4/16/2008

A ras de suelo

(c) Steven Stahlberg - Countess Dracula

" Está loca por mí. ¡Qué mujer no lo está! Yo sé que va usted a preguntarme cuál es mi secreto... ¡Voto al diablo que sois osado! El secreto es no darles a entender que se las quiere. No ir nunca de trás de ellas. Que ellas vayan detrás de ti. Hay que avivar el cariño del amor con el abanico de la indiferencia..."

- Los Hermanos Marx en el Oeste


Muchas cosas, a ras de suelo, son prometedoras, desafiantes, una muestra de poder, de habilidad, de coraje. Como volar a ras de suelo, en ese pequeño espacio, ínfima distancia que separa el cuerpo de la superficie, el éxito del fracaso, y que premia la pericia y te transforma en alguien especial digno de admiración.

No obstante, a ras de suelo, también viven los gusanos. Esos seres pequeñitos, repugnantes cuyos días trascienden simplemente reptando entre la tierra, entre la porquería, entre el moho, y pasan la mayor parte de su vida inadvertidos, condenados a morir víctimas del pájaro tan digno que vuela prestamente a ras de tierra.

Y a ras de suelo -como el gusano- viven anímicamente su patética existencia algunas personas. Arrastrándose, dejándose pisotear, humillándose, intentando trepar por el tallo flexible de esa bella planta que al capricho se dobla a un lado u otro. Y sí, son especiales: especialmente idiotas.

Hasta los huevos –hablando en plata-.
Aburrida de emular a los gusanos. Si alguien hubiera querido que nos arrastráramos por los suelos nos hubieran dado anillos y no dos piernas. En consecuencia: que le den al mundo. Que le den a ella. Que le den a él.

Tengo amigas que son capaces de enviar a la gente a la quinta mierda, cuando los demás se muestran inseguros sobre si empezar o no una relación, mantenerla o no, mandarla a la mierda o no.
Y yo -como otras-… En esos momentos de incertidumbre, me quedo bloqueada como en ese examen de mates que te preguntan la solución a una ecuación que has hecho mil veces pero… La mente te juega una mala pasada y te quedas en blanco.

En blanco, sin respuesta, con sudor frío, preguntándote dónde está el baño más cercano, porque tienes ganas de ir a miccionar. Con esa cara de poker, pensando si ya agotaste el comodín del público, o si puedes utilizar el de la llamada para hacer un comité telefónico de urgencia, comentar la jugada con los amigos y dar la respuesta definitiva.

Inexplicablemente, luego, con la cabeza funcionando a todo trapo, cavilando mil argumentos que sean capaces de convencer al otro. Vamos a ver, tú sabes hacerlo, lo has hecho mil veces, hacer que la gente cambie de opinión, llevarlos por tu camino, ponerlos a tu favor… Y sin embargo… Él permanece impertérrito.

Y más diría: gélido, quieto, como una piedra, observando –o no-, como estás al borde de la súplica, cómo te humillas pidiéndole que te devuelva la palabra, mientras te vuelves loca, mientras vuelves locos a los demás.

No se te pasa por la cabeza pensar que no vale la pena.

Por otro lado, tú, persona acostumbrada a manipular la mentalidad ajena, no te planteas que si consigues algo con argucias, no vale nada. Cero. Lo que consigues es una ilusión, una efímera quimera que se desmoronará como el castillo de naipes construido en una mesa sobre cuatro cartas mal colocadas.

Pero no quieres renunciar, no quieres acabar con eso. No todavía. "No se me caerá el castillo", piensas… Cuando lo cierto es que hace tiempo que ya se derrumbó, y lo único que estás haciendo es degradándote. Degradándole. Degradándoles…

Suplicando a sus pies, a ras de suelo, como el gusano que en cualquier momento aplastará con su zapato, y dejará atrás un paso más tarde mientras sigue su camino.

Yo no soy un gusano.

4/14/2008

Retomar la ola

Reinos de Leyenda, Los Años Oscuros

Todos los frikis acaban en el mismo sitio.

Siempre lo dije: “El mundo es un pañuelo…” (“Y tú eres mi moquito preferido”, añadiría Montse), y los frikis, pequeña comunidad de personas afines, gustos similares y complementarios, que pululamos por la red, por las librerías, por las comictecas y ludotecas, que frecuentamos y alimentamos la industria del ocio en general y videojuegos en particular, somos esa extensa familia que se deja de ver y reaparece en el rincón más insospechado.

Esa familia, cuyo primo tercero lejano, por parte de la tía de tu madre que acabó perdida en la jungla del Amazonas porque su avioneta con el pedido del Action Cómics número uno, aytografiado, se extravió entre la arboleda y tuvo que ir a rescatarlo; apareció en la tienda de debajo de tu casa a explicar la hazaña y dedicar no pocas ovaciones al logro.

Hacía como un año que no veía a la gente de Asshai, éramos un grupo más o menos compacto que el año pasado íbamos al cine, a cenar, a frikear, de compras, a casa de uno u otro a celebrar Reyes, a jugar a la Wii… Pero la vida da muchas vueltas, y a veces te separas.

Dejas de habla con una persona, sin saber exactamente porqué, pues no ha pasado nada grave, ni te has peleado…. Simplemente, un día dejaste de llamar.

A más días pasan entre la última llamada y “hoy”, más incapaz te sientes para retomar el contacto. Te invade –sin saber tampoco el motivo- la vergüenza.

Una mañana te despiertas, y te das cuenta que hace un año que ya no hablas con tu grupo de amigos frikis. ¿Dónde estamos todos? Uno estudiando en Escac, otro currando en Madrid y preparando el viaje a Japón con la novia… Ya no le ves a pesar de que le animaste a jugar a WoW en tu Server… Otra es arquitecto, otro está embarcado viajando por el mundo rodeado de tíos en un pedazo de metal que flota en no sabes nunca qué mar en concreto…

Y los días pasan, sin pena ni gloria y te das cuenta que ya no vais ni al cine.

Para ti, los días transcurren entre raid y raid, entre libro y libro, entre viaje y viaje; pero uno de ellos, al abrir el mail, ves un mensaje… ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos? ¿Por qué no quedamos? ¿Nos hemos enfadado? Y si no estamos enfadados… ¿Qué nos impide juntarnos?

Y la respuesta es… La inercia, esa fuerza tan poderosa, que te mantiene unido a alguien por motivos que ya no recuerdas, o también te separa cada vez más. Afortunadamente, alguien tuvo la moral suficiente para acabar con esa estupidez… Así que volvimos a empezar a quedar. Me alegro mucho, en realidad.

Los frikis, acabamos siempre cruzándonos unos con otros, en los mismos círculos.

Hace unos meses fui a la cena tercer aniversario de Asshai, porque a fin de cuentas, aunque ya no soy forera activa, qué demonios… Tenía ganas de salir de casa y relacionarme, charlar y ponerme al día y pasarlo bien con personas que tienen cosas en común.

Y de golpe y porrazo, me topé de bruces con un chico, dependiente de una tienda de cómics que frecuento.

El mundo, es increíblemente pequeño.

Además, a menudo paso por delante de su tienda, que está estratégicamente situada a los pies de la casa de Rosa, lo cual –todo hay que decirlo- es una jodida tortura.

Por lo general, cada vez que quedamos con Rosa para tomar un café justo debajo de su casa (su edifico tiene la tienda friki a un lado, y al otro nuestro café “fashion” de barrio), acabo gastando pasta en mangas (y para colmo me quedan otros tantos títulos cuya adquisición no puedo sufragar). El mundo es un sitio cruel.

Una de esas tarde-noches a la salida del trabajo, en que pasé a cotillear si hay novedades, a pesar de que ella no está para tomar un café; mientras yo oteaba la mesa a la caza de un manga nuevo que leer (probablemente, el mahwa Cynical Orange), escuché de fondo una conversación…

- … Y han puesto a la venta en la web la espada…

Paro la oreja…

- Sí, la del juego, la espada de Arthas.

Paro las dos orejas y no puedo evitar decir…

- Frostmourne, ¿no?

El tipo me mira, mira al dueño de la tienda, me mira una vez más y vuelve a su conversación, pasando de mí como de la mierda.

“Eh tío, ¿qué coño haces?”, pienso, “Pero que no me ignores, coño… ¡¡¡Que yo también sé de qué hablas!!!”

Pero no me incluyen en la conversación, y sin mangas ni charla me voy con las orejas bajas a casa, cual perro apaleado. Mira que es borde la gente /cry.

Unos días más tarde, estaba esperando a Rosa en el portal, cuando el dueño de la tienda asoma a la puerta y me da un papel. ¿Será mi entrada para el Salón del Cómic? Pero no, era un papel con un mail apuntado… El mail de El Friki de la Espada de Arthas. Me comenta que el chaval está pensando comprársela pero que es muy cara si cuentas los gastos de envío, y que hacían un pequeño descuento en los portes si pedía una yo también, así que de estar interesada en la compra, que contactara y que habláramos.

Al llegar a casa le añado al msn, y me pongo a jugar un rato, pero no le veo conectar ni al final de la noche. Bueno, ya hablaremos otro día.

En esas, llegamos al pasado fin de semana.

El viernes ha sido apoteósico, me fui de compras para acabar de arreglar el piso. Total, solo me ha llevado dos años poner en orden el piso de un alquiler de cinco. No está mal…

Estuve comiendo con Derekh, Meri y compañía. Sargas y los otros no pudieron venir, y se me ocurrió que podíamos quedar el finde para ir al Mercado San Antonio.

Después, llamé a mi madre por si quería ir a mirar muebles conmigo.

Me gusta ir a comprar a Ikea, pero odio las aglomeraciones de gente, así que nada como ir entre semana. Aun no consigo explicarme cómo en el tiempo que tardé en bajar las escaleras, ya no quedaban estanterías de las que yo quería y de las que había varias… Pero bueno. Puto Murphy. Tuve que volver el sábado a primera hora para recoger las estanterías que me faltaban.

Al llegar a casa, estaba rota. Rota y medio zombie. No tengo mucha constancia de la hora que era cuando me fui a dormir, pero no creo que fuera antes de las dos de la mañana, que sumados a esos días que dormí cinco horas entre semana, hacía que me durmiera por las esquinas.

¿Para eso dejo la raid? ¿Para seguir yéndome a dormir a las mil? Bueno, al menos me voy a dormir a las mil, pero sin estrés (o casi).

Ikea queda muy cerca de la casa de Montse, una vieja amiga de la infancia, a quien –debería caérseme la cara de vergüenza-, veo una vez al año o dos…

Por el mismo motivo que ya no veo a la gente de Asshai: porque un día dejas de llamar sin saber porqué, y entras en esa espiral decadente. ¿Qué mejor excusa para llamar que un desayuno, si estoy al lado de su casa?

Y nos tiramos toda la mañana de charlas, de risas, desayunamos, comimos, y hasta escribimos un cuento a medias para la uni.

