más.

Ella accede a un último polvo después de “La Charla”. No ve nada de malo y acabamos en la cama. Nos reímos, como hacía tiempo que no hacíamos. Charlamos y me fumo un cigarrillo.

Me visto.

Nos despedimos.

“¿Nos vemos luego?”, pregunta ella. Es la fase “podemos seguir siendo amigos”. Y yo respondo: “Claro”.

Porque ella necesita oírlo, para sentirse mejor. Porque yo necesito decirlo, para creer. Así que pronuncio esas cinco letras baratas, y esbozo otra sonrisa con seguridad, mientras cierro la puerta tras de mí.

Al alejarme me doy cuenta que olvidé el mechero en su mesita. Vaya mierda, tendré que recordarle que me lo alcance alguna vez.

Sigo caminando, un paso tras otro, cojo el teléfono, llamo a los amigos. No quiero hablar de esto con nadie, pero me apetece estar acompañado. No quiero quedarme solo y reconocer que la quería. No quiero dejar fluir esa tristeza que ya aflora. No quiero correr tras ella suplicando porque soy fuerte, y lo sé... Aunque la sangre ya no me corra por las venas.

5/11/2009

Anhedonia

Si no lo dices, si no lo piensas, no existe.

Y porque no existe, no duele, te convences.

Te permites el lujo de seguir caminando por los mismos lugares, como siempre, como cada día, como hiciste ayer y como harás mañana, con algo guardado en lo más hondo de tu corazón. Tan profundo está escondido que no alcanzas siquiera a percibirlo. O tal vez no lo percibes porque careces del valor de clavar los ojos en esa profunda oscuridad.

No late, no hace ruido, ni siquiera transmite su calor. Está muerto a todas luces. No obstante, no fue ayer: fue hace mucho. Tantos años que ya no te perturba. Tanto que ni siquiera en tu memoria permanece el recuerdo del último día que algo te atravesó.

Por eso, caminas sin sentir nada, olvidando los hechos y olvidando las palabras, pensando que eres fuerte y que nada ha sucedido, que despertarás mañana al nuevo día sin llorar. Porque eres fuerte, te convences, y ya no lloras… Si no lloras sea tal vez porque no tengas más lágrimas que derramar.

Y en cada paso algo se hunde, en cada paso algo se aleja. Te congratulas sin afrontar que no es el ánimo lo que te empuja, si no que te estás consumiendo hasta la médula.

Mutilaste todos tus nervios uno a uno.

No te queda corazón para sentir.

4/23/2009

Todos los niños crecen, menos uno...

Pero yo no estaba seguro de querer crecer.

Aquella mañana me levanté como cada día, qué iba a saber yo… La misma rutina de siempre: levantarse de la cama, tantear el suelo con los dedos de la mano buscando el cenicero y el tabaco para fumar el primer piti del día. Ah… Qué bien sabía… Presionar la colilla hasta extinguir las últimas brasas y aventurarme en la epopeya de encontrar las zapatillas con los ojos aun medio cerrados por el sueño, resistiendo la tentativa canción de sirena de la cama.

Qué iba a saber yo, que ni siquiera me di cuenta de lo que estaba pasando mientras me miraba en el espejo.

Un día laboral era siempre parecido: enfundarse rápido la ropa, recolocar cuatro pelos en su sitio, ni siquiera me molestaba en afeitarme entre semana -total, "pa" qué-. Tampoco desayunaba, ya tomaría algo sobre la marcha, aunque a veces me daba el capricho de un café matutino.

De camino a la oficina, escuchaba la radio, o los mp3s que llevara encima, según me diera. Conducía medio distraído a buen ritmo, intentando recuperar con el coche los minutos que perdí remoloneando en la cama. Aparcar no representaba problemas, tenía una plaza prácticamente asignada.

Entonces, llegué.

Como cada mañana, saludé a fulano y mengano, engatusé a sultana, y me dirijí a mi cubículo. A veces me resultaba tedioso pensar que siempre era el mismo trabajo un día... Y otro día. Y otro día. Y otro. Y otro. Y otro... Desde hacía no recordaba cuántos años… Evitaba con todas mis fuerzas pensar en los que, como esos, me quedaban por delante.

La vida de oficina puede resultar tan monótona como ser uno más en una fábrica. Al final, me imagino, todo el mundo tiene esa sensación de hastío.

Las cosas eran muy distintas cuando era un estudiante. Siempre de juergas, bebiendo, ligando, capeando los temporales de las malas notas… Cuando los exámenes -y saber si iba a mojar o no- eran la única preocupación extraordinaria, y el fin de semana era la gran evasión de la rutina y los rollos familiares. Con birras y a lo loco.

Parecía que iba a ser joven para siempre, que para mí, el tiempo llegaría al infinito. Todo era mucho más lento, las vacaciones duraban eones (joder, eran tan largas que podía incluso aburrirme de ellas). Si quería iba a clase, y si no, me las saltaba para pirarme donde me rotara.

Ahora, en cambio, los años pasan muy rápido, tanto que apenas si los veo. Ayer mismo era Navidad, y ahora el sol resplandece anunciando el verano.

Creo que fue cuando empecé a trabajar, que me di cuenta de la velocidad vertiginosa a la que empezaba a moverse mi mundo. Debe ser la rutina que hace que todos los días sean tan similares, cortados con los mismos patrones, haciendo que ansíe la liberación del fin de semana.

Y qué voy a decir de las vacaciones... Cuento con ansia los días hasta el próximo puente o las vacas, aunque no tenga nada más especial que hacer que estar en casa holgazaneando en calzoncillos, rascándome los huevos. Aun así, se me hacen tan cortas...

Vivo la vida esperando que llegue el viernes y el sábado, obviando que existe algo de lunes a jueves. Como si un agujero espacio-temporal absorbiera lo que hago en la larga vigilia, o padeciera una extraña clase de amnesia. No fue hasta hace poco que me di cuenta de que estaba desperdiciando los años viviendo como un zombi entre semana. Uno más en la colmena.

Yo nací para ser alguien grande. Nací para ganar pasta gansa y dominar el mundo. Para llevar un Corvette y tener una piva buenorra a mi lado. Para habitar una mansión y tenerla controlada sin mover los dedos, a golpe de talonario. No nací para ser un Don Nadie en medio de la masa… Y sin embargo hoy ya no recuerdo con lo que soñaba cuando en el bar del instituto vacilábamos con los colegas.

Así que, cuando conduzco, voy a mi bola con mi música evadiéndome del mundo y se acabó. Solo tengo treinta, qué cojones. Me queda toda la vida por delante. Aun soy joven.

Eso pensaba.

Pero aquella mañana vino un colega de la oficina. Me dio una palmada tan fuerte en el hombro antes de pasar por la puerta que casi me desmonta, el muy maricón. El tío me saca casi un palmo de alto, por eso lo vio. Y a carcajada limpia me dijo “¡Eh, tío! ¡Te están saliendo canas!”.

¡Joputa!

¡Canas! ¡No me jodas! Cómo pudo pasarme eso… ¡Pero si yo soy un pimpin! ¿Y qué será lo próximo? ¿Entradas? ¿Se me va a caer el pelo y me voy a quedar medio calvo, o a tener la coronilla de los curas? ¡Su puta madre!

Recuerdo que al llegar la noche, fui a cenar a casa de mis viejos, y me dediqué a contemplar a mi padre. Afortunadamente mi viejo no es muy propenso a las canas ni a perder pelo como los gatos en verano.

Pero me puse a pensar… Que ya no era aquella figura que estaba buenísima y llevaba a las tías de calle con apenas chasquear los dedos. Los años, la cerveza y la comodidad acabaron dejando sus huellas. Y la vida de soltero, claro. Eso de vivir en un piso alquilado, a mi bola, comiendo bazofia y mierda congelada, con litros y litros de cerveza entre los que a veces asomaba un filete de carne que por error acabó en la nevera.

No me quejo de vivir solo, al contrario. Hago mi vida y punto. Es el paso natural, ¿no? Dejar el nido y volar por tu cuenta. No he cambiado tanto las rutinas, simplemente, si antes daba pocas explicaciones, ahora ya no tengo que dar ninguna, y voy a mi bola mucho más.

Probablemente con el tiempo, haya alimentado mi egoísmo, pero tampoco es algo que me quite el sueño.

Necesito un piti.

Qué mierda que no nos dejen estar aquí cómodamente sentados, pero bueno, al menos puedo estirar las piernas cinco minutos cada hora o dos para fumar un poco.

Desde el día de la cana, dejé de ver el mundo de la misma manera.

Empecé a fijarme en Esas cosas: que muchos de mis colegas tenían pareja, yo no; se habían casado, yo no; tenían hijos, yo no; tenían hipoteca, yo no...

Yo tenía mi coche, mis colegas de salir de farra, y los ligues de una noche, que al final no hacen nada más que dejarte vacío pero bueno… Al menos es vacío en todos los sentidos, incluido el físico, que ya es algo.

Alguna noche de borrachera profunda al salir de fiesta, tenemos la tertulia esa de que nos hacemos mayores y que igual es momento de dejar de salir por ahí y de sentar cabeza. Qué cojones cabeza, si no tengo ni folla de lo que quiero todavía. Doy gracias de tener algo más claro el listado de cosas que no pienso aguantar.

Se me acaba el cigarrillo. Qué mierda. Toca volver a la ofi, y sentarme delante del ordenador.

Me descubro navegando otra vez por páginas de compra venta de pisos.

Es el siguiente paso lógico, ¿no? A fin de cuentas este año me suben el sueldo, y vuelve a subir en enero. Vamos, que con esta crisis de los huevos que acusamos cada día, los pisos están a unos precios que casi los regalan. La verdad es que llevo varios meses ojeando los clasificados, y estudiando la viabilidad de comprar mi propia casa.

