1/31/2008

Game Over

(c) Marta Dahlig


*** Now Playing: Muse- Showbiz

Una vez mi hermano vino a mi casa, y vio mi Warcraft encima de mi escritorio. Él aun tenía unos once años. Inmediatamente, se lo pidió a mi padre. Y con la misma velocidad le dije a mi padre que no se le ocurriera comprárselo en la vida.

Mi padre me miró alucinado, mi hermano me miró como si fuera una egoísta, y yo tenía encima una sensación parecida a la que tal vez dos padres drogadictos tienen cuando su hijo les dice que quiere probar una dosis. Tú sabes que es malo, y sabes que aunque estás enganchado no quieres que tus hijos lo estén. Así que le dices que ni hablar del peluquín.

Entonces ese día vislumbré una leve sombra de duda, ¿por qué estaba tan segura que no era bueno que jugara mi hermano? Y sin embargo, estando yo enganchada, no quería ni oír hablar de que lo estuviera él. A fin de cuentas, que yo arruine mi tiempo no es lo mismo que lo haga él, que tiene que estudiar. Claro. Je. Como si eso fuera todo.

No sé cómo se da cuenta un alcohólico de que está llegando al límite, ni cómo se da cuenta un adicto a cualquier cosa, droga ilegal o tabaco. Quizás un día te pasas tanto que te asustas. Estás cerca del come etílico, o en un sueño profundo por otras circunstancias. Entonces, si tienes suerte que por lo general las primeras veces supongo que sí que la tiene, y te levantas… Te das cuenta al recuperarte, de lo que has hecho, de cómo has reaccionado… Del precio que está pagando tu cuerpo o tu mente.

Quizás alguien puede pensar que es una comparación exagerada esta que hago, pero… Tendría que haber estado ahí para verlo, o jugar así para sentirlo. Quizás no es más que otra forma de ludopatía. Yo no gastaba dinero… Pero gastaba mi tiempo.

Algún día recuperaré el post de “es sólo un juego”, pero mientras, acabo este.

Para variar, venía pensando en el autobús.

Creo que soy el tipo de personas, que a según qué juegos no puede jugar, o al menos, en según qué modalidades de según qué juego.

No soporto perder. Ni a las cartas, ni en el Monopoly, ni el las damas o el parchís o cualquier juego. Quizás eso es lo que hace de una raid una perdición para mí.

Me lo tomo todo en serio. Siempre. Intento hacer las cosas lo mejor que puedo, sean lo que sean. Y destiné demasiados esfuerzos a la raid. Es solo un juego… ¿Cómo se me fue la pinza tanto?

Perdí el control el día que me di cuenta que tenía que avisar de que no iba a estar tal día conectada… O cuando estaba cansada y quería dormir pero no podía desconectar, porque era dejar tiradas a 24 personas… Y cada vez más cansada y más cansada y más estresada…

Empecé a fallar en el trabajo. Los números me bailaban, los papeles se amontonaban… ¿Cómo pude permitir eso? No lo sé. Estaba demasiado absorbida. Estaba demasiado cansada. Tenía demasiadas ganas de dormir.

Dormía los fines de semana, y entre semana dormía poco, para aguantar hasta el final.

Dicen por ahí las malas lenguas, que la raid es para los parados, para las amas de casa, los estudiantes, para la gente de baja, para los ricos, para los que no tienen familia ni obligaciones. Para los que pueden dormir hasta tarde y tienen horarios de trabajo normales.

Pero la raid no es para mí, que trabajo diez horas al día, llego a casa a las nueve, y me levanto a las 6.30.

Cenaba delante del ordenador, o no cenaba. No veía a mis padres entre semana. No veía la tele, ni veía anime, ni leía libros. Solo leía en el bus, pero muchas veces se me cerraban los ojos, así que me ponía música.

Acabé poniéndome maquillaje…

No jugaba con mis gatos, es más, me enfadaba si pasaban por encima del teclado. No ordenaba mi casa los findes porque estaba tan cansada que solo quería dormir.