Ella está por graduarse, lo cual indica que hace 3 años que está en la carrera… Tres años que han pasado volando y no me lo puedo creer. Se quiere volver a USA, y yo pienso… ¿Cuántas veces la vi en este tiempo? ¿Cuatro? Y ahora se vuelve a marchar y quien sabe cuando la veré de nuevo. Debería haber aprovechado mejor el tiempo. Debería haber cogido más veces el teléfono para llamarla.

Y más contenta, después de haber pasado un rato juntas, volví a casa.

Hacía un sol del carajo, el cielo azul brillante, y no tenía ganas de coger el bus, quería caminar. Pasear y respirar el fantástico aire contaminado de Barcelona. Ese que a buen seguro contribuye a generar mierda en los poros de mi piel.

Llego a casa, ya comida, y dejo por ahí en medio tiradas mis cosas. Total, el finde que viene es finde de arreglo febril, y poner cada cosa en su sitio en la nueva distribución de casa.

Conecto el ordenador, enciendo el WoW, el msn… Y aparece mensajito de que El Friki de la Espada de Arthas me ha añadido.

Empezamos a hablar.

“Hola”, “¿Qué tal?”, y le comento que no me voy a comprar la espada, que vengo del Ikea, y que estoy en plan “redecora tu vida”. Me dice que él tampoco la va a comprar de momento y que estamos en contacto por si acaso, para futuras compras frikis conjuntas.

La conversación se va por otros derroteros.

Recuerdo que es de la UPC, y no sé cómo acabamos hablando de nuestras historias gamers… Y como parece que es tan friki como yo… Le pregunto… “Oye, tú conocías pusa? ¿RL?” y me dice… “Sí, yo jugaba en Reinos, de hecho”.

Y me apisona la emoción, seguida de corto por la mañana de recuerdos y sensaciones que me dejan más plana contra el suelo que un dibujito 2D estampado en la acera. Empiezo a avasallarle… A preguntarle, si conoció a esta o a aquella persona…

Y les conocía… A Bane, a Dreamhealer, al Elho… Y no se me cayeron las bragas al suelo del susto, porque llevaba los tejanos puestos.

Qué fuerte…

Recordar tantas cosas de golpe, y compartirlas, con un tío que acabas de "conocer" de rebote en una tienda de manga, porque el dueño te ha dado su mail en un papel, y fue la pura casualidad de que ese jueves pasaste a pesar que no está en tu ruta habitual… Pensando que de haber ido otro día cualquier ni te hubieras cruzado.

Se despertó la morriña en mí, recordando los viejos tiempos muderos, las viejas risas. Los viejos amigos…

Cuando la conversación acabó, me volví a Warcraft, a raidear un rato con la maga de un amigo, y a pensar, en lo que es la vida, minada de casualidades.

Mi madre me arrancó de la ensoñación y me trajo a tierra de una patada. Se habían llevado a mi padre al médico, de urgencias, porque no se podía mover bien y le dolía mucho el pecho. Me dijo que me llamaría por si tenía que ir a cuidar a mi hermano. “Vale”, respondí yo, mientras seguía raideando en Mount Hyjal.

Y pensé… Que le den a Mount Hyjal. Lo de mi padre no es grave, pero, aun así… Tenía ganas de verle, porque en estos últimos días me estaba dando cuenta de verdad de que las cosas hay que hacerlas en el momento. Igual mañana quiero ver a mi padre y está muerto y ya no puedo.

A mi padre no le gusta que le visiten si está enfermo, pero, ¿qué carajo? Y me vestí y me fui, aunque solo fuera para decirle que con la mascarilla, solo le faltaba el X-Wing y podría ser un perfecto piloto de la Alianza. Mi padre, claro, me llamó japuta porque no se podía reír, y yo no podía parar de hacer bromas chorras.

No es que siempre hayamos tenido una relación especial, pero bueno, ahora la relación mola más, porque hablamos de tú a tú.

No hay que perder el contacto con la familia. A veces, se me olvida.

A la noche, cuando volví a casa, quería dormir, pero me crucé a Nacho, y estuvimos hablando… De muchas cosas y me entré de nuevo la morriña… Así que al final, le enseñé el Devel: una ruta turística por un MUD medio muerto, medio vivo… Le expliqué lo poco que yo recordaba de cómo funcionaba… Y miraba mis chars creados en 2004. Parece tan lejano todo.

Y me preguntaba, mientras le enseñaba mi antiguo hogar, dónde están mis amigos, dónde está la gente con la que me hablaba… Cuándo dejé de llamarlos, porqué perdí el contacto… Y les eché de menos, ellos, que me enseñaron el Laberinto, con quienes pasé tardes de verano riéndome en la Charli, jugando a la consola, al MUD, gritando entre las cuatro paredes de aquella ínfima asociación “Iñigo Montoya”…

Aquellos, a quienes en navidad les mandaba algún regalito.

Dejé de pasear con Nacho a las cinco de la mañana, y me fui a dormir, que al día siguiente era ya domingo y yo había quedado para ir al Mercado.

El domingo fue uno de esos días a los que le faltan varias horas: mercado de mañana, comprar la comida a las 13.30h, comida con la familia a las 15h, posterior vuelta a casa de Derekh a jugar a la wii, y al final, sesión de cine.

Me lo pasé genial, y sobretodo, me ha hecho mucha gracia, ese encuentro en una tienda friki, porque pienso que aunque los años pasan y quizás perdí el contacto con algunas personas, es posible que por azar las vuelva a encontrar por el camino, visto lo visto de que acabamos todos en los mismos sitios.

Y para los que aun conservo cerca, me sirve para recordar que los fines de semana, son para eso: para descansar, para divertirse, para estar con los amigos, para ver a la familia, para ir al cine…

Para retomar las cosas donde las dejaste, y ver a las personas que no puedes tener cerca entre semana… Para no perder esa ola, y que la inercia te empuje a estar un poco más solo cada día, y que mañana, en vez de divertirte , te preguntes porqué ya no hablas con la gente que te quería y con quien tan bien lo pasabas… Y te encuentres respondiéndote que no lo sabes, mientras matas un bicho más, mientras subes de nivel.

4/10/2008

¿Sabes?

(c) bumskee_Min Yum - Above the Clouds

A veces tengo mis días malos, esos en que todo parece una mierda. Son grises, y fríos. Son depresivos. Esos en los que no tengo ganas de reír y a veces no tengo fuerzas para llorar. Me siento apática, y ni siquiera me arreglo.

Cuando muchos de esos días se acumulan, el piso se resiente. La cocina puede pasarse tranquilamente de dos semanas a un mes acumulando platos. Acumulando vasos. Acumulando moho.

Lo único que tengo constancia de hacer, es cambiar el agua a los gatos, ponerles la comida y limpiarles la arena. A veces, me acuerdo de poner la lavadora, pero doblar la ropa es un hastío. Así que simplemente, la saco, la pongo por encima de la cocina, o la llevo a mi cuarto donde acabo tirándola en el suelo.

Tú no conoces mi habitación, pero el cabezal de la cama hace unos ochenta centímetros de altura.

Bien, la pila de ropa que se amontona desde el suelo, ahora mismo le supera considerablemente.

Como me quedé sin sitio, últimamente me dedico a tirar los abrigos y el resto de la ropa que me saco encima del escritorio de la biblioteca, donde tengo el sobremesa. En consecuencia, hace meses que no lo uso, y ni siquiera puedo practicar con la tabla digitalizadora porque no hay espacio.

Me fastidia barrer, así que tengo una aspiradora. Pero también pasarla por la casa me fastidia.

La única habitación que se libra de esta existencia entrópica y el abandono (y por los pelos), es el salón, donde he acabado haciendo vida delante de la tele y el portátil. Es el único sitio que permanece levemente adecentado, más que nada porque si no, no tengo dónde meterme.

He empezado a odiar mi cuarto, donde duermo. Está medio vacío y carece de alma. ¿Sabes a lo que me refiero? Solo hay una cama y un armario. No hay nada más, ni libros ya siquiera. Y eso, contribuye un poco a la melancolía.

Es curioso, porque está pintado de azul -que es mi color favorito-, pero ni siquiera con ello me siento más cómoda. Así que he decidido mudarme al salón.

Ya sé que mudarse dentro de la propia casa de uno, no es muy frecuente. Pero necesito ese “cambio de aires”. Más que nada porque el salón es muy acogedor, tiene más espíritu, y está repleto de las cosas que me gustan: mis libros, mis cómics, mis muñecos, mis dvds, la tele… Es cálido.

He pensado cambiar la biblioteca a mi actual dormitorio, porque ya no tengo más espacio para libros, y transformarla en vestidor. Cuando lo pienso, si Montse me oyera, se reiría porque fue la primera idea que tuvo ella para ese cuarto. Y si se entera mi casera, la Sra. Montse, me mata… Porque le hice tirar una puerta nueva que no me servía para nada en el salón. Qué cosas…

Pero todos esos cambios, harán que me sienta mejor conmigo misma, así que valen la pena.

Sí, todos sabemos –y yo la primera- que tiendo a ser fatalista. Ahora lo único que quiero es encontrar la forma de sentirme bien conmigo misma, pero a veces es muy difícil. Sobretodo porque no es un secreto que me siento incompleta. “Lo tengo todo…”, pero yo siento que me falta lo más importante para mí.

Esa persecución del fantasma que puedo ver por el rabillo del ojo, de esa sombra escurridiza que jamás consigo definir, me lleva siempre por el camino de la amargura y a tientas la persigo aunque se que es difícil porque nunca tengo idea detrás de quien estoy corriendo.

Es como perseguir a alguien, mientras solo ves la espalda de la gente. Por un segundo, crees percibir una espalda conocida, te acercas, estirando la mano y asiendo con ella un hombro, para obligar a voltearse a esa figura… Pero cuando se dan la vuelta, solo puedes vocalizar “Perdón, me he confundido”. A veces, la mirada que te devuelve el dueño de esa espalda, es comprensiva, o compasiva, e incluso se permiten lanzarte una cálida sonrisa… Pero otras, cuando se giran están irascibles, te contemplan como si estuvieras loco, te acribillan con su mirada y te dejan en el sitio con total desconcierto… Y el vacío expandiéndose en tu corazón.

Sin embargo, porque somos humanos, volvemos a perseguir esas espaldas con el deseo de que mañana, cuando se gire, encontraremos la sombra que andamos persiguiendo.

Hay gente que inexplicablemente, vive feliz sin esa persecución… Y yo lo admiro.

Pero es cansado, es cansado correr tanto trecho… Por eso quiero llegar a casa y estar a gusto, para reposar y retomar las fuerzas. Para divertirme, y estar en paz.

No obstante, también hay días buenos. No sé si es que son pocos, o quizás como siempre, recuerdas más los malos, pero bueno lo cierto es que también hay días maravillosos.