En realidad, no tiene nada de malo responder a un par de anuncios para pedir más información… Así que escribo el mail y le doy al “enter”. Ya está. Ya está enviado.

Una parte de mí empieza a ser consciente de la gravedad del asunto.

Joder… Una hipoteca… De esas que dentro de cuarenta años, cuando tenga setenta, estaré acabando de pagar…

Por un momento recuerdo el día que entré en la empresa y con veintiocho firmé mi contrato con exclusividad y obligación de permanencia en mi puesto durante seis años... ¡Seis putos años! Pero si hasta entonces, el curro en el que más había durado fueron tres... Aquel día, recuerdo que me acojoné, porque vi pasar mi vida por delante y de repente, tenía treinta y cuatro tacos... Y ahora con este fast-forward acabo de fundir cuarenta, para verme canoso, con arrugas y probablemente impotente.

Buah... El papelito ese que firme, será una de esas firmas de las que no podré deshacerme con facilidad. De esas que te ligan a una casa (a priori) de por vida. Joder… Ya me puede molar, ya, la casa que me compre. Y estar muy seguro. Que no es lo mismo un alquiler que un piso en propiedad, y yo estoy muy acostumbrado a ir donde me rota sin mucho miramiento.

Si por cambiar, cambio el dormitorio en mi piso una vez al año o dos, por aburrimiento de estar siempre viendo lo mismo.

¿Y si no me mola la ciudad a la que me ato? ¿O si al final dentro de cinco años me rayo del puto piso? Más me vale que esté bien el mercado inmobiliario.

Por otro lado... Tengo ganas de tener un sitio donde caerme muerto y decir “esta es mi casa”. Y me mola algo grande y espacioso, con mucha luz, donde pueda tener mi estudio montado.

Pero tengo miedo. A reconocer que crezco, a admitir que tengo que llevar todas mis responsabilidades, a ser lo que se llama una “persona madura” -con todo lo que eso implica-, cuando ayer no era más que un crío que solo quería beber y follar.

Supongo que en esta vida no se puede ser Peter Pan hasta los cincuenta.

Macho… Necesito otro cigarrillo.

4/14/2009

Estocolmo

La habitación emanaba una mezcla de porros y tabaco corriente.

Hubo un tiempo en que odiaba ese olor, cuando la mera idea de permanecer en un sitio impregnado con humo hubiera resultado insoportable y asquerosa.

Ahora, sin embargo, es algo familiar e incluso reconfortante, hasta el punto de no poder conciliar el sueño sin percibir ni que sea, el ocre rastro que dejan los cigarrillos al extinguirse.

Tumbada boca arriba, abre los ojos en la penumbra, a la derecha la luz colándose perezosamente por las rendijas de la persiana. Bosteza engullendo el aire cargado al inspirar.

Mecánicamente gira la cara en dirección a la ventana, para verle dormido a su lado, ajeno a todo, tranquilo; conteniendo las ganas de acariciarle… O no… Por un segundo intenta recordar la última vez que se durmió abrazada a él.

Ahora, tras tanto tiempo, parece una mera cuestión de mecánica -como casi todo-: Extender brazo izquierdo, colocarse sobre el costado derecho, cruzar su pecho y recostar la cabeza sobre su hombro.

No es que esté a disgusto, está cómoda, pero es solo eso. Es la costumbre. Es la inercia que lo ha invadido todo incluido el sexo, aquella necesidad primaria y básica que dio origen a su relación.

Lo había oído tantas veces, aquello de la gente que se acuesta con otros porque sí, para pasar el rato, porque a fin de cuentas todos somos humanos… Y él, aun no sabe bien porqué, le llamó la atención.

Juguetea con su pelo corto mientras aun duerme.

Es una mentirosa: sí sabe porqué le llamó la atención.

Porque era idiota. Porque era un chulo. Porque se las daba de listillo perdonavidas. Porque, salvando que se podía decir que estaba bueno (o que tenía atractivo, al menos), era el compendio universal de las cosas que más detestaba, alcohol y tabaco incluidos; y le encantaba reafirmar esa imagen con su actitud condescendiente.

Así que, por aquel entonces, no le dedicaba más atención que a un gusano, salvo para meterse con él y refunfuñar lo estúpido que era.

Lo estúpido que era, sí. Y aquí estaba ella abrazando al estúpido en la cama.

Por un error, por un desliz, por un descuido. Porque descubrió que aunque chulo y gilipollas, tenía cerebro. Qué cojones… Porque le gustaba, porque le atraía. Porque tenía ganas de estar con alguien, y aquella noche hace tanto tiempo él estaba allí, para tenerlo en su cama una semana más tarde. Porque pensó que sólo sexo podía funcionar. A todo el mundo le funciona, ¿o no?

Aparta las sábanas y se levanta para ir a la cocina. Se detiene a medio camino a echarle un ojo al ordenador. Parece mentira que en algún lugar del mundo la gente sepa vivir sin esos cacharros.

Está desnuda paseando por la casa, pero no importa, no hace frío y se vestirá rápido después de preparar el café.

Ése aroma sí que le gusta: el olor a café recién hecho, recién molido. Aspira. Qué diferente.

Se lo toma, y se dirige al baño.

Se mira al espejo, para contemplar esos ojos ojerosos, las pequeñas arrugas que empiezan a aparecer en su rostro; para escudriñar buscando las canas que no aflorarán gracias a los milagros del tinte. Se hace vieja porque –le guste o no- el tiempo pasa, y ahí está dejándolo pasar como si no importara.

Recuerda lo angustiosa que era la sensación de opresión cuando vivía en su piso de soltera. La mordedura incisiva de la soledad y el temor a que esa tendencia abrumadora durara para siempre. El miedo conduce por caminos tortuosos.

Como cada mañana, realiza el mismo ritual de limpieza cutánea, armada con su ejército de cremas dispuesta a exterminar hasta el último reducto de pieles muertas a base de refregar su cara con el peeling. No por más frotar volverá la juventud ni resurgirá de las capas profundas de la dermis… Así que tras lavarse los dientes se aprovisiona del arsenal de maquillaje y juega a ser Miguel Ángel con las imperfecciones de su rostro.

Quizás algo de esa soledad la influyó hace unos años, cuando tomó el camino que la llevó a esta casa llena de humo. Tal vez no fuera únicamente eso, pero… ¿Cómo si no iba a acabar con un “looser” así, como le catalogaba sin conocerlo? Qué equivocada estaba con esa primera impresión suya... Y sin embargo, ¿no se merecía algo mejor, acaso?, meditaba mientras esparcía la base de maquillaje líquido. Alguien cariñoso y atento, que la cuidara, comunicativo… Alguien que la valorara…

Al principio era siempre ella la que tenía que llamar para quedar, él ni se dignaba a mover un dedo… Y al final acabó siendo así. ¿Vagancia? ¿Comodidad? ¿Indiferencia? Por qué insistiría tanto...

Porque, busque las explicaciones que busque, y le maldiga por lo que le maldiga, en el fondo es tan simple como admitir que le gustaba, que se acabó encariñando con él.

Eso le trae a la cabeza… Estocolmo. No conoce nada del país, no ha estado allí en la vida, lo único que conoce relacionado es el síndrome ese, de la persona secuestrada que acaba idolatrando a su captor. Pero ella no está cautiva claro, en todo caso, es prisionera de sí misma.

No hay noche que al acostarse se plantee qué está haciendo con su vida, dejando pasar los días, dejando pasar los meses, dilapidando los años como si el tiempo le sobrara, mientras se acerca peligrosamente la menopausia y con ella la incapacidad de tener hijos.

¿Por qué está aun con él?

Apoya las manos en la pica mientras para abalanzarse un poco sobre el espejo y comprobar que está todo en orden. Aprieta los labios para distribuir bien el maquillaje, y hecho esto recoge los cachivaches que ha desperdigado por ahí.

Quizás porque sabe que en el fondo, esa relación tiene fecha de caducidad. Porque no hay compromiso escrito y por lo tanto, no le dolerá nada cuando se acabe. Porque no espera nada bueno de él y sabe que un día se levantará por la mañana y le dirá que todo se ha acabado: a jugar al juego de la taza, cada uno a su casa. Porque sabe que es un mujeriego, o eso piensa, o eso le hace creer, y un juerguista, así que nada de lo que haga le va a traer por sorpresa.

En el fondo, una parte de su corazón está tan frío que puede soportar la situación.

¿Es quizás por eso que el sexo se ha convertido en algo rutinario y ha dejado de ser tan placentero como antes? Dios mío… Tan muerta está por dentro… Que ha encerrado una parte de sí misma, y la ha negado, manteniendo una relación vacía y carente de muestras normales de cariño, donde todo se reduce a cuatro polvos semanales y después cada uno a lo suyo…

No es acaso triste estar con una persona de la que no esperas nada bueno y que la única seguridad que puede ofrecerte es que cuando corte será por lo sano y como siempre lo esperaste no te dolerá… ¿No es mejor estar solo? ¿O acaso folla tan bien que puede mantenerse el equilibrio? Tan poco se valora como para que eso sea suficiente.

Quizás está buscando excusas cutres para disculpar haber perdido tantos años de su vida con alguien tan distinto del príncipe azul que quería.

En el fondo, es una relación sin pasión, donde el único arrebato se mostraba en la cama cuando salvajemente se devoraban si el tedio lo permitía, liberándose de la mecánica rutina… Cosa que apenas ocurre ya.

No está enamorada, aunque él lo piense; a pesar de que esté completamente convencido que está tan locamente colgada por él que bebe los vientos sin darse cuenta de las cosas y que sería capaz de mutilar su personalidad a cambio de no perderle.

Quizás es que, con todo, le da pánico la posibilidad de prendarse de alguien así, que podría destrozarla en un suspiro, así que mantiene una parte de sus emociones congelada, reprimida. Quizás en otro mundo, de haber sido distintas las cosas se hubiera permitido perder locamente la cabeza por él, pero al no ser recíproco, nunca se arriesgó a hacerlo por más que en algún recóndito escondrijo lo deseara.