Fuerte, ¿eh? Debo parecer una enferma. Y lo estaba. Y quizás aun lo estoy un poco, pero ya empecé el tratamiento de desintoxicación.

Si me quería ir un fin de semana, tenía que avisar que no iba a estar conectada. Si tenía sueño, tenía que decir que me quería ir a dormir, y muchas veces decían que vale, pero sabías que jodías la raid y te quedabas hasta el final. A veces notabas ese “va quédate un poco más”, pero lo decía gente que duerme hasta las 9 o las diez o las once. O que se despiertan a las ocho de la mañana, o que trabajan 7 u 8 horas nada más…

Cada vez estaba más quemada. Más quemada… Más quemada… Más quemada…

Es solo un juego. Jugamos para divertirnos…

Mentira.

Reírte es divertido, hablar con los amigos, es divertido… Estar esclavizado con horarios, no lo es. Pedir permiso para dormir, no lo es… Estar contento porque tienes todo el tiempo del mundo para jugar, no lo es.

Coger un taxi para llegar a casa a tiempo de raidear, no es divertido.

No, yo no soy el tipo de persona que pueda permitirse jugar allí.

Y aun ahora, que no tengo clan, por la explosión del lunes, una parte de mi piensa… Igual podría cambiarme a otro y jugar más Light. Pero no es posible… Una vez pruebas la raid y la tienes en las venas, no puedes dejarlo. Si vas a otro clan tiene que ser igual o mejor que el tuyo o te quemas.

Y es volver a empezar.

Así que la única opción que queda es irte a un clan pequeño, volver con los amigos, jugar en PvP o usar el WoW como un Messenger.

Había pensado entrar en Last Hope. Me da pena saber que no mataré a Illidan. Pero mientras escribo estas palabras, y las leo... Me doy cuenta de que no tengo que hacerlo. ¿Cómo puede darme pena eso? Debería darme pena otro tipo de cosas. Mis gatos, por ejemplo. Ver poco a mi hermano, leer menos… Estar enfadada cada día… No rendir.

Y aunque me muero de ganas de jugar (de fumar, de otra copa, de otro pico, como podría pensar alguien en otra situación), sé que no tengo que hacerlo. No quiero perder el control otra vez.

Así que me iré a jugar con mis amigos battle grounds, o arenas, o instances de lows… Pero la raid hardcore no es para mí, con la vida que tengo ahora.

Mientras estaba en Shattrath estaba apenada. Pensando en la gente que estaba e Black Temple y que yo ya no veré eso en la vida. Pero hay más juegos. Hay más formas de juego. Hay vida en el planeta.

El lunes mientras enviaba a todo el mundo a la mierda… Que les dije no pocas barbaridades: “Ojalá te quedes en el paro, o viviendo bajo un puente, pero con wifi, eso sí, y que tu única preocupación sea la raid. O sin vida social, con todo el tiempo del mundo para jugar, o que los suspendas todo y tengas todo el tiempo del mundo para jugar”, me acordé de Petra Arkanian. Una de las mejores pilotos que iban con Ender Wiggin, y del día que se rompió. Ese día Ender supo que ya no volvería a poder contar con Petra al máximo, así que ya no era útil.

Petra se fue llorando y diciendo que lo sentía, que sentía haber fallado, haberla jodido y que no lo haría más. Pero Petra estaba rota ya. Ya no valía. Lo que la hizo brillante se esfumó.

Ayer me fui a dormir a las once de la noche, no tenía nada importante que hacer, no tenía nadie a quien dar explicaciones…

Estuve jugando con los gatos, con la PSP, mirando “Tú la letra, yo la música”. Estuve jugando en C’Thun, un SM Cathedral, mientras otra parte de mí pensaba en Mount Hyjal. Y es precisamente el acordarme de esas cosas, las que definitivamente me hacen no apta para raidear. Porque me crea adicción.

Y hay muchas cosas mejores en las que invertir el tiempo.