Como hoy.

En los días buenos, el sol brilla, y el cielo es azul, con nubecitas blancas. A lo lejos, si te esfuerzas, escuchas incluso la banda sonora de Evax dando por culo. Es lo único que estropea ese tipo de días.

Pero, con pequeñas salvedades, en días como hoy pienso que el mundo lo diseñaron para que yo fuera feliz. Porque parece que todo sale redondo, y está bordado con pequeñas puntadas, bien elaboradas y perfectas, donde todos los dibujos encajan unos con otros en un diseño pulcro y deslumbrante.

Mal que bien, avanzo. Realmente, más “bien” que “mal”.

Voy conociendo gente que me aprecia, que valoran más o menos quien soy y como soy. Algunos se han dado cuenta de que vivo en mi montaña rusa personal, que paso de la risa al llanto y viceversa con una facilidad pasmosa que incluso les exaspera... Pero como me aprecian, me comprenden y me perdonan... Y si algo hacen, es regalarme un mimo y ayudarme a que amaine la tormenta.

Ayer me decían que admiran la forma rápida que tengo de olvidar y de pasar de un tema a otro con facilidad.

Bueno, así es la vida, ¿no? Te caes, te levantas, un poco de mercromina y sigues caminando.

Y aunque soy consciente de que llegará mañana y quizás esté otra vez compadeciéndome de mi misma y mis “desgracias” (que ya querría todo el mundo decir que su única preocupación en la vida es la media naranja), lo cierto es que todo va siguiendo un curso fluido que no tengo ni idea de hacia dónde me lleva, pero es a algún sitio interesante (aunque claro está, acabe en el mismo sitio que acaba el curso de todo el mundo).

Para muestra, un botón.

Llevo muchos meses berreando con que me quiero ir a Madrid, que no me mandan a ningún curso de formación desde el trabajo… Y hoy me llega uno de un año con fecha de finalización en abril del año que viene, en el que un miércoles o dos al mes estaré por la capital, gastos pagados. Además, a parte de formándome, conociendo gente y reafirmando lazos con otras personas que ya conozco.

Me hacía ilusión ir a la Worlwid Invitational de Blizzard… Y resulta que acabaré yendo por todo lo alto.

Quería viajar, me fui a París y me voy a Lisboa… En París pasé unos días geniales caminando y con Asha. Lisboa… Los hados dirán. Pero pase lo que pase, lo cierto es que aprenderé algo nuevo, seguro, y también estoy segura de que me divertiré.

Mucha gente habla del destino, de si estamos o no marcados por él. A veces, pienso que son tonterías, y otras dudo de que sea así.

Si existe o no el destino, no lo sé.

Pero sí estoy convencida de que cada uno recorre su camino y perseverando puedes llegar hasta donde querías.

Tal vez no exista el destino, pero a veces pienso que por lo menos la buena suerte pasa por mi lado y me tira un ligero soplo de aire fresco de tanto en tanto, para que me despierte, recupere el aliento, mire adelante y siga caminando hacia donde tenga que llegar.

Cualquier mañana de estas, me despierto en Madrid, voy a Maestro Churrero, me siento en la terraza a leer… Y sé que estoy en casa.

Y entonces, me acuerdo de las palabras de Raza… “A veces conseguir lo que quieres es lo peor que te puede pasar” y simplemente espero que por una vez, no tenga razón… Y si acaso, no demasiada.

Sé que habrá cosas que echaré de menos el día que me vaya de Barcelona, a donde sea… Pero también sé que quiero cambiar un poco de aires.

¿Sabes?

Hoy estoy feliz.

El apasionante mundo de los addons, ¡con links incluídos!

WoW - Saranna en sus años mozos, primer día en Botánica,
cuando la vida era feliz y apacible en Ad Infinitum,
aun no había conocido la histeria de la raid,
y un item azul era la repolla.

No debo estar en mis mejores semanas cuando incluso internet se ha puesto en mi contra, y ha llevado mi portátil al lado oscuro. WoW no saca screenshots. Me veo reinstalando -enfrentándome a la posterior debacle de comprobar que todo está en su sitio-.

Encima, ayer estaba trasteando aburrida, haciendo un post para el foro con lo que es un addon, y que en caso de duda quien sea aprenda para qué sirven, dónde encontrarlos, y toda la pesca... Cuando el foro de los cojones -a pesar de estar pinchado" recordarme en este ordenador"- me deslogueó cuando iba a publicar y mando a tomar por culo mi trabajo (un poco más serio que la versión 2.0, fruto de una histeria cargada de no poca irascibilidad).

Para que no tenga que volver a pasar por esta experiencia traumática, y a quien le pueda servir, dejo el post, mi lista de addons favoritos y sus links. Quien quere "Mis favoritos" teniendo blog.

Ahora ya solo falta que se me borre el blog entero, y me pego un tiro directamente (amén de los backups).


*** El apasionante mundo de los addons ***

1.- ¿Qué coño es un addon?

Un addon es un programita chiripitifláutico, cuya última finalidad es permitirte jugar con una mano y dedicar la derecha o la izquierda según los vicios de cada cual -y si eres diestro o zurdo-, a realizar otras tareas más interesantes.

Se crean basándose en las herramientas que Blizzard nos presta para ello, en su sistema o lo que carajo sea de programación. El resultado final de un addon es que te simplifica (muchas veces) lo duro que es ser un raider yonki del infierno.

También sirve para niubis que serán próximamente potenciales yonkis.

2.- ¿Dónde puedo encontrar un addon?

Páginas hay muchas. Pero principalmente yo miro estas tres:

3.- ¿Qué addons necesito?

Desde el jugador super-casual al buen proyecto de yonki del infierno, todos pueden usar addons.

Los más básicos son:

  • I.- Los que miden el daño
  • II.- Los que miden el aggro
  • III.- Los que te ayudan a tener tu interfaz más decente
  • IV.- Los que te facilitan la vida de por sí

I.- Los que miden el daño

La única finalidad de este tipo de addons es saciar la necesidad masculina de fardar, vulgarmente conocida como “yo la tengo más grande”.

Las malas lenguas, y algunos profanos, sostienen que es también el mecanismo por el cual un oficial o líder de raid (yonki supremo del infierno) determina si estás o no al día, en relación a tus compañeros de raid o clase, tanto a nivel de daño como de healing.

Básicamente se habla de dos:

Ambos son igual de útiles, si bien el SW Stats está más valorado, creo que debido a tema de sincronización y posiblemente a que sea más configurable. Personalmente, aun me estoy peleando con los addons post parche 2.4, lo cual no hace si no reafirmarme en que a pesar de haberlos actualizado igual debería reinstalar mi WoW.

Este tipo de addons, cuando los tiene toda la raid instalada, cuentan el daño de todo el mundo, y su healing. Es importante que estén sincronizados, si no, los datos que emiten no "sirven para nada" (en el hipotético caso de que hagan algo más que distraer a todo el mundo).

II.- Los que miden el aggro

Aggro: concepto que define lo condenadamente mal que le caes a un bicho, de forma que cuando le "fostias" más que los demás, se te viene directo a darte en los morros, pasando del tanque (personaje cuya única finalidad es recibir todos los panes, probablemente de tendencias sadomasoquistas).

Es interesante saber cuándo vas a atraer al bicho, para echarte cubito y que se muera el siguiente en aggro a ti, tirar de invis si eres mago y te da tiempo, vanish si eres rogue, feign death si eres hunter; y que el resto se coman tus marrones (véase por lo general, compañeros con habilidades en cd, y healers con telitas).

Aprovéchate de esto para cargarte a ese tío que te cae mal en la raid, y quítate el aggro cuando esté justo por debajo de ti.

Como pasa con los medidores de daño, solo funcionan cuando todo el mundo lo tiene instalado.

III.- Los que te ayudan a tener tu interfaz más decente

Interfaz: Lapabro culto que se utiliza para definir la cosa esa a través de la que juegas, que está compuesta por su cúmulo de botoncitos, y espacios destinados a que pongas ahí tus bolsas, tus hechizos, tus habilidades, tus macros, y cualquier otra guarrería del estilo.

En él también se incluye tu retratito, el chachimapa con su chachireloj y toda la pesca.

Interesantes al respecto son las barras modulares que permiten recoger información que de otra manera, no serías capaz de apreciar a menos que estuvieras viendo a cada rato tu personaje, para comprobar el estado de tu armadura o arma; tus bolsas para contar los slots libres y la pasta que te queda, etc.

Los más utilizados son:

Personalmente, yo utilizo Fu Bar, así que para quien lo utilice puedo recomendar de base:

  • Money Fu: Te indica el dinero que tienes disponible, tanto en tu personaje actual, como entre todos los personajes que tienes en tu reino, así como dinero ganado/gastado durante el rato que estás jugando hasta que desconectas.

  • Durability Fu: Evalúa constantemente el estado de tu equipo, diciéndote en qué porcentaje se encuentra. Cuando estés full epic, también servirá para que te estreses pensando en lo caros que van a ser tus wipes.

  • Bag Fu:Controla cuántos espacios libres te quedan en el inventario, sin tener que ir abriendo bolsa a bolsa y contando los slots.

Hay mil módulos más. Cotillea los que más te interesen. Se encuentra fácil tanto en la página de WoW Curse como en el enlace a WoW Ace.

  • X Perl Unit Frames: Permite toquetear y poner a tu gusto tu retrato, la party, la raid, el focus, target, focus de focus. Modificar el tamaño de todos esos frames, recolocarlos en la pantalla como mejor te parezca, y algunas tonterías más. Bastante útil en raid, ya que la forma que tiene Warcraft por defecto de colocar los frames, ocupa demasiado espacio en la pantalla.

IV.- Los que te facilitan la vida de por sí

Aquí entran toda clase de pijotadas: desde los addons de chateo a casi cualquier mariconada que te puedas imaginar.

Para mi gusto, imprescindibles, los siguientes:

  • Deadly Boss Mods: Si quieres raidear, esto es imprescindible para saber qué hacer y a qué atenerte en todo momento. Si no lo tienes y tu RL te llama manco, tienes perdón de Dios. Si lo tienes, y la cagas... Bueno, siempre puedes irte a jugar a la petanca. Este addon te indica en todo momento las fases en las que se encuentra el boss, los ataques importantes que va a hacer a continuación, el tiempo que le queda para entrar en enrage, y cuando es importante estar a distancia de tus compañeros, a quien tienes cerca para alejarte de él (entre otras muchas cosas).