Cuando tenía dieciocho jamás hubiera aventurado que se pudiera compartir la vida con alguien de quien no estuvieras perdidamente enamorado. Y hoy, prefiere esta relación relajada, más insípida, sin tropezones ni grandes altibajos emocionales, porque dentro de lo que cabe no pierde el control.

Es como un intercambio comercial: él le da los mimos que necesita (de tanto en tanto), cubre sus necesidades físicas y ocupa un espacio en un piso que no le gustaría ver vacío. Ella, a cambio, se la chupa (de tanto en tanto también), finge no saber lo que pasa los fines de semana y omite preguntas incómodas cuyas respuestas sabe perfectamente que no quiere conocer. A fin de cuentas, hace años que dejó de representar una novedad, y los hombres necesitan de la sangre nueva constantemente.

Quizás por eso se maquilla, cambia de look, se mata en el gimnasio, controla las dietas… Para seguir siendo atractiva, para seguir ofreciendo algo diferente. ¿Por qué? ¿Por qué no es capaz de hacer eso para ella misma?

Ah… Pero tiene sus cosas buenas. Quizás parece frío, y no suele tener detalles, pero a pesar de todo es buena persona, y aunque quizás sea egoísta o eso parezca, tiene otras cualidades como la sinceridad. No le teme a las mentiras a su lado, y está realmente harta de mentiras en su vida. Por más que se esfuerce en mantener esa fachada de chulo, es una persona simpática, y es culto aunque no tengan el mismo nivel de estudios. Es inteligente, y bueno… Siempre le da morbo. Sí… Tiene un montón de cosas buenas, aunque cuando está rabiosa se le olviden, o no las conozca todas.

Pero… El romanticismo no tiene lugar en su vida. No ya con él, con cualquiera pasaría lo mismo. Tan vacía y enferma se ha vuelto. Tanto miedo le da enamorarse de una persona “normal”, tanto pánico le producía no encontrar su media naranja en la vida, y tanto la atemoriza el miedo al dolor, que decidió hipotecar su corazón.

No cree en el amor para toda la vida... Y si el amor para toda la vida no existe, ni tampoco existe la pareja perfecta, para estar con un idiota, ¿qué más da este idiota en concreto?

¿Cuándo se volvió conformista? ¿Cuándo empezó a tener esas ideas tan derrotistas en la cabeza?

Ahora, ni siquiera se cuestiona dejarlo correr, no tiene fuerzas para abandonarle.

Hubo un tiempo en que tenía arrojo, era capaz de irse donde quisiera sin pensar, sin dar explicaciones, sin esperar que la siguieran, con lo puesto y a correr. Era libre y decidida. Quizás esa era una de las facetas que hizo que se fijara en ella. Con el tiempo, fue perdiendo esa parte salvaje que tenía. Quizás la ha domado, o tal vez quería que la domesticaran. Pero está cansada.

No tendría valor en la vida para dejarle, porque se acostumbró a su aroma que la vuelve loca, al olor a tabaco por las mañanas, a la presencia silenciosa en el estudio de la casa. No tiene el valor para enfrentarse con palabras y dejarlo.

Ya está lista para salir al trabajo. Ella siempre se levanta antes, por lo menos una hora. Le sigue gustando preparar el desayuno, la sensación de ser útil. Sigue creyendo -tiene la intuición- que se acuerda de ella por la mañana mientras toma el café que le prepara. Pero no tiene la certeza, porque es parco en palabras, y no dirá en la vida nada cariñoso. A veces necesitaría escucharlo aunque realmente no hace falta. En el fondo, sabe perfectamente que se tienen aprecio, cariño, respeto, que no es amor loco e incondicional, que no es pasional, que no es ciego… Y que basta para levantarse cada mañana. Pero a veces no es suficiente.

Vuelve a la cama, sobran algunos minutos antes de marcharse. Se pone encima suyo y le despierta. Por primera vez en tiempo siente unas ganas irrefrenables de hacer el amor que no puede controlar. Él está medio dormido, pero reacciona sorprendido a su arrebato. Ella le muerde el cuello al acabar, se le queda mirando, le da un beso en la mejilla antes de vestirse nuevamente y se va.

De algún modo, le aprecia y eso hace que vuelva a casa cada día.

No tiene el valor de enfrentarse cara a cara y decirle que ya no le quiere –sería mentira-.

Sin embargo, hace mucho tiempo que no viaja, y Estocolmo tal vez sea un lugar maravilloso.

3/12/2009

Watchmen - Indignada por la crítica de Terra


Parece mentira que lo que me impulse a volver a escribir en mi reino sea algo como la crítica de una película en una web como Terra... Pero una vez la lees no puedes por menos que indignarte ante la falta de interés del profesional que la suscribe...

Y dado que en la web no puedo publicar el comentario a tan excelente trabajo, me desfogo aquí.


Crítica completa:


Zack Snyder es culpable del peor desliz que un director de cine puede cometer. El director de "300" da por sentado que la abrumadora mayoría de espectadores de su película conocen al dedillo los secretos del monumental cómic (o novela gráfica) de Alan Moore, que todo Dios está enchufado al mundo clandestino e hiperviolento de este hatajo de inadaptados sociales escondidos detrás de un juego de malla y leotardos para dictar justicia a oscuras y a su olímpica bola que conforman los vigilantes de marras. Ignoro el grado de lealtad o deslealtad al tocho de viñetas en cuestión, si Snyder hila fino o no agarrando la esencia espiritual y metafísica del libro matriz, si las tribulaciones existencialistas que se traen en plena guerra fría los sufridos integrantes de la banda hacen juego o no con aquéllas otras de sus homólogos en papel. Si la respuesta es sí es posible que los acérrimos fans del cómic original congenien con las marrullerías argumentales de estas tres horas excesivas e interminables de quebraderos de cabeza identitarios y de desencuentros sentimentales entre superhéroes canallas, barriobajeros y sin escrúpulos.

Enganchados a raíz de un prólogo magistral (los títulos de crédito son ciertamente para enmarcar), Snyder abre fuego dejando claro, por si hiciera falta, que es un director de imaginación visual privilegiada, con un talento fuera de serie para colorear los entornos digitales de la pantalla verde. "Watchmen" es muy vistosa aunque Snyder siga exhibiendo una desmedida querencia por el ralentí y el fotograma congelado a imagen y semejanza del preciosismo tecnológico de "300". La atmósfera turbia y densa de un planeta descompuesto por los rigores del enfrentamiento soviético-americano, la alienación de la justicia y de la ley en semejante panorama preapocalíptico y la clandestinidad salvaje de unos héroes sombríos y nada ejemplares que hacen y deshacen entuertos sin dar pie con bola apuntan maneras.

Es un espejismo. El metraje empieza a pesa como una losa infranqueable mientras Snyder se atranca en la exposición de un conflicto estanco que no avanza y que acaba por anestesiar mortalmente una ficción que ya no va a levantar cabeza. "Watchmen" se revela así, con una parsimonia desesperante, cine-comic ladrillo, pretencioso y narcisista. Sus honduras filosóficas, su estoicismo apocalíptico, su ceño eternamente fruncido y las desmesuradas pretensiones del discurso político y sociológico ser revelan estériles a la larga, aparatosos y vacíos.

Dice Snyder que respecto a las dobleces existencialistas del cómic (como si en la película no se despacharan a gusto liando la madeja del ser o no ser), su película prefiere potenciar el calado emocional de las historias. Pues bien, nuevo desliz: ni rastro de emociones humanas en las pasiones volcánicas que se traen triangularmente el individuo fluorescente azul, el Batman búho y la chica del traje de látex amarillo. Si ese era el empeño, fracaso total. "Watchmen" es una película extraordinariamente espesa, que quiere ser muy buena y muy profunda y elevar el listón de la vanguardia del cine-viñeta para erigirse en referente de modernidad. No lo logra, ni por asomo. Tal vez por la manía ésa de buscar a toda costa la satisfacción y complicidad de los fans del cómic antes que cuidar con cordura la atención del espectador de cine.


****

Yo opino:

Watchmen fue un comic publicado en 1986 y 1987. En aquel entonces el presidente de USA era Ronald Reagan, y la URSS aun era una reconocida potencia mundial hasta su disolución el 1991.

Todos aquellos años posteriores al fin de la II Guerra Mundial, y por temor a una tercera guerra ya nuclear estuvieron muy marcados por la denominada “Guerra Fría”.

En 1987 el muro de Berlín aun estaba en pie, y ahí siguió hasta 1989. Una cosa que algunas personas ya no recuerdan, pero que incluso treinteañeras como yo estudiamos en el colegio, el instituto y la universidad. Lamentablemente parece que no todo el mundo puede evocar con facilidad la historia reciente.

Es en este contexto que ve la luz la obra de Gibbons y Moore. Evidentemente, la literatura y las obras de arte de cualquier tipo se ven influidas por su entorno.

Yo leí Watchmen hace doce años, eso es, cuando tenía dieciocho.

No he vuelto a releerlo, hasta después de ver la película, para comparar recuerdos nebulosos.

Sin embargo, y a pesar de ello, he podido disfrutar muchísimo de la película que puede decepcionar a personas que acuden al cine esperando ver “Daredevil” o la segunda entrega de “Los cuatro fantásticos” (filmes que igualmente, me parecen entretenidos y los he disfrutado como lo que son).

Erróneamente se considera que en las películas que contienen superhéroes todo ha de ser bofetones y violencia sin sentido. No todo en esta vida son “tebeos” de acción, romance o comedia.

Watchmen sorprende -y quizás ofende- porque los héroes son realistas ¿Acaso todos nuestros héroes históricos han sido políticamente correctos? Watchmen, puede llegar a hacer pensar. La adaptación, como tal, y que buen trabajo han hecho con ella, es una reproducción muy fiel a la obra.

En futuras ocasiones sería de agradecer que cuando se realice una crítica, el profesional en cuestión haya tenido la buena voluntad de comprometerse con su trabajo y al menos le haya dedicado parte de su tiempo a conocerla.


Me sorprende que una crítica de una adaptación de una obra de cualquier estilo contenga en el primer párrafo una frase como esta: “Ignoro el grado de lealtad o deslealtad al tocho de viñetas en cuestión, si Snyder hila fino o no agarrando la esencia espiritual y metafísica del libro matriz, si las tribulaciones existencialistas que se traen en plena guerra fría los sufridos integrantes de la banda hacen juego o no con aquéllas otras de sus homólogos en papel”.

Entiendo que el buen profesional no ignora: se preocupa y se documenta previo a la expresión de cualquier opinión.

Y ya me despido no sin antes comentar: “El director de "300" da por sentado que la abrumadora mayoría de espectadores de su película conocen al dedillo los secretos del monumental cómic (o novela gráfica) de Alan Moore, que todo Dios está enchufado al mundo clandestino e hiperviolento de este hatajo de inadaptados sociales escondidos detrás de un juego de malla y leotardos para dictar justicia a oscuras y a su olímpica bola que conforman los vigilantes de marras”.

Nadie tiene porqué estar enganchado “al mundo clandestino e hiperviolento de este hatajo de inadaptados sociales”, para captar las sutilezas de la preocupación de un mundo que a finales de los ochenta aun vivía con el temor a la guerra nuclear a sus espaldas, y que tenía en la memoria (recuerdo que aun perdura en la memoria colectiva de los estadounidenses, guerras como la de Vietnam).

Yo hubiera iniciado la crítica indicando que Watchmen –el cómic y la película-, no es una obra cuya trama sean puñetazos sin sentido; si no que hace pensar y recordar. Si algo sobra en Watchmen es humanidad. Humanidad pura, y dura. Con sus vicisitudes, sus diferencias, sus errores, sus anhelos, sus preocupaciones, sus sentimientos y su crudeza; no la Humanidad que nos gustaría que fuera.

Quizás este es el único fallo que se le puede achacar.

Espero que en la próxima crítica de una adaptación de cualquier tipo que tenga a bien publicar para informarnos, se tome la molestia de haber estudiado previamente la obra original y haya recapacitado, para poder ofrecer una crítica si no más digna, algo mejor fundamentada.

Un saludo cordial, y mis mejores deseos en el futuro.

12/31/2008

Valoración del año

Bueno, a estas alturas del partido, imagino que ya toca ponerse a valorar el año que ya hemos fagocitado.

Puedo estar bastante orgullosa de mis propósitos para 2008, porque he cumplido unos cuantos. Si bien, algunos de los importantes se han quedado en el tintero.

He conseguido:

OK - Mirarme más a menudo en el espejo.

Bueno, esta era fácil. Ahora que el armario es completamente espejado y tengo que mirarme cada día mientras cojo la ropa por la mañana y cuando me digno a arreglar el ropero, no hay más remedio. Por cierto, es asqueroso, este año que me engordé cuatro quilos (yuks >_<) está siendo una tortura, pero me motiva para volver al gimnasio en febrero xD


OK - Más libros y menos WoW.

El día que escribí esto, pensé que iba a ser complicado. Hoy, en cambio, no es que sea más libros y menos WoW, es que ya no es WoW apenas. ¿Qué hago ahora con el tiempo? Pues entre otras cosas leo, cocino, DUERMO…

La verdad es que WoW es cada vez más aburrido. Últimamente solo entro y lo uso de msn, para hablar con los amigos, quedar y seguir viendo la tele. No me acaba de gustar la cantidad de horas que tengo que dedicarle, y no tengo paciencia para subir personajes de cero, sabiendo que tengo que volver a equiparlos y toda la pesca. A ver si subo a mi maga a 80 antes de 2010. Quien sabe…

De resultas de dormir más horas, y tener un horario más civilizado (es estilo lunni: me duermo a las diez y media u once, y me levanto entre las seis y cuarto y las seis y media), me despierto todas las mañanas hiper descansada, animada, y me da tiempo de arreglarme, y hacerme el desayuno (un súper batido de frutas frescas, con 4 piezas o 5).

Además, con la crisis de los treinta (que por cierto, me duró dos meses y me plantee varias veces seriamente el cese existencial, pero terminé por no atreverme y descartarlo xD), me corté el pelo. Quien iba a decir que me cortaría el pelo, yo, que lo he llevado largo toda la vida. Ahora resulta que tengo que cuidar más el jodido pelo por las mañanas, porque nunca lo puedo dejar mojado y para colmo cada día toca alisarlo completamente. Qué coñazo, por favor…

Todas las mañanas veo el noticiero, y me he hecho aficionada al canal Cosmo, descubriendo de paso, la sabiduría de “Sexo en NY”. Hay otras basuras de serie que no valen la pena. He desarrollado un odio intenso por la mierda de “Nikita”, “Cashemere Mafia” y otra seria que me parece bastante gilipollesca es “Divorcio en Hollywood” o algo así. Tampoco es que haya visto mucho, pero creo que medio capítulo ya da y sobra. He descubierto que me gusta “La Juez Amy”, y “One Tree Hill”.

Estoy francamente disgustada con el canal Animax. Todas las series que dan son las mismas que vengo viendo desde hace mil años… Estoy hasta el capuchón del clítoris de “Inuyasha”, y como tengo todos los capítulos de “Nana”, tampoco me entretengo mucho. Además, detesto los animes de tiros. El otro día de pasada vi un anuncio de colegialas poseídas o algo así que eran como asesinas a sueldo. No sé… A este paso, en un par de años veremos la serie de “El óvulo asesino” o “El tampax sangriento”, y serán series de culto. Puestos a reponer una y mil veces, porqué no ponen cosas decentes como “Los inventos de Eva”, “Bésame Licia”, “Bateadores”, “Jhonny y sus amigos”, “Maison Ikkoku”, y tantas otras míticas…


OK - Dedicar más rato a mi cuidado personal

Bueno, esto va ligado a lo de dormir más. Estoy súper orgullosa de ser capaz de dedicarle a mi pelo media hora. Bueh, ya sé que es por obligación xD pero bueno… También dedico un rato al cuidado facial, por aquello de que un día me despertaré y tendré arrugas, y tendré que empezar con las cremas de colágeno y esas polladas.


OK - Hacerle más caso a mis gatos

Como juego menos, y veo más la tele, y estoy más rato leyendo tumbada, estamos más rato de cachondeo las mishas y yo. La verdad es que llevaba una temporada siendo mala madre.


OK - Ver más a mis padres (incluso veo a mi hermano xD)

Bueno, sí, les veo más y estoy haciendo esfuerzos por socializar con mi hermano, aquel gran desconocido. También les llamo más.


OK - Establecer un mínimo de horas de sueño

Aquí estamos, el secreto de mi felicidad. Si no se puede mantener relaciones, al menos despertarme con una sonrisa de buen humor por haber dormido de puta madre xD Ahora duermo mis preciosas ocho horas, y todo va de maravilla.


OK - Mejorar mi mierda de dieta

En mi última revisión del trabajo, me había subido 4 puntos el colesterol, y entre las preguntas frecuentes la doctora se preocupó por mi dieta. Y le dije la verdad: que comía basura. Cuatro de cinco días como fuera de casa.

El viernes, a veces como, a veces no. El sábado y el domingo como si me acuerdo, aunque ahora me esfuerzo y siempre tengo ensaladas de esas precortadas en la nevera, le añado atún, tomate y maíz o remolacha y marchando, ya tengo la comida.

Antes, por lo general, tampoco desayunaba. De lunes a jueves mi comida era italiano, burguer o italiano de nuevo xD. Hubo una temporada el año pasado que me daba tanto palo cocinar, que durante una semana sobreviví a bocadillo de bimbo con nocilla.

Evidentemente, cambiar esos hábitos por un desayuno de frutas, una comida de dos platos más postre (el segundo generalmente pechuga de pollo y ensalada), y macedonia de postre, ha variado la cosa.

También me he dejado de la cocacola.

Bebo agua durante el día, y alguna vez me doy un gustito, generalmente el finde si veo a los amigos, o si tengo una crisis acentuada de estrés por incomprensión del género masculino (entonces además, incluyo las patatas fritas, los conguitos y cualquier guarrada que se preste, en la cena).

No ayuda mucho que se me haya dado por la repostería, pero bueno, entonces voy al armario, me miro en el espejo y pienso… Tuuuuuuusa! Quieta pará! (aproximadamente después de la décima galleta y el tercer pastelito xD, las crisis son lo que tienen…).


OK - Hacerme con una Wii

Con una Wii y una DS. Que por cierto, no uso mucho. La verdad es que en verano me plantee reducir el gasto de cosas estúpidas, por aquello de que si me gasto 700 euros en un mes y soy incapaz de no recordar qué compré, probablemente eran todo gilipolleces (o casi todo, salvo que tenga alzheimer precoz).

La DS está guay para el verano cuando nos vamos por ahí, pero la verdad es que como en el plan de reducción de gastos se incluye el de reducción de viajes, la estoy usando más bien poco.

Me compré el Wii Fit… Huelga decir que no lo uso mucho. Está divertido, sí… Pero me gustaría más uno que tuviera juegos de aeróbic. También tengo el Dance Hottest Party… Pero no lo he jugado en exceso. Creo que solo dos veces. Aunque puedo decir que ambos, cansan.

Hubo un viernes que me quedé jugando con la Wii Fit, y me pasó lo más absurdo del mundo: me piqué conmigo misma, en el juego de slalom (equilibrio). Estuve unos 27 minutos o así. Al día siguiente estaba rota, entre eso y la media hora de aeróbic. Supongo que si lo usara cada día sí que serviría.