  • Autobar: Este addon es una barra adicional a las que ya tienes en el interfaz, que te deja mucho espacio disponible para utilizar en las barras “de serie”.Con él y un simple clic, puedes utilizar todas las pociones de tu inventario, los elixires, las gemas, comidas y bebidas, venenos, ítems de quest, castear teletrans, portales y la piedra del hogar; pets, vendas, utilizar tus profesiones. La bomba. Imprescindible descargar también: Autobar Config

  • Quest Helper: Por descubrirme la existencia de este y los dos que le siguen, Muri se merecería una estatua. Es el addon imprescindible para cualquier novato que entra en WoW y no tiene ni folla de dónde están las quests, lo que tiene que hacer y dónde entregar. Es el addon rey para quien se ha cambiado de facción y no tiene ni idea de donde están las quests tampoco (aquí me incluyo yo), y el addon de referencia de cualquier persona con memoria pez (también me incluyo).

  • Recipe Radar: Porque la mitad de veces estás buscando una receta y no tenías ni guarra de que estaba justo, justo, en el poblacho que visitaste antes de coger el grifo o la mantícora de turno. Te indica con un icono de “receta” en el minimapa, que tienes una cerca.

  • Minimap Button Bag: Bien, y ahora que tengo tres millones de addons en mi interfaz, y no sólo he conseguido que Warcraft vaya lento del carajo, si no que además ya no veo mi jodido minimapa, ¿cómo coño saco toda esa manada de botoncitos que le campean? Pues bajando este fantabuloso addon que es una “mochila” para botones de otros addons. Cuando necesites utilizar uno, clica el Botón Único, y busca el que necesitas.

Ales, fin del tutorial para principiantes sobre el apasionante mundo de los addons, qué son y dónde conseguirlos.

¡Hazte con todos! ¡Hay más que Pokemons!

Mantén tus addons siempre actualizados después de cada parche o expansión, si no lo haces, te serán de tanta utilidad como un condón del siglo pasado.

Acepto aplausos, abrazos, chocolatinas, golds, epics, patterns, razón: aquí.

4/08/2008

Turmalina

(c) Jean Tay - At First Sight


Desde el primer momento que la vio, quedó prendado de ella. Era brillante. Era bella. Tan llamativa que no pudo quitarle sus ojos de encima.

Siempre tan radiante, atrayendo a todos con su magnetismo, tan valorada… No pudo más que fijarse en ella, anhelarla, desear poseerla y tenerla únicamente para sí.

Para ella, él no existía. No era nadie, ni tan sólo le veía. No se había fijado jamás en su presencia. Era inocuo, pasaba desapercibido entre los demás.

Para él, era tan alegre, tan carismática, tan luminosa, tan divertida… Siempre con su sonrisa presta a resplandecer, con sus palabras siempre amables con todos y sus comentarios ocurrentes.

Le producía curiosidad, le parecía simpática. Quiso conocerla, y poco a poco se acercó a ella.

Le pareció interesante, era entretenido hablar con ella. Saber que atraía a todo el mundo la convirtió en algo exótico. Escuchar sobre ella alabanzas y sólo palabras de reconocimiento o admiración.

Parecía el tipo de chica que cualquier persona con dos dedos de frente querría tener a su lado.

Pensó que era fría, dura, inalcanzable. Inexplicablemente, era parte de su encanto, le otorgaba un morbo añadido. Intocable, esquiva. Nadie la tenía. Libre como el viento, pensó. A más distante la veía, más reto suponía demostrar que él estaba ahí, más interés ponía.

Consiguió hacerse notar, prácticamente sin esfuerzo, porque él también era alguien carismático e inteligente. Poco a poco, la fue capturando, atrayendo como la flor llama a una abeja.

Empezó a dedicarle cada vez un poco más de su tiempo.

Puedo conseguirla, se decía. Le cegaba como un diamante tallado, con la luz cantando iridiscente en cada una de sus caras.

Hasta que una mañana el milagro sucedió.

Primero fue la sensación de gozo, la exultancia del reconocimiento, de saberse reflejado en su mirada. De ser consciente que pasó de ser un ente incorpóreo y fantasmal, a tener cuerpo de hombre a sus ojos.

Era tan agradable, tan reconfortante, sentir que ella sabía que él estaba allí. Que existía, que era de carne y hueso, que era real, que no era un desconocido. Había pasado a estar en su círculo de amigos. Y ahora, ella le hablaba, le tenía en consideración, le tenía estima. Le valoraba.

Por un instante se sintió feliz, sabedor de que poseía una joya única, que le devolvía la mirada solo a él.

Estaba fascinado.

Siguió conversando con ella, cada vez más. Cada vez la conocía mejor. Conocía los matices de su voz, sus alegrías, algunas penas. Degustaba sus palabras, algunas de ellas dedicadas en exclusiva para él y solo para él.

Empezaba a entender a sus propios amigos, a paladear lo que ellos simplemente entreveían desde la lejanía que marca esa frontera que separa la amistad de algo mayor y más profundo.

Y era suya. Sí. Era suya.

Al final, era una existencia en la que ella ocupaba gran parte de su tiempo. Se sentía dichoso de sentir que estaba encantada y saber que a su lado, ella brillaba todavía más.

Empezaron los regalos.

Entonces percibió alborozado lo que era ser el centro de alguien, estar colmado de halagos. Descubrió que no era tan fría, ni tan dura, ni tan inalcanzable. Y se volvió humana. No puedes querer a una piedra, se dijo, por más bella que sea; pero puedes querer a una mujer.

Y a su vez, se dejó querer, embriagado, extasiado por sus detalles, por sus cálidas palabras, por sus atenciones.

Cada día, con la confianza que había nacido entre ambos, arrancaba de ella una capa de austeridad, de dolor, de temor; y por ello cada día, ella más resplandecía, bella, pero cercana, tangible, real.

Una mañana, se dio cuenta de lo que había conseguido: ya no era tan esquiva, ya no era intocable, ni tan "libre"; y sus ojos, que antes miraban al infinito a través de él, sin verle, se volvían y devolvían su reflejo de hombre real, una y otra vez.

Pasaron los meses, estaba siempre consigo. La enseñaba a los amigos, a la familia. Todo eran alabanzas. Ellos, que la descubrían por vez primera, la percibían como el día aquel tan lejano en que la conoció.

Brillante. Bella. Radiante. Alegre. Luminosa. Divertida.

Y él les respondió que no, que era una persona normal con quien se podía conversar. Que no era una diosa. Que era real.

Y al pensarlo, al darse cuenta, él se quebró: ella era normal.

¿Dónde estaba el misterio? ¿Dónde estaba el reto?

Como ya la tenía, y podía contemplarla de cerca, veía que era una joven corriente, que ya no llamaba la atención.

Poco a poco, empezó a distanciarse. Ella, sin darse cuenta, sin entenderlo, sin aventurarlo, continuaba entregándose al completo. A más se entregaba, más tierra empezaba a poner él de por medio.

Hablaba más con sus amigos, le hacía menos caso, ponía excusas sin sentido, aplazaba los encuentros. Empezó a ignorarla, a darle largas. Y ella comenzó a apagarse, a entristecerse, a desesperar. A llorar por las noches.

A culpabilizarse, a preguntarse por qué, a preguntarse qué hizo mal. Intentaba buscar respuestas: si ella no cambió, ¿qué había pasado?

Por contra, él empezó a verse perseguido, acosado, asediado. A sentirse culpable por cómo estaba actuando. No era consciente aun del daño que estaba causando.

Ella empezó a estar irascible, triste, enajenada, celosa, rencorosa, siempre rabiando. Le atacaba, le miraba a la vez con pasión, con ternura, con deseo, con odio, todo atravesado con una daga de dolor y de traición.

Él, no pudo superarlo, no tenía fuerzas par soportar la carga de su gema que ya no brillaba.

Y la tiró.

Ella, se hundió poco a poco en la miseria, desesperada, cada vez un poco más en su pesar, en el barro.

Sucedáneo de piedra preciosa, él la llamó. Y como tal, la desechó…

Porque desengañado, una vez en su poder, pensó que ya no valía nada.

3/25/2008

Conformismo

(c) Dan Phyillaier - Meeting of Land and Water

El roce de tu mano… Con eso me conformo.

No me importa caminar por las mañanas, ni el frío, ni el calor. Ni siquiera distingo los días soleados de los grises. Poco importa la ciudad donde me encuentre, porque en mi mente, en mi corazón, estoy siempre a kilómetros de distancia.

Se me hace muy difícil conciliar el sueño por las noches, la oscuridad está llena de fantasmas, de silencio, de soledad…

Susurro tu nombre como un mantra. Lo repito una y otra vez, con los ojos cerrados, como el conjuro que me traerá la paz y el sueño… Con la esperanza de dormir arrebujada entre mantas en un sofá prestado.

No soy débil. Soy lo bastante fuerte como para afrontar infinidad de adversidades. Sobreviví al cambio de trabajo, a la búsqueda de piso, a las compras semanales. Enterré un montón de exnovios y defenestré varios fantasmas. Animé a las pocas amigas que me quedan en sus momentos de debilidad, porque parece que cuando estoy triste lo que me anima es ayudar a los demás.

Es una distracción como cualquier otra. Y sin embargo, por más que las leyendas urbanas prediquen lo contrario, no soy la reina de hielo, ni desciendo de Juan sin Miedo. Soy una chica normal, de carne y hueso, y como tal, soy frágil, aunque cada día me toca hacerme la dura, y la indiferente y tenga que tragarme la mitad de las cosas que pienso o siento.

El otro día me decían que hay algo en mí que está cambiando, no sabemos porqué ni en qué sentido, ni hacia dónde me llevará, pero dijeron que se alegraban de que me esté sucediendo.

He dejado de darle importancia a cosas que sinceramente, vistas hoy, no son más que tonterías.

He aprendido mucho últimamente. He aprendido que puedo viajar sola, y me ha gustado la experiencia. Y en algún recodo de ese camino que me llevó a escaparme a mi aire por ahí, me di cuenta que también lo que le pido a la vida es algo muy distinto de lo que hace dos años le pedía.

Siempre he tenido pensamientos estúpidos. Alegaba que yo no tenía prototipo de chico ideal, y sin embargo, me atropellaba una retahíla de adjetivos que entretejían de una maraña de estereotipo masculino. Que no fume, que no beba, que haga deporte, que sea culto, que tenga un buen trabajo, que blablabla… Y tal vez me olvidaba de algunas cosas importantes.

Hace varios meses me empezaron a asaltar las dudas, porque mi esquemático universo fue dinamitado sin que se diera cuenta, hasta pasado un buen tiempo. Yo le pedía a la vida un estatus y siempre he luchado con esa dicotomía en mi interior: el estatus social contra la felicidad de estar con alguien que me quiera, y a quien yo pueda querer.

Apareció un alguien, un poco raro, que no era en absoluto lo que yo creía que tenía que se un príncipe azul. Un alguien que fuma, y que bebe, que de tanto en tanto se lía un porro… Que está loco y es friki como yo, aunque cada uno a su manera y con aficiones parecidas a las mías. Físicamente no es el tipo de persona en el que me habría fijado en la vida y sin embargo, le miré… Y lo que es más asombroso, le vi. Lamentablemente, una vez visto, se quedó grabado en mis ojos como la sombra del sol cuando lo contemplas fijamente.