OK - Ser más ordenada

Hombre, sí. Salvo estas últimas semanas que tego la casa hecha unos zorros, pero bueno, soy bastante más ordenada con mis cosas ^^


OK - Viajar fuera de España

No me puedo quejar. Este año he estado en París dos veces, he visitado Lisboa, he paseado por Londres y he paseado un poco por Nottingham.


OK - Dejar de comerme las jodidas uñas

Y esto es lo que jamás pensé que vería, junto con la desintoxicación de la cocacola. Si me hubieran dicho qué pensaba que no cumpliría casi 100%, hubiera sido esto y dejar Warcraft xD

Y me queda pendiente para seguir perseverando (o simplemente empezar a ponerme en ello)

- Rallarme menos por gilipolleces

Esto, no sé hacerlo todavía. Me cuesta mucho no pensar. Ya sé que la mayoría de las veces es inútil y gasto el tiempo tontamente, pero bueno… No lo puedo evitar. Aunque esto no implica que seguiré intentándolo, por el bien de mi estabilidad emocional.


- Ponerme más en serio con el japo

A principios de año pensé que quería estudiar. Ahora me doy cuenta que con mi horario, está complicado, y no me apetece mucho ponerme con nada que implique esfuerzo mental al salir del trabajo. Simplemente, no doy más.
Mejorar mi autoestima y la confianza en mi chachiguay persona

Me cuesta. Es curioso, porque me tengo en un concepto elevado, pero a la hora de la verdad, y sobretodo en cuestiones de pantalones, pierdo el norte completamente y toda la confianza de golpe. Me inundan las inseguridades y el pánico que no puedo controlar. Pienso que no valgo la pena y no veo si no las cosas negativas de mí misma. Tengo que seguir trabajando este aspecto.


- Aprender a morderme la lengua a tiempo y controlar mis emociones y genio

Bueno, esto es otra de las cosas impensables, junto con dejar de morderse las uñas. Me cuesta a veces controlar mis emociones. Ahora por ejemplo, puedo no hacer según qué cosas, pero se me sigue notando la furia en la mirada. Sería una nula jugadora de poker.


- Nadar más

Esto sí que me gustaría arreglarlo no más allá de febrero. La verdad es que el gimnasio, aunque no me apasiona el tema del aeróbic (por una cuestión de ego, detesto ir desacompasada xD), es muy bueno para la salud. Cuando iba al gimnasio estaba más sana mentalmente porque la rabia se quedaba en algún sitio de ese espacio, y la espalda ni me molestaba. Son muchas horas trabajando delante del PC, y la piscina ayuda mucho.


- Ser un poco menos gruñona

Bueno, lo intento, pero va con el carácter. Digamos que me muerdo más la lengua.


- Aprender a organizar las horas del día

Porque organizar las cosas es una cuestión, y ordenar el tiempo otra muy distinta, pero mucho más importante. Una vez tomas control de tu tiempo y sabes administrarlo, todo va mejor, y no te sientes tan perdido o agobiado.


- Centrarme en los estudios

Imposible, hasta que cambie de horario de trabajo, como pasa con el japo…


- Disfrutar cada día

Lo intento, pero creo que todavía se puede mejorar. Me doy cuenta que mi felicidad está basada en cosas externas y ajenas a mí. Debería aprender a disfrutar de lo que tengo y lo que soy, y no estar todo el día pensando en lo que me gustaría tener, que es uno de los caminos más rápidos a la frustración que conozco. Pero, no obstante, me cuesta muchísimo.

Tengo mis días buenos, mis días malos, y mis días peores… Pero por lo menos sí puedo decir que ahora disfruto más que el año pasado =) Solo que… hay que seguir trabajando arduamente este punto ^^


- Concentrarme más

Bueh… Es que la danza de apareamiento del gamusino nocturno es tan interesante…


- Ir más al gimnasio

Esto es un MUST DO para 2009, por el bien de mi cabeza y de mi espalda.


Bueno, mal mirado, ha sido un año bastante bueno, aunque me pase el día llorando porque no he encontrado mi media naranja. Supongo que nada que no se arregle en Calzedonia…

Ahora, a pensar en los propósitos de 2009 =)

Hasta el próximo año!

12/30/2008

El cerebro masculino

El cerebro masculino es la cosa más simple que existe, y conste que no lo digo con desdén, si no desde mi más profunda admiración y envidia. Ya querría yo ver el universo desde un prisma tan cristalino.

He tenido la ocasión de comprobar a diario las reacciones de los hombres, la mayoría de las cuales me provocan cefaleas del tamaño de un tiranosaurio rex.

El otro día fui con mi hermano a Madrid, a celebrar su regalo de Navidad que consistía en asistir al Star Wars Exhibit, y al teatro para ver su primer musical “serio”, “La Bella y la Bestia”.

Pasamos por delante del teatro en la Gran Vía, de camino al metro en Plaza España, para poder llegar al Canal de Isabel II, y le digo, “… Y esta es la obra que vamos a ver (señalando al cartel)”. Mi hermano, que no se caracteriza por sus reacciones desaforadas, mira impasible la taquilla y la entrada y dice “Vale”.

¿¿¿Vale??? Y yo, pregunto “¿Es que no te gusta?”.

Él, con su cerebro masculino de casi catorce años de desarrollo me responde “No lo sé, no la he visto. ¿Cómo quieres que lo sepa? Cuando la vea te lo digo”.

O_o

¬_¬

Y es aquí cuando me plantee la simpleza de la mentalidad del varón humano: Me dio una respuesta lisa y llana, muy coherente… Pero que para mí no cabía en el contexto.

Yo esperaba un… “Sí, claro”, o en su defecto un “Jolines, que asco”… No sé…

Pero no estaba preparada para algo tan… Aséptico y sincero.

El recolmo de la cuestión es que es una respuesta perfectamente lógica.

Así que nada, aquí estoy yo, con mis taraduras mentales de siempre, y mis intentos estériles de análisis de la personalidad masculina de toda la vida, con su misma infructuosidad.

Se da el caso que me tengo que plantear el mandar o no un sms para felicitar el año.

La cosa es que mandarlo en sí, para decir “Feliz Año Nuevo” se me antoja gilipollesco. Por no hablar de que además, es totalmente idiosincrático. En realidad, yo que me caracterizo generalmente por mi sinceridad y me jacto de ello, debería decir en honor a la verdad que más que "Feliz Año Nuevo", sería más feliz diciendo "Hola, nene. Me pones, a ver cuando nos vemos. ¿Para cuando un polvete? Y si eso, podemos prolongar la situación espacio-temporalmente de forma indefinida."

Evidentemente, no mandaré nada ni remotamente parecido, porque es en extremo gore y -por más que me duela en lo profundo de los intestinos reconocerlo- no tengo las narices de hacerlo (no por enviarlo en sí, si no por las consecuencias que acarrearía, que si bien el "OK" es una respuesta grata, lidiar con un "Mmmmmm... Paso", es una experiencia más desagradable).

En realidad mandar ese burdo "Feliz Año Nuevo" es como mandar un paquete de pings a través de vasto espacio de las telecomunicaciones para que un Terminal, en la otra punta de España reciba la señal, cuyo mensaje implícito es “Hola, estoy aquí, me acuerdo de ti”. Y de paso también podría dejar entrever un “te echo de menos”, porque mal mirado nadie escribe a otro alguien si no le echa de menos.

Por lo general tengo comprobado que yo dedico más tiempo del normal a pensar estupideces (a todos los posts anteriores me podría remitir como muestra). Entiendo que, en consecuencia, otro espécimen humano pensará probablemente menos, y sensiblemente menos si es hombre.

Si faltaran dos semanas para volver a encontrarte con alguien, con quien estás en proceso de conocerte, si eres hombre probablemente no le des muchas más vueltas al tema hasta el regreso. Si eres mujer, probablemente pensarás un poco más. Si eres yo, simplemente no dormirás, y si lo consigues, seguirás analizando todas las posibilidades incluso las más absurdas (otorgando a éstas la mayor credibilidad, claro), abrirse las venas o dejar de respirar, entre ellas

Como "Fin de Año", "Navidades", y todas esas fechas prefijadas por decenas de años de contaminación yanki con sus películas ñoñas, son las favoritas por las féminas para iniciar relaciones, al ser yo una de ellas me estoy comiendo los nudillos pensando si la otra parte se liará o no con alguien, y todas las variaciones posibles de ese evento, porque tal vez alguna mala pécora haya tenido la feliz idea de aprovechar tan “románticas” fechas para declararse.

En este sentido, el pensamiento masculino, no dedicaría el esfuerzo de su pobre neurona paralítica a intentar descifrar o desvelar el destino. Simplemente dejaría que pasara lo que tuviera que pasar y listos.

Por lo tanto un hombre probablemente:

1.- No dedicaría grandes esfuerzos a meditar lo que podría pasar, porque realmente, no tiene solución. Será lo que tenga que ser, y punto. Ya se verá a la vuelta.

2.- Si la chica en cuestión le gusta, no se liará con otra, pero tampoco se martirizará pensando, en base a la premisa 1. Simplemente piensa que ya retomarán la situación a la vuelta de las vacaciones.

3.- Si la chica no le gusta, obviará la primera premisa, que de hecho ni siquiera llegará a plantearse, se liará con quien sea y a otra cosa mariposa.

Mientras tanto, yo dedicaré las próximas semanas a analizar todos los probables puntos de vista, y las reacciones a las acciones que podría hacer y no haré, porque pienso que quedarse expuesto dejando ver lo que uno siente, es probablemente una de las cosas más peligrosas que se puede hacer, después de esnifar ántrax.

A ver si, tanto que voy con chicos, se me pega algo de provecho y empiezo a entender como cojones no-piensan.

Anyway, Feliz Año Nuevo a todo el mundo.

Por lo que veo analizándome año tras año, hay un aspecto en el que no consigo evolucionar demasiado xD

Vale, no tengo ni guarra de si mandar o no el sms, si llamar o no, y estoy en el mismo punto que hace veinte minutos, pero qué bien me he quedado rajando un rato.

11/05/2008

Brand New World

Últimamente estoy siendo poco prolífica en cuanto a escritura se refiere, más que nada, por vagancia.

He estado cambiando mis obsoletas costumbres de vida, por unas bastante mejores y cuanto menos, más saludables.

Desde que duermo las ocho horas reglamentarias me despierto todas las mañanas a las seis y media, y además -lo cual es todo un logro- fresca como una rosa.

Soy capaz de hacerme de nuevo mi desayuno de super mix de frutas en la batidora, tomarlo mientras veo el noticiero –siempre BBC, Euronews o similar-, y lo mejor de todo es que abro los ojos antes que suene el despertador.

Estoy encantada de la vida.

He dejado prácticamente de lado el juego online. Ya no me motiva. La verdad es que me parece bastante aburrido después de mi período de desintoxicación, entre el verano y la falta involuntaria de portátil (que tendré que volver a mandar al técnico ya que sufrió algún problema en el transporte y el cable de la batería parece fallar, aix).

Nuevamente he retomado el sanísimo y placentero hábito de la lectura, esta vez en fase de campaña inglesa, porque el castellano lo domino ya bastante (o eso quiero pensar). Cada vez se me hace más pesado jugar. He probado el Warhammer Online, que por cierto está bastante bien para echar unas risas con los amigos y es un soplo de aire fresco y tomarse unas sanas vacaciones de Warcraft.

Ahora mismo no alcanzo a entender cómo pude dedicarle tantas horas de juego al WoW. Me sigue gustando mucho pulular por allí, pero llevo tres semanas evitándolo por miedo al reenganche. No es que me guste especialmente nada, pero es la sensación de competitividad lo que probablemente podría arrastrarme al lado oscuro.

Por otro lado, si tengo que elegir un epitafio, prefiero que ponga “Ganó el Nobel de Literatura” que “Fue la mejor maga de Azeroth”, y aunque ambas cosas son igual de improbables, prefiero quedarme con la primera.

Estoy haciendo mis pinitos saliendo a correr después del trabajo. Me cuesta dios y ayuda, mis pulmones están matándome a los diez minutos y parece que se me va a salir el corazón por la boca, y las piernas me acaban quemando lo que no se ha escrito. Pero bueno, todo irá mejorando.

He conseguido retomar el control de mis treinta y ocho metros de alquiler, donde desde hace un par de meses no quería vivir ni una cucaracha. Todo está bastante decente.

Ahora que nos acercamos a fin de año, hago un repaso de los propósitos de año nuevo y aunque cumplí pocos, estoy orgullosa de los que he cumplido. El año que viene añadiré uno o dos nuevos que quiero cumplir. Sé que ellos también me harán sentir muy orgullosa de mí, sobretodo el de comprarme una humilde morada.

Durante este perído de reflexión (mejor llamarlo así que enajenación mental) me he dado cuenta que mis aspiraciones artísticas en esta vida son más bien literarias.

Trabajar donde lo hago está muy bien, y tal, pero tengo algo que cada vez ocupa más espacio en mi cabeza, y es el adorable dueto que forman la pluma y el papel, por lo que las historias que se agolpan en mi cabeza están haciendo cola para salir al mundo, y espero conseguir escribir algo decente, e incluso lanzarme a escribir por capítulos.

Este año además está siendo bastante especial por otros motivos. Digamos que me despido del fantástico número que es el “dos”, que en adelante veré una vez cada diez años solamente, y doy la bienvenida al “tres”.

El “tres” suele ser un número con bastantes connotaciones negativas, pobre. Ya empezando por el “tres son multitud” (aunque no siempre, jaja). Empecé a notar su carga meses antes de preparar la casa para darle la bienvenida.

Empecé a sentirme vieja, porque hemos llegado al punto en que ves que tus amigos se están casando, tienen familia, y yo sigo viviendo la vida a mi aire como si el tiempo no pasara para mí, como si viviera en Nunca Jamás.

Las noches que he dedicado a pensar que me iba a quedar sola han hecho que las ojeras profundizaran en mi cara y mi buen humor menguase hasta perderse en la profundidad de las arrugas. Eran directamente proporcionales a las noches que no dormía y jugaba en Warcraft. Me gusta mucho vivir sola, a pesar de todo, pero hay noches que es muy duro que no haya nadie más en casa, y mañanas cuyo silencio ralla la locura. Sería mentira decir lo contrario.

No sé cuándo de golpe todo eso dejó de tener importancia.

Una buena mañana me desperté y dije, a tomar viento con todo. El mundo no se acaba porque yo cumpla los treinta. No se acaba porque viva sola. No se acaba porque no tenga pareja. No se acaba porque no tenga hijos. Y me rebelé contra mí misma.

Mi primer acto de rebelión fue cortarme el pelo, esa melena que no había cortado jamás por encima del hombro, así que me acerqué a la peluquería china que me había comentado mi madre (donde por cierto me trataron como una reina, a precios de populacho) y le dije al chico que me cortara el pelo, sin tirar lo que cayera porque lo tengo guardado de recuerdo.

El pelo crece, a fin de cuentas.

Me decidí a cortarme el pelo, y me llevó bastante rato tomar una resolución, cuando me di cuenta que lo que me importaba más era saber si me quedaría bien que reconocer que era lo que me apetecía. Me corté el pelo porque me dio rabia que la primera idea que pasó por mi cabeza no era si yo iba a estar cómoda, si no si me verían bien los demás, cuando aquí se trataba de que es mi cuerpo, mi mente es la que lo habita y yo soy la que tiene que estar a gusto en él.

Realmente estoy contenta del cambio.

Y poco a poco con eso vino un poco todo, recoger la casa, arreglarme, salir a correr. Tomar las riendas, en definitiva.

Me da rabia darme cuenta hoy que este último tiempo he vivido más condicionada por el qué dirán de lo que yo querría, e intentando cumplir las expectativas de los demás sin tener en cuenta las mías.

Rosa me dijo una vez, que las cosas van mucho mejor cuando finalmente decides que tú estás por encima de todo. De todo. Cuando realmente te quieres más a ti que a lo demás. Yo, que solía pensar así para el noventa y cinco por ciento de las cosas, estaba jodida porque no pensaba de igual forma en el cinco por ciento de cosas donde debería haber aplicado esos criterios.

También he decidido comprarme un piso el año que viene, porque a fin de cuentas, tengo que aprovechar ahora que puedo las pequeñas oportunidades que salen. Algo normalito, para empezar. Me gustaría mucho que fuera un piso viejo de techos altos para reformarlo, porque si cierro los ojos veo perfectamente como quiero que sea mi hogar en propiedad.

El tiempo que cede amablemente Warcraft en mi vida, lo destinaré de nuevo a los estudios. No tengo prisa por sacarme un título, así que me da igual lo que tarde en sacarme mi próxima licenciatura. Porque es un hobbie, y así debe ser. Lo que nazca a partir de ahí, bienvenido será. La opción está entre mis amados chinos de toda la vida, y filología inglesa.

Me he dado cuenta que mi vida realmente es leer y escribir. Quizás es un error castrar la parte artística de mí, y lo que tengo que hacer es reconciliar mi vida laboral con la personal de manera que quede un rescoldo para expresarme mis emociones. Jugar online está muy bien, conoces mucha gente, pero yo cuando jugaba estaba huyendo y escondiéndome de los problemas.

Siempre he dicho que nadie dedica a eso tanto tiempo si todo en su vida va rodado.

Así que ahora por las mañanas tomo mi zumo, desayuno, arreglo la cocina antes de marcharme, y veo el noticiero.

Esta mañana lo primero que hice cuando mi cabeza despertó y aun antes de abrir los ojos, fue buscar el mando de la televisión, para ver corriendo la BBC y los resultados de las elecciones de Estados Unidos.

¿Cómo puede interesarle a alguien el resultado de algo que no es ni siquiera de su país y está tan lejano?

Y yo me pregunto, ¿cómo puede a alguien no importarle? A fin de cuentas, tal y como está la situación mundial, Estados Unidos es un elemento bastante importante del paisaje.

Nunca he sido partidaria de hablar de política, porque es un tema bastante controvertido junto a la religión y el sexo. De hecho una de las cosas que me da más rabia hoy día es que por ejemplo, si tuviera que votar en España lo tendría jodido porque no sabría a quien votar. En cambio, sabría decir a quien no votaría. Me parece sinceramente muy triste tener que vivir en una situación donde tienes que escoger entre la mejor de las peores posibilidades, y no simplemente aquella opción que te parece correcta.

Yo no he vivido en USA. Lo reconozco. No he leído su constitución, ni conozco a fondo su historia, y probablemente juzgo las situaciones desde mis propios prejuicios. No soy una sabelotodo, más bien una ignorante de la mayor parte de aspectos que les atañen, y solo conozco la información tendenciosa y sesgada que me pueda llegar a través de los medios de comunicación.

Con todo, muchas veces uno decide en base a sus impresiones, de hecho creo que la política funciona así, dudo muchísimo que hoy en día vote ni siquiera un cinco por ciento de gente que se haya leído una campaña política a fondo.

Y en base a mis impresiones, es que me alegro de que haya ganado Barack Obama las elecciones presidenciales de este dos mil ocho. Probablemente me falte una cantidad considerable de información y mis prejuicios sobre la sociedad americana sean incorrectos, pero desde la imagen que yo tengo, me parece fantástico y un gran logro que hayan sido capaces de elegir no solo una persona joven para los cánones de los presidentes que han tenido últimamente, si no además, negro.