Fue objeto –y mal que le pese, lo sigue siendo-, de tribulaciones mentales o de disección delante de una cocacola o tres pares de cortados. Quizás debería empezar a pensar en incluir la tila en mi dieta y tal vez algún que otro valium (dado que el prozac es 90% placebo, también me vale).

Me fui de viaje, y caminé como hacía años que no había andado a la deriva sola, conmigo misma. Con las bambas, con los tejanos, con la música en las orejas y una cámara de fotos entre mis manos. Ni siquiera tuve tiempo de escribir. Pasé tres días bombardeada con tanta información, con tantas imágenes nuevas, con tantos sonidos diferentes, que no tuve tiempo apenas de pensar conscientemente.

Y a ratitos, te olvidé.

Pero cuando cae la tarde, y cuando el sol se pone, mientras se escondía en algún rincón más allá del Sena, me acordaba… Y pensaba que no te había comprado ni un detalle de cumpleaños. Porque no me gustan, los regalos a pachas. Me gustan porque soy avariciosa y quiero compartir eso "también", pero lo que de verdad quería era llevarte algo propio, que te recordara a mí.

Me acordaba de los chistes privados, y de las risas tontas. Recorrí calles cuyos nombres soy incapaz de recordar, hasta que –como pasa siempre- di con el regalo por casualidad. Tu regalo, y el libro sin el que no pensaba marcharme de París, y al tener todo eso en mis bolsas, me supe libre de pasear tranquila nuevamente.

Una vez con eso en mi poder, apenas volví a pensar en ti… Hasta que volví a casa, a mi casa, a mi cuarto, a mi cama. Acechabas en las sombras. En la ropa, en las sábanas, en mi cabeza. No te pude exorcizar. Me tapé hasta perderme entre las mantas por completo, intentando conciliar el sueño. Increpé a los gatos, y no pude dormir una mísera siesta de dos horas sin un condenado sobresalto. Me rendí a la evidencia, y me propuse hacer mi mochila una vez más.

Me martirizaba la certeza de que no iba a verte en esta ocasión, pero a la par me hacía sentir libre para disfrutar tranquilamente mis paseos, la misma precisa certeza de que no íbamos a estar en la misma ciudad. Fue una sensación contradictoria y a la par reconfortante. No sabría explicar muy bien porqué. Tiene algo que ver con la ansiedad, yo creo.

Es la impresión de estar buscando algo que sabes que alguien se ha llevado muy lejos y no puedes alcanzar. Por un momento, te resignas y en esa resignación existe un lapso de paz. Pero, cuando te das cuenta de repente que alguien ha puesto lo que buscas, nuevamente cerca, al alcance de tu mano… Desesperas.

Me recuerda a aquellos días de pequeño, en que querías sacar el reflejo de la luna del agua, con las manos. Por más que lo intentabas se te escapaba una y otra vez, y se escurría entre tus dedos. Erróneamente creíste que lo tenías al alcance. Y nunca jamás llegaste a cazarla.


Saber que habías vuelto, me produjo desazón. Me trajo la ansiedad. Saberte en la misma ciudad, sumado a la imposibilidad de verte, hizo que mi corazón latiera con fuerza, desesperado.

Hay, ni siquiera en tu presencia, si no en el mero conocimiento de su posibilidad, algo que me llama, algo que hace que mi pulso se acelere, y me explote la cabeza, notando como late hasta la vena más pequeña. Siento, hasta en la más pequeña célula, que a pesar de conocer las calles que camino, estoy perdida y el único sitio que reconozco como destino es esa casa, a la que llegaría aun con los ojos cerrados.

Es difícil luchar contra uno mismo. Es como intentar contener con las manos una presa que se derrumba para evitar que arrase los terrenos fértiles que hay a sus pies en los que tal vez puedan nacer un día los frutos.

Es jodido darse cuenta que incluso el agua destinada a regar un campo puede ser mortal, si cae en proporciones poco adecuadas ahogando el terreno, o si lo lava hasta la esterilidad… Y carecer de la experiencia que te indique cual es el goteo perfecto, relegándote a aprender por ti mismo las cosas.

Constantemente yo siento agitarse el agua que contiene la presa en mi interior. Saberte cerca, cuando cerca es una distancia inferior a cien kilómetros, produce un efecto en mí como la luna en las mareas. Me inquieta, me agita, y no lo puedo remediar. Y no puedo dormir… Y no puedo evitar que mis pies quieran salir corriendo en la única dirección posible.

Curiosamente, tú, que causas estos destrozos en mi alma, pareces ser la única persona que pueda curarme esta locura, y por las noches, aunque no eras como yo te imaginaba, la única nana que escucho, es el sonido de mi voz repitiendo tu nombre una y otra y otra y otra vez… Hasta que me duermo.

A veces, cuando lo consigo, sueño que estiro mi mano, que alcanza la tuya asiéndola fuerte, mientras los dedos se entrelazan, y ya no necesito nada más. Me conformo con algo tan sencillo como eso, y en ocasiones pienso que despertar, es el más cruel de los castigos.

Mientras no pueda tenerte, mientras no pueda tocarte, mientras no pueda estar contigo… Me conformo con eso… Aunque parezca algo tan nímio.

3/07/2008

Ataca

(c) Andrew Jones - Shang High



El diablo habita en mi interior. Defenestró mi ángel, y ahora tan sólo escucho: “Ataca... Ataca... Ataca...”. La prudencia también me abandonó y se fue a otras tierras. Se fueron con ella, contención y sutileza.

Me pongo tapones en las orejas. Veo la televisión. Pienso en el trabajo. Pero él insiste, yo le oigo…

“Ataca…”

Le ignoro. Me centro en la hoja de cálculo. Copiar celda A4, pegar en C7. Archivo. Guardar cómo.

“Ataca…”.

Te odio. Odio sentirme así. Odio esta impotencia. Odio el tira y afloja. A mí me gustan las cosas sencillas. El "sí" o el "no". El “no sé” me mata.

“Ataca…”

Soy el Dr. Jekill y Mr. Hide. Soy Two Faces. El diablo me llama, yo le oigo. Soy incapaz de hacerle callar... Ya no hay nadie más que yo para frenarle los pies. Mas yo, no tengo la fuerza que hay que tener… Y nadie puede ayudarme. Tampoco lo quiero...

Le oigo tentarme...

“Ataca…”

Es la tortura de tenerlo tan cerca, y tan lejos… Es la contradicción de sentir la lejanía en dos palmos escasos. Es la certeza de no poder besar sus labios, a un centímetro de distancia. Y la obligación de disimular.

Disimular lo que él sabe. Lo que yo sé. Lo que todos sabemos. Me desgasta, merma mi cordura.

Le contemplo como el león contempla a la gacela, con la ansiedad de meses sin probar un buen bocado, con la saliva brotando del costado de la boca y los todos los músculos en tensión prestos a realizar el salto.

Y sin embargo…

“Ataca…”

No me lanzo, pues mis cálculos de velocidad no están bien estudiados, las vías de escape de la gacela son muchas y su viraje, imprevisible. Mil factores aleatorios interfieren la trayectoria…

Pero tengo hambre…

Ya noto cómo relucen mis colmillos. Cómo la adrenalina corre por mis venas. Cómo mi cuerpo se contrae y se prepara…

Ya sólo me importa una cosa.

¡Ataca!

El diablo, hace tiempo que habita en mi interior.

3/05/2008

Eulalia

Eulalia era una pequeña zorra frígida.

Cuando la miraba, me recordaba a un pequinés: poca cosa, pequeño, feo y chillón. Y como sus congéneres, ladraba y gruñía, porque era la única forma de hacerse respetar que tenía en la vida.

Eulalia, caminaba por ahí con ademán de personajillo importante, cerca cualquier tipo de fuente de poder. Revoloteaba, como sólo las moscas cojoneras saben hacerlo. Incordiaba cual mosquito, de aquí para allá con sus cotilleos y sus ínfulas de grandeza.

Sí. Eulalia era una gran persona.

Yo la tenía en cierta estima. A fin de cuentas, casi llegamos al bar a la vez.

Cuando empecé a trabajar en el bar, llevando las tareas administrativas en un despachito medianamente acomodado, escondido detrás de la pared al fondo de la barra, pensaba que Eulalia era como yo: o sea, nadie. Con mis cuatro días de vida en el cotarro, y contratando gente como hacía el jefe a destajo, no se me ocurrió nunca pensar que ella, la nueva, tenía más mundillo recorrido que yo en esos tugurios dejados de la mano de Dios.

Eulalia me recordaba a la Señorita Rottenmeier. Vaya estampa: me viene a la mente una imagen de cruza de la Rottenmeier con un pekinés y es algo horrible. Entonces pruebo a imaginarla con alas de mosca y pico de mosquito, todo incluído.

Joder, es una imagen realmente grotesca: Eulalia Bzz-Bzz Rottenmeier. Sí, le queda bien el mote.

Al principio se me ocurrió que tal vez podríamos llevarnos bien. Pero con el paso de los días me di cuenta que no iba a funcionar. Las panteras y los pekineses no congenian. Yo iba a mis anchas, disimulándome entre las sombras, con mi existencia pacífica y sin nada que demostrar a nadie en particular.

Ella, era la porquería de chucho que ladra todo el día para llamar la atención, y corretea de falda en falda para que le hagan caso, ejecutando monerías, para acabar finalmente sentada a los pies del amo. Un espectáculo patético. Pero nunca me afectó, así que simplemente, nos ignorábamos.

Mi vida transcurría entre los papelotes, y la suya, cotorreando con los clientes del bar, como si de una fulana se tratara, la relaciones públicas de un bareto franquiciado.

Día tras día, llegaba yo al bar a la hora de siempre, saludaba a los colegas, saludaba a un par de camareros y me metía para dentro. A fin de cuentas, me pagan por hacer mi trabajo, no por hacer amigos.

Supongo que la soledad entre los armarios de administración, la sobreexposición a la radiación emitida por la pantalla del ordenador y un par de cocacolas de vete a saber tú cuándo, mezcladas con bocadillos de dudosa procedencia, me hicieron empezar a volverme paranoica.

De golpe y porrazo, Eulalia estaba en todas partes.

La muy zorra, aparecía entre mis archivos, o se colocaba a mis espaldas, a hurtadillas como un fantasma, y a veces me pegaba sustos de muerte, con esa presencia que notas, sin verla, respirando sobre tu nuca.

Para ser una mierda de relaciones públicas, la tía se lo tenía muy creído, "marisabidilla" ella, husmeándolo todo como si fuera dueña y señora del lugar, y solo porque de tanto en tanto nos visitaba algún descarriado de la "jet set", y la saludaba, se le subían los humos.

Empecé a tenerla pegada al culo como un molesto tarzanete, o como una ladilla japuta. Era como la infección de hongos que te irrita los genitales y no se va ni se calma por más que te rasques, porque solo consigues quedarte en carne viva.