Cierto es que no deja de ser lamentable que tengas que mirar a otra persona diferente porque tiene otro color de piel. Ni siquiera ya por lo que piensa, pero así es la vida, cualquier cosa menos justa.

Otra cosa bastante impresionante de Internet es darte cuenta de algunas reacciones. Por ejemplo, trasteando por facebook, al mirar el espacio que tiene dedicado Obama a su campaña, ha tenido un alud importante de felicitaciones de gente mayoritariamente joven. Un país que quiere mirar al futuro no creo que deba ser dirigido por alguien que tiene su vista fijada en el pasado de forma perpetua.

Es increíble ver como tanta gente -si no todo el mundo- ha estado pendiente de algo así. Más diría yo, que se ha identificado con el sentimiento de esperanza que se desprendía de este acontecimiento, esperanza de que cambien algunas políticas que vienen manteniendo en Estados Unidos, para mejor. A esa esperanza le cedí mi estatus de facebook ayer.

Ahora me pregunto yo cuánto conseguirá durar en la presidencia, y espero que no pase como con otros presidentes prometedores antes que él, y que de tiempo a demostrar los cambios al otro lado del océano. Si todo va bien, y así espero que sea, este hombre acabará siendo uno de los iconos de Estados Unidos y probablemente del siglo. Pero independientemente, ya ha hecho historia.

En fin. Dos mil ocho ha sido un año curioso, y aunque le tenía mucho pánico a este noviembre, creo que he superado la crisis de los treinta mucho mejor de lo que tenía previsto.

Bueno, mentira.

No esperaba sufrir ninguna crisis de los treinta.

Welcome level up to thirty!

10/01/2008

Splitted

La verdad es que llevo unos días que para qué. Parezco el Dr. Jekill y Mr Hyde. Paso bastante rápido del buen al mal humor, aunque en el fondo no tengo así demasiados motivos para estar enfadada. las cosas van como van, y salen como salen.

El otro día vi un cartelito por ahí no sé dónde, que decía que todo tiene un final feliz, que por lo menos llega al final. Sí bueno, tengo mis teorías al respecto.

Quizás estoy demasiado amargada. Quien sabe.

La verdad es que en esta psada semana he llegado a odiar internet. Pero a odiarlo de veras. Yo. Eso ya es grave.

Que yo diga odie internet... En fin. Es como que el Papa declare que Dios no existe. Algo del estilo, que indica que estamos cercanos al apocrilipsis.

Mal mirado internet es como un arma de doble filo.

Estos días pasados encontré viejos amigos de cuando iba al instituto, gente que hacía mil que no veía, y me alegro mucho de haberlos encontrado la verdad. Aun me queda ver si en algún sitio por ahí perdida, puedo localizar a Georgina.

La cosa es... ¿Hasta qué punto puede un reencuentro con alguien hacer tambalear tu vida? No sé, no lo tengo muy claro.

Cuando era pequeña, me gustaba un tal Héctor Carrasco. Bueno, primero fue un pobre chaval, Tomás Morgado, que era así majo pero claro yo iba a primero de EGB, asíq ue eso no cuenta xD Después el que más tiempo me duró fue Héctor, que a todo esto no sé qué le vi.

Mirando atrás me doy cuenta que siempre he sido bastante obsesiva, en el sentido que si alguien me gusta, quiero saberlo todo de ese alguien. Imagino que visto desde fuera, asusta. No es que me dedique a preguntar directamente, claro, pero sía fijarme en los detalles y averiguar por mi cuenta intereses, aficiones, conocidos, todo lo que pueda. Es la maldición de ser muy inteligente y saber acudir a muchos recursos.

De todas formas, erróneamente me ha pasado que los objetos de mi investigación han creído que les quería más de lo normal. No es así. Simplemente, soy muy curiosa. Lo hubiera hecho por cualquier persona que me llamara un mínimo la atención. Aunque también es cierto que luego me encariño muy rápido.

Pero el tiempo pasa, para todo el mundo. A veces me acuerdo de Joan, tachándome de romántica porque me gustan las películas ñoñas, aunque yo ya sé que eso no existe y por eso precisamente, insisto, me encanta ver esas pelis. Igual que leo libros de fantasía aunque sé que no existen los dragones, solo porque sería bonito que tal vez existiera. Soñar es gratis. A veces se me hace tan dura la realidad, que ¿para qué voy a ver treinta películas como "Munich", o como "Un corazón indomable"?

Por eso yo sé que las cosas me afectan hasta cierto punto.

Dicen por ahí que la memoria engrandece los recuerdos, los modela, los tergiversa... Bueno, imagínate ahora que mezclas eso con internet, y coges un recuerdo, lo reencuentras en la red a través de una red social, y lo reafirmas mitificándolo además con al distancia. "Dinastia" al lado de eso es broma.

¿Por qué la gente tira cosas que tiene, por castillos en el aire? No lo puedo entender bien.

Hoy por hoy sé que si estando yo con alguien apareciera Héctor, le mandaba al carajo. Es más, hoy por hoy, se me aparece Tony que es la persona que más he querido en mi vida, y le mandaba al carajo igualmente. Pero parece que a veces las espinas se quedan más clavadas en algunas personas que en otras.

Entonces, miras la contraparte, y averiguas por ahí que esa quimera estaba casada, prometida, "arrejuntada", o como quieras decirlo, con alguien; cuando justo a través de una red social reencuentra a la persona que tú estás conociendo, y empiezan a hablar. Y un buen día, ella se entera que tú existes y da a entender que está celosa. Y el chico en cuestión cree leer que entonces si se pone celosa, es que él le importa. Y te deja porque quiere intentarlo con ella, quimera que hace 13 años que no ve, y todo en base a un recuerdo.

Es difícil de racionalizar. Bueno, como cualquier sentimiento en esta vida.

Entonces empiezas a pensar en lo poco que vales, aunque todo indique que no es culpa tuya. Y pienso joder, yo me merecía esa oportunidad. Quiero decir, yo estaba ahí, yo demostré interés, yo me cogí un avión y me fui a verle, y no porque esté enamorada ni nada, si no porque pensaba que valía la pena conocerlo más. Y no me hubiera importado para nada seguir conociéndolo.

Me gustaría que fuera una de esas excusas malas que te dan por ahí, pero va a ser que no.

Entiendo también que no vale la pena que le de más vueltas, por más que me jodió y me dolió. Porbablemente bastante más de lo que se haya pensado. Pero no fue tanto por su culpa como quizás por culpa mía por sentirme estúpida por confiar en nadie. Cada vez se te van más las ganas de confiar en la gente.

Reencontré en esa red social a mi amigo de la infancia, quien intentó muchas veces hacer de mí alguien más asquerosa y superficial, para que me jodieran menos y disfrutara más de la vida. Bueno, creo que igual es tiempo de probarlo.

A más camino más compruebo que la vida no está hecha para las buenas personas, ni laboralmente ni en lo personal.

Me imagino el panorama, aunque no quiera, de la muchacha esta que estará ahí con los lloros de lo mal que le fue con su relación anterior, etc. Y me acuerdo de eso tan típico que hace la gente que para superar una relación fallida se enganchan a lo primero que viene, y si encima te hace caso, y está empezando otra relación con alguien... Bueno, una dosis de celos para demostrar que a ti también te importa.

Qué más da que intente entenderlo. Qué más da como sea. La cosa es que valgo menos la pena que eso. Pues nada.

No es que viva amargada, porque a veces miro el blog y pienso, joder, no escribo una puta cosa alegre. No es que no me pasen cosas buenas (que son las menos, también hay que decirlo), pero necesito desfogarme de las malas.

A veces siento que algo dentro de mí se rompe, cuando creo que ya está bien pegado y me va costando más y más arreglarlo, como pegar una figura que se ha caído y a la que se le rompió un brazo, y cada vez que se cae cuesta más pegarlo hasta que un día igual ya no puedes hacer nada.

No es que no sea capaz de estar alegre, ni que no me ría con los demás, es simplemente que estoy jodida y siento esas dos partes de mí separadas como el agua y el aceite dentro del mismo vaso, y no soy capaz de cohesionarlas. Además está el hecho de que soy muy fatalista, todo sea dicho.

Los fines de semana son los mejores días, sobretodo cuando quedamos para comer, cenar, ir al cine, jugar a rol (sí, ahora estoy descubriendo el rol de mesa y hombre, me río bastante), vemos una peli, cocino, paseamos y tal. A veces me quedo a dormir en casa de Dereck y Meri porque duermo mejor en su sofá que en mi cama, pero ya no lo necesito tanto. Supongo que es el hecho de saber que no estás solo en la casa, y que ese sofá que lanza soul link al instante te atrapa (me he dormido intentando ver "La novia cadáver", "El caso Slevin", y no sé cuántas más).

Y cualquier día dejo Warcraft, porque ocupa mucho tiempo y cada día es más aburrido; y descubrí con Rosa un centro cívico cerca del trabajo donde hacen varios cursitos interesantes, además que estoy muy emocionada con el tema de la gastronomía.

Por cierto, que el tema de viajar me ha gustado mucho y creo que voy a seguir con ello en los años venideros, aunque la verdad prefiero viajar sola a ir en según qué compañías.

Cocinando con Yson - Ubber salsa de tomate

La receta esa de la salsa de tomate que se te repite tres días mínimo (garantizado)

Es ideal para pastas estilo macarrones, o fussili. También se puede servir con otras pastas rellenas.

La verdad es que una de las cosas que me gustan más de los últimos fines de semana, cuando quedamos en casa de Dereck todos, es que puedo explayarme en la cocina. Sería una experiencia aún más fantástica si la mayoría de los días supiera al menos cuántos gorrinos vamos a sentarnos a la mesa. Aún recuerdo un día que hice Salsa Carusso para cinco personas y acabamos siendo nueve. Vaya show. Apañamos la situación añadiendo frituvarias al menú.