Para qué negarlo, estaba hasta los cojones de Eulalia.

Todo marchó bien mientras se mantuvo al margen de mi trabajo, pero poco a poco, con eso de que la confianza da asco, o porque se creyó en su derecho, empezó a meter sus zarpas en todas partes. Jodía en la cocina, jodía en la barra (dentro y fuera de ella) jodía en los archivos, jodía en la oficina. Joder... Fijo que hasta al jefe se jodía. Aunque, mal mirado, pocos escrúpulos hay que tener para acostarse con una piltrafilla como esa. Pero bueno, ya que tiene la boca tan grande, posiblemente le sirva para comerla mejor.

Quien sabe... Igual aquello de "Abuelita, abuelita, qué boca tan grande tienes...", "Es para comerte mejor...", le llegó al alma de pequeña.

Con los meses me di cuenta de que la mosquita muerta era una trepa de cuidado. Cuchicheos por aquí, plantadita de oreja por allá, miraditas un poquito más lejos... Haciendo camarilla con gente de otros baretos de la franquicia... Todo el día envuelta en ese halo de misterio, haciéndose la interesante, y encerrándose en el despacho del jefe cada dos por tres.

Lo que yo no sabía, ni podía saber puesto el caso hasta que un chavalito de la barra me lo comentó, es que la buena de Eulalia venía de ser jefecilla de camareras en un bar un poco más abajo (cerca de la calle de las putas, fijo que de ahí adquirió sus andares y modales de ramera barata), y en cuanto vio que en el local de la zona de lujo había un puesto de relaciones públicas disponible, no dudó en hacer cuanto fue necesario para hacerse con él.

Nada hubiera sucedido, si no hubiera empezado a utilizar su táctica del "divide y venderás" entre los compañeros, envenenando el ambiente.

Llegó un punto que por allí donde Eulalia pasaba, se hacía un silencio incómodo, atravesado por leves carraspeos. La gente apartaba la mirada. Se iban de allá donde estuvieran como si de repente recordaran que tenían que hacer algo muy urgente en cualquier otro lado del local. Los que estaban sentados, se levantaban... La tensión se notaba en el ambiente.

Exactamente no sé cuando, empezaron los mangoneos en temas de vacaciones. Un buen día, Bzz Bzz Rottenmeier ya se encargaba de cuadrar las vacaciones de todo el mundo, controlaba las pagas, controlaba clientes, proveedores... Poco a poco se hizo con el poder de todo, en silencio.

Coño, ya tenía que comerla bien, ya...

Y después llegaron las ínfulas de grandeza, las miraditas "ese no es mi trabajo", "es tu problema", "tú verás"... Y un día dejaron de ser miraditas, para ser palabras arrojadas a la cara con un "tu misma" cargado de autosuficiencia.

Maldita zorra.

Yo también quería ascender, pero no como tú. Yo no necesito gruñir, yo sé hacerme respetar. Tú no tenías nada interesante que aportar: tu trabajo era una mierda, y traficabas con información robada en el aseo de señoras, o que le sonsacabas a los compañeros entre sonrisas y utilizabas a sus espaldas.

Nah, Bzz Bzz, eso era un privilegio tuyo.

A mí me gusta la vía directa, esa que nos ha traído hasta aquí.

Ahora que miro tu coche desde aquí, me encantaría pensar una buena coartada para explicar porqué mis huellas están por la carrocería de tu vehículo, cómo es que te caíste 37 veces sobre el cuchillo, por qué tienes esas feas rajas en la cara y te faltan mechones de pelo... Pero oigo las sirenas acercándose y estoy levemente colapsada.

La verdad, muy fácil no va a ser. Que tu coche haya quedado estampado cual acordeón ahí en medio y no muy lejos del bar, no creo que sea sencillo de explicar tampoco.

En fin. Qué cojones...

Supongo que alegaré enajenación mental transitoria. En las pelis funciona. Y si no... ¿Cómo era eso? Ah, sí... Juego a rol, soy peligrosa, y tengo una katana debajo de mi cama.

Qué le vas a hacer... Yo siempre te dije que me gustaba la vía directa, que soy muy impulsiva... Y tengo un pronto muy malo...

Y tú, me tenías hasta los huevos.

P.D.: Siento haberte arrancado los mechones de pelo. Qué putada... Se me rompió una uña. En tu línea: jodiendo hasta el final.

2/29/2008

Don't be afraid

(c) Tomasz Jedruszek - Marshall


*** Now Playing: Andre Vicenzzo - Don't be Afraid

Yo, que siempre me he metido con las mujeres que leen novelas rosa, me he descubierto a mí misma, forofa del shojo, que no es si no una versión ilustrada de historias para chicas. Como aquellas que leía de pequeña alguna vez, entre ataque y ataque de Magneto a La Patrulla X.

Muchas veces te ensañas con gente, sin motivo aparente. Para mí, leer novelas rosas era una especie de deshonra. Quería diferenciarme de las demás chicas, yo no era como ellas, me decía. Yo era especial. Yo leía comic americano, yo leía libros de scifi y dragones... ¿Cómo iba a leer alguien como yo un tebeo de Esther?

Y reconozco hoy, que cuando ayer leí, los disfruté, pero yo tenía un "estatus", una "imagen" que no quería que nadie manchara. En cierta forma, era bastante más masculina que hoy.

Todo debe venir ligado del mismo sitio, de la necesidad imperiosa de definir "quien soy". Y es que cuando eres pequeño, tu propia visión es muy nebulosa, y dependes mucho más de la opinión externa. Con los años, vas aprendiendo lo que eres y lo que no, lo que te gusta y lo que no. Y cuando estás solo en casa, puedes ser tranquilamente como te da la gana, cuando nadie te mira.

Así que no deja de ser divertido, que yo que tanto critiqué ese género, soy forofa de la lectura shojo, y me paso los días con uno a cuestas, dentro del bolso, compartiendo el espacio con el mp3 y mi libro de dragones del momento. Porque no son gustos incompatibles.

Muchas veces, cuando estamos inseguros, nos reforzamos a base de pisotear a los demás. A los que son diferentes, a los que aun no se han descubierto a sí mismos, independientemente de la edad que tengan.

Veo a mi hermano, en el colegio, que se mofa de los que sacan buenas notas. Le veo a él, y me veo a mí que era la "empollona", y entonces recuerdo.

Recuerdo a los que me martirizaron, a los que me calificaban de pelota, a los que no me hablaban, a los que no jugaban conmigo en el patio. Porque era uruguaya y sacaba buenas notas. A más me jodían, mejores notas quería sacar, porque mi expediente era su vergüenza.

La gente tiene la costumbre estúpida de excusarse en "fulanito" que es peor que él, más vago que él, más tonto que él, más pobre que él, más fofo que él, más bajo que él... ¿Por qué? ¿Por qué de todos los espejos que hay en el mundo escoges el más roto, el más sucio, el más imperfecto?

Refléjate en alguien listo, en algo hermoso. Busca un modelo, no un chivo donde expiar tus penas.

Le digo a mi hermano, que no sea mediocre, que no haga lo que todo el mundo, que no se ría de los "empollones", que aprenda de ellos. Que les admire, que admire las cosas buenas de la gente, y que recuerde que en esta vida, los pelotas llegan lejos. Ojo con reírse de eso. Pero independientemente, que más que increpar a los listos, los tome de referencia.

La referencia no es "Pepito" que es más malo que yo, porque siempre hay gente peor que tú y mejor que tú. La referencia debería ser alguien mejor a quien admires y de quien digas "yo quiero ser así" y te esfuerces por conseguirlo. Reflejarte en alguien mejor, no es malo. No es malo reconocer que existe. Porque siempre puedes mejorar. Pero compararse con alguien peor no tiene sentido.

Es compadecerse, y condenarse a vivir estancado.

De todas formas, aunque ahora esto me viene a la cabeza, no es lo que estaba pensando al principio cuando me puse a escribir, salvo en que es el miedo que se le tiene a quien se cree que es mejor o diferente de ti, desconocido, lo que te hace ser y actuar así.

Probablemente esa sensación es el origen de todo lo malo. De los celos, de los maltratos y tantas cosas.

Me pregunto muchas veces cómo puedes sentir celos de alguien que no conoces, por alguien con quien no estás. Realmente es una sensación estúpida. Pero yo la tengo cada día. Hay un nombre que simplemente oírlo, me produce urticaria y hace que quiera sacar lo peor de mí, y sin embargo, me contengo. Porque mi parte inteligente sabe que atacar a esa persona es automáticamente perder todo el respeto que haya conseguido generar en todo este tiempo.

Porque la inteligencia tiene que primar sobre la impulsividad, o intentarlo, por lo menos en los momentos cruciales.

Pero es el miedo, lo que te impulsa a borrarlas del mapa.

Yo no sirvo para mentir. No me sale. Pero si no puedo mentir, y no puedo rebajarme a putear, me queda por lo tanto ignorar a esa persona. Si no tengo nada bonito que decir, mejor no decir nada. Aunque me cuesta tanto...

Creo que es el miedo a descubrir que esa persona sea mejor que yo, más agradable que yo, más atractiva que yo, más increíble que yo, lo que hace que quiera borrarla del mapa. Porque en el fondo, tengo miedo de que me quite algo que me importa mucho. Y sin embargo es estúpido sentirse así, porque nadie puede perder lo que nunca tuvo.

Pero es el miedo. es el miedo siempre lo que te hace destrozar las cosas que consideras que te amenazan, aun sin tener la certeza.

Entonces, analizo por qué tengo miedo. ¿Por qué lo tengo? Y volvemos nuevamente al origen de todo, y es la inseguridad. A no ser lo bastante bonita, a no ser lo bastante agradable, a no ser lo bastante simpática, inteligente, etc, etc, en todas las cualidades que piense que alguien va a valorar de mí. Y mi miedo es, que esa persona sea mejor que yo.

Y porque tengo miedo de que sea mejor, y no puedo afrontar eso, mi respuesta instintiva es joderle la existencia.

Más tarde, cuando he analizado ese miedo, y de dónde sale, y por qué lo siento; cuando soy consciente de que lo que realmente me cuestiono no es eso, si no mi valía, antes de volverme más tarumba solo tengo una cosa que pensar. Y es la siguiente: yo soy como soy, con mis cosas buenas y malas. Con el tiempo, iré añadiendo más en ambos lados de la balanza. Pero el esqueleto, no va a cambiar. Y tengo que vivir con eso.

Así que, que yo sea feliz, no depende de que ella sea mejor que yo, ni de mi esperanza inútil de que sea peor. Si no de que yo acepte que soy como soy, y a quien le guste tiene que ser de esta manera. Y si no es así, no hay nada que hacer.

No tengo que tener miedo. Algún día me moriré, pero no de esto.

Nana Oosaki dijo "Si tienes miedo de perder algo, es porque lo tienes".