Pero bueno lo más frustrante creo que ha sido hasta la fecha hacer un pastel de piña, contando que éramos 5 y ver que éramos ocho, por lo que tocó a una porquería de cachito por cabeza =_(

El otro día repetimos la experiencia de la pasta con mi famosa salsa anti-parejil o la-salsa-que-te-deja-lleno-una-semana-y-se-repite-otro-tanto, como se podría denominar en gnómico xD

Dejo por aquí la receta. Evidentemente, se sirve con un buen parmesano. Nada de quesos rallados chungos.


Ubber salsa de tomate (se repite por tres días)

* Dificultad: Nula (ideal para hombres, amebas, singles, estudiantes y vag@s)

* Tiempo: Cincuenta minutos (incluídos los treinta de cocción)

* Comensales: 6 a 8

* Utensilios:

- Sartén profunda, mínimo 25 cm
- Espátula de madera


* Ingredientes:

- Un pimiento rojo
- Un pimiento verde
- Una cebolla (y tres paquetes de kleenex)
- Tres o cuatro dientes de ajo
- Un chorizo estilo Palacios (en mi caso, que no pique, pero a gusto del consumidor)
- Un vaso de aceite de oliva
- 400 ml de vino tinto peleón (estilo Don Simón, si quieres algo más exquisito, pues ales, np)
- Especias: Orégano, perejil, ajo molido, tomillo, romero (si se quiere), sal y pimienta
- 3 bricks de tomate frito


* NOTA: También es posible combinar dos de tomate frito con uno de tomate triturado natural, en cuyo caso, además, añadir a las especias un poco de azucar para cortar el ácido).


* Preparación:

- Dejar preparados a mano el aceite, el vino y las especias.
- Pelar y trinchar los ajos en trocitos pequeños. Reservar en un plato aparte.
- Despellejar el chorizo y cortarlo en rodajas de 2 a 3 mm de ancho. Reservar en otro plato aparte.
- Lavar bien los pimientos y picarlos en dados pequeños. Reservar en otro plato diferente a los anteriores.
- Pelar y picar la cebolla. Reservar en el mismo plato que los pimientos.
- Poner la sartén al fuego, a calentar. Una vez caliente, verter el aceite. Esperar a que éste caliente también.
- Echar el picado de ajo al fuego, dejar dorar un poco.
- Una vez dore el ajo, echar el chorizo. Esperar a que dore. Cuando esté hecho (la grasa del chorizo se vuelve transparente), verter el picado de cebolla y pimientos.
- Remover cada tanto, esperar a que las verduras queden pochas e incluso se las puede dejar dorar un poco.
- Verter los bricks de tomate.
- Verter el vino.
- Condimentar con las especias.
- Dejar cocer aproximadamente media hora, para que evapore bien el vino y condense la salsa. Conforme pase el rato, la salsa irá adquiriendo un tono más oscuro. Ir removiendo cada tanto para evitar que se pegue.

9/30/2008

Nada

Who waits forever anyway…

Me alegro. Me alegro mucho. En serio.

Me alegro mucho de poder cerrar los ojos y descansar de una vez por todas, por fin.

Aunque esté oscuro, y sea de noche, y ya no se oiga nada a mi alrededor. Aunque ya no haya más voces ni nadie más esté despierto a mi lado. Aunque empiece a hacer frío y me haga consciente poco a poco de la humedad que cala mis jeans viejos dejándolos pegados a mi piel.

Aunque lo único que pueda oír de fondo es música de Queen, que me recuerda levemente a mis padres. Aunque deje atrás un montón de personas que quizás debería echar de menos.

Aunque lo último que llegue a detectar es ese aroma gaseoso ligeramente familiar.

Qué suerte tienen los animales, que no les educan para torturarse mentalmente, ni se sienten ligados a nada, ni guardan resquicios de culpabilidad. Nada dura para siempre.

Estoy cansada de todo. De levantarme cada mañana, de sonreír aunque no quiera, de ser amable, de vivir vacía. No hay una sola noche que me pregunte por qué motivo debería levantarme una mañana más, y que me cuestione qué es lo que hace que la gente tire para adelante.

Lo he hablado mucho, escucho por ahí cuando la gente comenta entre sus amigos. Por la familia, por los amigos, por los hijos, porque es pecado, porque no hay otra oportunidad.

A mí eso de vivir se me hace muy pesado. No le encuentro ningún sentido, a pasar un día tras otro en la miseria, en el trabajo, en la desesperación. Incluso he llegado a pensar porqué al Estado no le gusta que la gente se suicide, y la única respuesta viable que encuentro es: porque son menos impuestos. ¿Te imaginas que hubiera una hecatombe y el cincuenta por ciento de la población activa decidiera suicidarse? Bueno, hazte una idea de dónde acabaría la economía. No me creo todas esas monsergas de la ética, la moral y la Iglesia. A fin de cuentas, es mi vida, es mi cuerpo, y en todo caso, es mi alma. Nadie más que yo tendría derecho a decidir aunque estuvieran a tiempo.

Siempre creí que acabaría en un psiquiátrico. No fue así. Seguramente mi idea de los sanatorios, como otras tantas impresiones en mi vida, es un tanto romántica y no existe.

Me pasé toda la vida buscando una respuesta, pero es difícil siendo atea. Quizás es por eso por lo que la gente cree en algo, para no volverse locos, para no sentirse tan extremadamente vacíos y creer que vivir tiene algún tipo de sentido y al final existe una recompensa.

Mírame, soy la viva imagen de la locura. Si la humanidad por la mañana pensara que lo único por lo que se levanta el país es por pagar la hipoteca… No llegaríamos a ningún sitio.

No entiendo por qué yo pienso así y los demás no, y sé que no es un tema que pueda tratar abiertamente. Aun gracias que de tanto en tanto puedo comentar esto con alguien sin que piensen que estoy loca de remate. Aunque bueno, ya no tiene mucha importancia.

Muchas veces he tenido esa sensación de irrealidad. Como si la vida fuera una película que le pasa a otra persona y que en algún momento alguien la “hará” saltar, y contemplo lo que sucede en tercera persona. Creo que en esos momentos de alienación mi mirada debe ser bastante extraña, cosa que la gente entiende como “pasotismo” pero es que simplemente me parecen de mentira. Como si lo que hablaran no fuera conmigo.

Después, no sé cómo, parece que alguien toca un interruptor y conecto de nuevo con la realidad, aunque no es algo que me guste mucho. Por eso supongo que en el fondo muchas veces me dado lo mismo que me gritaran, porque para mí eso estaba pasando en algún sitio ajeno a mi persona.

Con todo, aunque lo mío me ha costado, he conseguido llegar bastante lejos.

Sé lo que va a pensar todo el mundo mañana, cuando se levanten y no me vean. No es culpa suya, en absoluto. Él simplemente fue la gota que colmó el vaso de mi estupidez.

Qué le voy a hacer si soy así de estúpida, que tanto me fío de los demás, que tanto doy. Quizás tenía tantas ganas de sentirme completa… Pero una patada tras otra, una puñalada tras otra, por más que te levanta llega un día que te hace tanto daño que no lo puedes remediar. Y aquí estamos.

Llegas a creer que no vales una mierda. Para nadie. Llegas al punto que estás cansada de escuchar, “él se lo pierde”. ¿Por qué? ¿Por qué es malo ser como eres? ¿Por qué es malo demostrar afecto? ¿Por qué es malo querer a alguien? ¿Por qué parece que lo único que te hace sentir vivo es el dolor? Qué lástima que nos engañen diciendo que vinimos al mundo a ser felices. Mentira. Vinimos a llorar y a sufrir. ¿Por qué querría nadie ser padre en un infierno así?

He sufrido muchas veces, como todos, me imagino. Si escribiera un libro con la cantidad de absurdidades que me han pasado… No lo compraría nadie por fantástico. Pero esta vez ya no tengo fuerzas para levantarme y continuar, porque no quiero que la historia se repita una vez tras otra. Ahora soy consciente de que no valgo nada para nadie, ni siquiera para mí. Que valgo menos que un recuerdo, que valgo menos que una quimera. ¿Tan horrible soy? ¿Tan poco valgo? Que incluso un fantasma que llega del pasado es capaz de desbancarme con tres palabras burdas…

Me he aburrido de escuchar que no me preocupe, que vendrá otra persona, que es un imbécil, que no me merece, que no vale la pena. En el fondo es que simplemente, nada lo vale, ni siquiera vivir. Que es un idiota, que más vale saberlo ahora que más adelante. Que es un pusilánime, un blando, etc… Bueno, ¿y qué soy yo entonces? Una idiota, una crédula, una desesperada, una indeseable.

No me quiero levantar mañana para ver repetida la misma película con un nuevo protagonista estelar, ni quiero que se levante nadie más.

Y aquí estamos, juntos los tres. ¿No es maravilloso? Él con el tiro en la cabeza con sus ojos cristalinos desgarrados en horror al contemplar la figura de ella, degollada, su sangre empapándonos la ropa; y yo con ese sopor tan acuciante, esas ganas de dormir que no puedo reprimir mientras Queen suena de fondo, como una canción de cuna después de la cual ya no quedará nada más que una sonrisa en mi cara por haber escapado de esta mierda de vida.

There's no time for us
There's no place for us
What is this thing that builds our dreams yet slips away
from us

Who wants to live forever?
Who wants to live forever....?

There's no chance for us
It's all decided for us
This world has only one sweet moment set aside for us

Who wants to live forever?
Who wants to live forever?

Who dares to love forever?
When love must die

But touch my tears with your lips
Touch my world with your fingertips
And we can have forever
And we can love forever
Forever is our today
Who wants to live forever?
Who wants to live forever?
Forever is our today

Who waits forever anyway?