2/27/2008

Faro que alumbras al mundo...

(C) Jonathon Bowser - Imagen tomada prestada para Alveaenerle


Yo que recorro los mares
y que palmo a palmo el mundo
de un confín a otro confín
Hoy tomo mi ultimo rumbo,
desde mi cuerpo hasta el tuyo,
desde donde estoy a ti
Tu que recorres Lisboa
y sus calles y sus fondas,
con hombres de una sola vez
Tu serás mi último puerto
para amarrarme a tu alma
y sólo yo vivir en él

Faro que alumbras al mundo,
por encima de la tempestad.
Devuélveme la esperanza
y que brille mi estrella,
pero no en soledad.
Oye mi voz, mi última oportunidad.
Faro que alumbras al mundo
alumbra mi vida.


Fotos y cartas marchitas,
de cuando planes y sueños
aun vivían en su piel
Dos vidas en dos maletas,
entre Lisboa y Madrid,
en una estación de tren
Él se durmió para siempre
con su billete en la mano,
en un banco en el anden,
y ella se apagó de golpe
como se apaga una vela
después del amanecer.


Faro que alumbras al mundo,
por encima de la tempestad.
Devuélveme la esperanza
y que brille mi estrella,
pero no en soledad.
Oye mi voz, mi última oportunidad.
Faro que alumbras al mundo
alumbra mi vida.

Hoy reposan en silencio
uno siempre junto al otro,
aunque en alma y en papel.
Por fin juntaron sus vidas
volcando las dos maletas,
sobre su mar a la vez.
Otra historia como tantas
de amor y de mala suerte,
y de un destino traidor,
pero en el puerto en Lisboa
cuando la luna te aplasta,
alguien canta esta canción.

Faro que alumbras al mundo,
por encima de la tempestad.
Devuélveme la esperanza
y que brille mi estrella,
pero no en soledad.
Oye mi voz, mi última oportunidad.
Faro que alumbras al mundo
alumbra mi vida.

2/26/2008

Se me olvida...

(c) Guo Guo - El Pabellón del Ala Oeste


El sonido de tu voz por la mañana. Por la tarde. Por la noche.

El sonido de tu risa, y el pliegue de la comisura de tus labios al reír.

El brillo de tus ojos, y el guiño pícaro que acude raudo, como si siempre estuviera preparado en la recámara.

Me descubro elucubrando en la oficina, mientras las horas pasan, el sol se apaga y cae la noche.

Y vuelvo a casa, caminando a veces, otras en bus, o tal vez en taxi, con la premura de llegar veloz y sin motivo: pues la casa está tan vacía como ayer. Como lo estará mañana…

Y sin embargo, no puedo evitarlo.

Envenenas mis noches, porque de tarde inoculas lentamente tu toxina en mi interior, inconscientemente –o no-, y tras el ocaso, pienso hasta que el cansancio me derrota.

Duermo, y si tengo suerte, sueño.

Y nuevamente, me despierto: es otro día…

Y se me olvida...

El sonido de tu voz por la mañana…

Y desespero.

2/22/2008

Suicidio emocional

(c) Ima Ichiko - Night Scene - Hyakkiyakosho


No está de moda ser sincero.

Ser sincero en esta vida, es sinónimo de inocentón o tonto, y en el caso peor: borde.

Ser sincero está visto como un defecto, como la carne al vivo donde clavar las garras con el menor giro insospechado e infortunado de los acontecimientos.

Ser sincero, es objeto de mofas. De las burlas del vecino.

Es incluso motivo de despido laboral.

La sinceridad es el dedo en la llaga que nadie se atreve a meter, o unas pocas personas, a los que el resto considerará demenciadas o idiotas.

No señor. No está nada valorado, ser sincero.

La sinceridad, provoca miedo.

Y digo yo: ¿por qué tenemos que temer decir lo que de verdad pensamos? ¿Dónde está el problema? ¿Qué es lo malo?

Ser sincero, invita al rechazo.

La gente no está acostumbrada a decir las cosas tal cual las siente. Declaran sentimientos utilizando subterfugios. La gente no está acostumbrada a decir abiertamente “te quiero”, y por ello cuando la ocasión lo requiere te colapsas, te quedas en blanco, te sientes desnudo, desvalido, corazón palpitando a punto casi de salir por la boca.

Ser sincero, es sinónimo de paria.

El mundo premia a los hipócritas, esos que se sientan en sus cómodos y mullidos sillones en la cúspide del poder. Esos que todos saben perfectamente que tienen de sinceros lo que un pedo de buen olor.

Emotivo, efusivo, espontáneo, sincero son sinónimo de inmaduro. Porque las personas maduras son frías, contenidas, comedidas y han aprendido a ser mentirosas e hipócritas.

Entonces, yo, no quiero crecer nunca. Quiero seguir siendo pequeña, quiero seguir siendo una niña, quiero poder seguir siendo sincera. Quiero decir las cosas tal cual las pienso y querría que los demás pudieran aceptarlo tal cual es.

Los niños, son crueles. Son crueles porque se ríen de los nombres poco afortunados de los amigos. Son crueles porque te dicen que te odian sin pensarlo. Son crueles porque son capaces de coger una piedra y lanzártela sin pensar en nada más.

Son crueles, porque son espontáneos y aun no saben que tienen que reprimirse y que mentir.

El otro día hice una pregunta. Y me dijeron, es que si te digo la verdad es muy cruel. Pues yo, prefiero mil veces la crueldad de algo cierto a la dulzura de una verdad a medias o la mentira piadosa. Porque me dolerá una vez, caeré al suelo, quizás gatearé unos pasos... Pero siempre me levantaré para seguir caminando.

¿Porqué cuando vas a decir algo una verdad, piensas que estás siendo cruel, injusto, malvado?

Pues yo también quiero guardar mi parte de niña. No lanzo una piedra a la cabeza de nadie porque soy “civilizada”. Y como soy civilizada no hago daño con una pistola. Hago daño con las palabras, porque esas no dejan marcas a la vista de la gente.

Si yo insulto, si yo asalto, si yo retuerzo, si yo apabullo a alguien con mis palabras, no le queda una marca en la cara que diga “Ysondra le destrozó”. Alguien podrá contemplar una cara triste, y por más mísera que esa persona se sienta, no será capaz de reconocer que fue por algo que le dijeron y le hizo sentir mal.

Porque ser sincero y demostrar emociones, es sinónimo de debilidad. Y tienes miedo de que encima que sufres en silencio, si lo explicas, alguien se mofe de ti.

Si eso es madurar, quiero volver a ser pequeña, olvidarlo todo con un “no te ajunto”; y regenerar una amistad rota, con una simple sonrisa o un chupachup.

No quiero dejar de dormir una sola noche, pensando si lo que he dicho está bien o está mal.

No quiero dormir mal una noche, por haber sido fiel a mí misma, y haber dicho exactamente lo que pensaba, de la mejor de las maneras, sin un solo insulto, bromas por medio y bastante neutra. Y sin embargo, a pesar de haber sido sincera y mantener cierta belleza en esa sinceridad, me siento mal.

Mal, porque ser sincero es una carga.

Quizás sinceridad es sinónimo de egoísmo. Quizás sinceridad es la necesidad de decir algo que te está matando, para liberarte, sin pensar que automáticamente el peso de tus pensamientos recae inmediatamente en la persona que escucha. En la persona que lee. Aun sin tú quererlo o sin ser consciente de ello.

¿Qué es lo que hace que ser sincero sea algo negativo?

“No me lo digas”, le dice la mujer al marido que le pone los cuernos. No me lo digas, para que no me duela. No me lo digas para que pueda seguir engañándome. No me lo digas, para que no “exista”. No me lo digas para no traspasarme tu dolor.

“No me lo digas”, para que cargues tú con él. Con el silencio, con el pesar, con la culpabilidad. No me lo digas para no compartir tu desesperación. Miénteme, para que pueda seguir durmiendo tranquila.

Y así, ambos, el que miente u omite; y quien se deja engañar o se hace el loco, bailan al son de la misma música, en la misma sala y abrazados, pero mirando cada uno para el lado contrario con una sonrisa falsa.

Parece que hemos llegado a un final extraño.

Es tan raro, hoy por hoy, que uno diga lo que piensa y siente tal cual, que tal vez lo relacionamos con que nos van a decir algo malo, o que no queremos escuchar. Así que posiblemente evitas por todos los medios escuchar “eso” que te vienen a exponer, corazón en mano.

Muchas veces me dicen, “¿no te da miedo escribir lo que escribes?”, “¿no te da miedo que lo lean?”. No. No me da miedo. Este es el único lugar del mundo en el que puedo ser lo más parecido a mí misma que se me permite. Lo que puedo mandar a un diario, puedo escribirlo aquí sin tapujos.

¿Cuánta gente no dice más a menudo lo que piensa? Ni escribe a un diario, ni lleva un blog, ni lleva un diario, por miedo. Ojalá la gente se expresara más, hablara más, pensara más. Pero no está construido el mundo para que la mayoría piense por sí misma.

Escribes un artículo polémico con miedo de que lo lea nadie. Hablas de problemas en la oficina por lo bajini, para que nadie más os oiga. Vives un cuadro de Norman Rockwell que esconde una demencia de Lovecraft.

Y sin embargo, sabiendo todo esto, y siendo consciente, ni siquiera yo soy todo lo sincera que querría ser, para no hacer daño a algunas personas.

Tal vez eso es madurar. Darse cuenta del dolor que puedes causar y aprender a callarte a tiempo. Pero a veces, muchas veces, como ayer, como hace una semana, como hace un mes, he necesitado ser sincera.

Esta noche, insomne, sabiéndome culpable de que otras personas compartían mi falta de sueño; no podía dejar de pensar, si hice bien o mal. Si tenía derecho a decir lo que pensaba, sin haber reparado en la inquietud que iba a causar.

Y a pesar de todo, necesité ser infantil, lanzar la piedra, decir las cosas como son, irreflexiva, sin pensar en las consecuencias. Pensando que hacía lo mejor… Sin darme cuenta de todo lo que, sin quererlo, estaba cargando en sus espaldas.

*** EDIT

Es curioso, que ahora que estaba releyendo el post, me he quedado pensando, sobre la sinceridad, me ha venido a la cabeza el ataque de sinceridad que tuvo otra persona.

Pensar, que dentro de dos días, hará un año que desapareció una parte importante de mi vida.

Pensar, que yo no supe manejar un acceso de sinceridad de otra persona, la confesión de una vida sumida en las mentiras, que a su paso, transformaba en mentira parte de la mía.

Probablemente, ser sincero sí, es un suicidio emocional. Muchas veces cuando te ves con la necesidad de ser sincero, es para destapar una caja de Pandora. Pero, si en vez de aguantar con la mierda hasta el cuello hasta el final, no empezaras las cosas con mentiras, no te verías obligado a abrir la caja y con ella traer tus desgracias al mundo.

Tras un análisis rápido me doy cuenta que la carta que recibí hace 364 días, no hubiera necesitado ser escrita, si hace 2.922, aquella persona no hubiera lanzado la inofensiva bolita de nieve desde la cumbre de la montaña... Sin tener ni puta idea de cuán alta estaba y el inmenso impacto final.

Supongo que todos deberíamos tener derecho a ser sinceros, pero inherente a ello también tenemos el derecho de elegir, y entre esas elecciones, la de perdonar o no.

Quizás yo tenía el derecho de ser sincera ayer, y mi interlocutor, el de aceptarlo o no, responder, o no.

P.D.: Sigo sin perdonarte.

2/20/2008

¿Ave, AVE?

Bueno, no es muy propio de mí utilizar mi blog para hablar de forma muy educada de las cosas que me tocan la moral de la vida cotidiana, pero es que el asunto del AVE me ha sacado de quicio y estoy hasta la polla de RENFE.

Por dios, qué gustazo poder expresarme nuevamente de forma natural, con tacos incluídos, y Dios sabe lo mucho que me ha costado escribir una carta a un períódico mordiéndome los nudillos para no soltar ningún improperio (improperio, madre de dios, la de tiempo que hacía que no utilizaba esa palabra xD debe tener más polvo encima que yo xD lol).

El caso es que esta Semana Santa me quiero ir a pasar unos días a París a incordiar a Assha, y después había pensado en pasarme por Madrid el resto de días... Y cuando voy a reservar mi billete de tren, oh, sorpresa, oh maravilla, chorizo Revilla, ¿no va y resulta que el trayecto Madrid - Barcelona, solo se hace con AVE?

Pues sí, pues sí. A la mierda el Alvia, el Altaria, y toda la mandanga. Bueno, queda un resquicio de irreductibles Estrellas nocturnos (eh, sin literas, ahí sentaditos, diez horas para que se te borre la ralla del culo) que saliendo sobre las diez de la noche llegan a las siete de la mañana del día siguiente.

Sí señor. Para disfrutar de lo antiguo y lo rupestre, para estar en contacto con nuestros mayores y recordar cómo eran los viajes cuando ellos los hacían: sin tele, sin asientos cómodos, en vagones de los que podrían haber usado los de "Verano Azul" para ir de un lado a otro, con los pantalones cortos y las bambas "Victoria". Por favor...

Y claro al final te das cuenta que el AVE, más que una ayuda es una tocada de moral, porque para cuando encuentras la tarifa web (que tiene huevos la cosa), ves que solo la puedes coger entre semana de mañana, o los findes más tarde del mediodía.

Ya se han guardado ya, los cabrones de la RENFE, de no explicar bien cómo comprar el billete barato, y de que tengas que llamar a un 902 para que te instruyan -oh, misericordia-. Está tan mal puesto que ni Indiana Jones.

Debe ser que la primavera la sangre altera y pa colmo me tiene que venir la regla.

En fin. Igual soy yo que soy corta, y que mi mente de raviol no supo darse cuenta que si quería comprar un billete con tarifa reducida, no tenía que hacerlo cogiendo ida y vuelta a la vez, si no cada trayecto por separado y entonces aparece (al lado de los trenes que lo tienen disponible) la estrellita o la "W" de "low cost".

A todo esto, insisto: vaya huevos.

Claro: olvídate de la tarifa barata en horas "punta". Esa ni estrella ni cojones.

Olvídate de encontrar la "W" antes de Semana Santa. Y cuidadito que cuando la veas, será en trenes que te obligan o a hacer campana a clase, a fingir enfermedad, pedir una baja, saltarte el trabajo o pedir vacaciones, día libre o lo que quieras... Porque no están pensados para que puedas usarlos a una hora decente.

Atajo de capullos.

Después se llenan la boca de promesas, y spamean la web con fotitos moñas de gente abrazada. Y con videos de recorridos en dos horas y media, publicitando que llegan ocho minutos antes de lo previsto.

A estas alturas del partido, no sé porqué me indigno, si todo es la misma mierda.

Que si acercar Barcelona y Madrid, que si mejores comunicaciones, que si blablabla.

Bueh. No me extraña que en Alemania piensen que España es a Europa, lo que el Carmelo (con perdón, y haciendo uso del concepto generalizado) a Barcelona.

Y aun quieren ir de progres, y demostrar qué guays que somos. Eso sí: gente sin estudios, sin idiomas, transportes nacionales que dejan que desear, pisos por las nubes.

I love this city.

Bueno, y una vez dejado eso por escrito, el resto de mi vida bien.

El curro bien, mis gatos bien, mi familia bien, mis amigos bien.

He podido leer el libro que me dio nombre (La noche de los tiempos), gracias a que Paul (eh, tío un saludo xD) me recordó su existencia =). Ahora estoy enganchadísima a "Guardianes de la Noche", porque han publicado la segunda parte, y ya podré ir de enganche al acabar.

He visto cantidad de pelis en casa, algo de anime, y en el cine "Sweeney Todd". Por cierto, no tenía ni guarra de que era musical xD =_)

Bueno, bueno *^-^* parece que en Semana Santa voy a cumplir mi propósito de año nuevo "viajar más fuera de españa" pronto *^-^*

Y estoy esperando que algún zopenco tenga a bien abrir su puto mail, ese que no mira en la jodida vida, y lea una carta que lleva una semana sumida en la miseria.

Respecto al WoW, sigo jugando, Saranna no está en ningún clan aun, mi maga de Cthun sigue en nivel 40 desde hace una semana y es posible que hoy llegue a 41. Con la calma y disfrutando ^^

Y he dormido más que una familia de marmotas *^-^*

Life's so good!

*****

Carta a un diario, que a saber si publicarán o no, pero lo genial que me quedé escribiéndola.

¿Ave, AVE?

Soy barcelonesa, y llevo más de diez años viajando de Barcelona a Madrid, por motivos tanto personales como profesionales, variando el medio de transporte según las necesidades, facilidades y recursos del momento.

He viajado en todas las compañías aéreas. He viajado en autocar. He viajado en coche particular o de alquiler. He viajado en tren, diurno y nocturno, incluyendo las viejas literas.

Por circunstancias, no me he decidido nunca a sacarme el carné de conducir.

Jamás se me ocurrió por qué motivo viviendo yo en la cosmopolita Barcelona, y trabajando también siempre en la capital, debería haber incurrido en gastos, si las comunicaciones en la ciudad me permiten ir donde quiera por metro, autobús o ferrocarriles e incluso trenes.

Llevaba mucho tiempo esperando ver las obras del AVE finalizadas, y contar con una vía rápida para llegar a Madrid. Emocionada, leía cada día las noticias, y hablaba con los amigos, pues la mayor parte los tengo en la capital y de ahí mis vaivenes.

Sin embargo, llegó el día del “estreno” sin pena ni gloria. Sin apenas publicidad, como un susurro y entre temores. Sin fotografías. Casi en la total clandestinidad.

La información llegaba a cuentagotas: horarios, precios… Se hablaba del “puente-tren”, el billete abierto, la tarifa estrella y la tarifa web (de plazas limitadas y hasta un 60% más barata). Se habla de catorce mil billetes vendidos.

A día de hoy, planificando las vacaciones, me dispongo a adquirir un billete para disfrutar de la Semana Santa con mis seres queridos, con la sorpresa –si bien era de esperar-, que no queda una sola plaza en tarifa web y lo más barato es la tarifa estrella.
Por un momento, me indigno, no he visto ninguna “W” al lado del tren elegido. Empiezo a plantearme realmente su existencia. Llamo al teléfono de información, y me comunican que las plazas existen, únicamente son limitadas.

Adicionalmente, dicha tarifa es para el disfrute de los primeros trenes de la mañana entre semana, o mediodía y tardes en sábados y domingos.

Es entonces cuando me enfrento a la realidad de que la opción más optimista de utilizar el tren de Alta Velocidad será pagando 71’70 euros por trayecto, es decir: 143’40 euros en total, si pretendo alcanzar mi destino en las publicitadas dos horas y treinta y ocho minutos.

No obstante, se escapa de mi presupuesto, y me resigno a las cuatro horas y media de un Alvia, un Altaria, u otra alternativa… Pero en la web de RENFE ya no se pueden adquirir esos billetes. En el teléfono de atención al usuario de compra Internet me informan que online no es posible comprar otros tiquets, y que caso de estar interesada podría hablar directamente con reservas telefónicas.

Cual es mi sorpresa cuando la señorita que me atiende en Reservas Telefónicas, me confirma que ya no hay trenes en conexión Barcelona – Madrid que no sean AVE.

En adelante, o Alta Velocidad o nada.

Bien es verdad que queda un reducto: el viejo estrella nocturno –parece ser que sin literas-, con el trayecto en 10 horas y al módico precio de 40 euros de media por dirección.

Y me asalta una retahíla de preguntas:

¿Será que ahora viajar a Madrid desde Barcelona -o a la inversa-, es potestad de unos pocos privilegiados?

¿No era, acaso, la finalidad del AVE acercar ambas ciudades, facilitar el transporte?

¿Son una falacia, las emotivas imágenes que pueblan la web de RENFE con encuentros que terminan en abrazos entre quienes pretenden ser familiares o amigos?

¿Acaso no se espera que los ciudadanos podamos utilizarlo con asiduidad en nuestros desplazamientos?

¿Acaso el punto de mira del negocio está en los directivos, cuyas empresas pueden costearse los ciento ochenta euros por semana?

Y siendo así, ¿a qué nos enfrentamos nosotros, los ciudadanos de a pie?

¿En virtud de qué tenemos que ver mermados nuestros derechos?

Por que, en definitiva, el AVE no ha sido un complemento o alternativa a lo ya existente, no: La implantación del AVE es “la” imposición “monopolista” del transporte ferroviario en trayecto Barcelona – Madrid.

En consecuencia, ¿qué alternativas quedan? ¿Volver al viaje nocturno, y esta vez sin literas, de diez horas de recorrido? ¿Al transporte por carretera? ¿A las seis a ocho horas en autocar? ¿A la reserva de billetes aéreos “low cost”, en compañías cuya política es la reducción de líneas? ¿A la reserva de billetes aéreos a precios de AVE?

Espero que esta “reducción” en la oferta de trayectos ferroviarios sea una medida puntual, pero en caso contrario solo tengo una cosa más que añadir: Dennos la posibilidad de elegir.

Dennos la posibilidad de plantearnos en nuestra propia ecuación “coste-beneficio” si queremos o podemos afrontar el pago adicional de un mínimo de 50 euros por viaje respecto a un Altaria, por ahorrarnos –en el mejor de los casos- dos horas de viaje por trayecto.

Utilizar el AVE debería ser “una” opción, no “la” opción, pues entonces tal vez no supone la mejora en las comunicaciones que todos esperábamos.