No le doy explicaciones ni a mi padre. Así que no quiero dárselas a nadie más ni en un foro.

Y aunque me cabreara, y la gente piense que mi oficial es malo (porque sí, las raids “pro” son como ejércitos, con su general, sus capitanes y sus soldados rasos como yo), mi oficial me hizo el favor de mi vida al invitarme a irme. Hubiera vuelto a explotar, y yo lo que necesito no es un épico, ni el tier 6. Es dormir, y divertirme.

¿Parezco enferma? Seguramente lo estoy/estaba. Pero me alegro de haberme dado cuenta y haberme parado a tiempo.

Lo malo no es jugar online, ni Warcraft ni nada parecido. Lo malo es sacrificar más tiempo del que tienes, y que eso afecte al resto de tu vida.

Gastar dinero no es malo, comprar no es malo. Pero robar para tener dinero para comprar… Eso sí es grave. Llenarte de tarjetas de crédito para usar dinero que no tienes para comprar en el Corte Inglés cosas que no vas a usar o no son importantes, es malo.

¿Es malo el Corte Inglés? ¿Es malo Fnac? No. Eres tú quien decide cuánto gastas, cómo, cuándo y dónde.

¿Es malo Warctaft? No. Pero eres tú quien decide, también aquí, cuánto juegas, cómo juegas, cuándo juegas y dónde.

Y en el momento que bien no eres libre de decidir todo eso, o no te sientes –por lo que sea- libre, de decidir todo eso, es momento de decir adiós. Al juego, o a la raid, o cambiarte de clan o lo que sea. Pero decir adiós y tomar las riendas.

Algunas personas se indignaron porque dejé a entrever que estábamos enfermos. Pero es verdad. Una persona sana, no dedica tanto tiempo a eso.

Reconocer que estás enfermo, no es malo. Lo malo es negarlo o enmascararlo. No ser consciente de eso, o querer mentirte y hacer ver que todo está bien.

La mierda es que yo, soy consciente de muchas cosas, entre ellas siempre tengo presente que puedo engañar a los demás, pero a mí no. Y aunque dijera que lo tenía todo bajo control, yo sabía que estaba perdiendo las riendas.

El lunes, lo único que hice, quizás de la forma menos adecuada, fue retomarlas.

No voy a dejar de jugar, porque en sí me divierte. Lo que no pienso volver a permitir es estar esclavizada a la pantalla. Yo decido cuándo, cuánto y cómo. Qué razón tenían mis antiguos compañeros, cuando me dijeron "ese camino ya lo recorrí, y no pienso volver a recorrerlo". Ahora entiendo a qué se referían. Pero es como el enchufe: hasta que no metes los dedos dentro, y compruebas el voltaje de la descarga por tí mismo... Da igual lo mucho que te avisen, que no paras.

Y por todo esto, es por lo que no quería que mi hermano empezara a jugar. Porque yo soy capaz de llegar a estas conclusiones, pero alguien de 13 años, dudo que pudiera alcanzarlas.

1/30/2008

Out of Control

(c) Liiga Smishkalne - Deep Red

¿Cómo sabes que estás fuera de control?

Cuando tienes ataques de compra compulsiva, cuando te irritas más de lo normal, cuando le saltas a todo el mundo a la yugular, cuando te sientes agotado, cuando fallas en el trabajo, cuando sabes que no estás haciendo las cosas bien…

Llevo varios días fuera de control. Pero bueno, para bien o para mal el lunes exploté en un alarde de los míos.

La verdad, poco se puede hacer por ello. Pero lo que me preocupa es esa sensación.

Todavía alucino cómo el viernes pude irme a un atienda Game, plantarme allí y dedicar setenta y ocho minutos a elegir entre una Nintendo DS y una Sony PSP. Lo cual indica que a pesar de que el impulso fuera inducido por una neura, dediqué el tiempo suficiente como para decidir.

La verdad es que la semana pasada fue una semana de mierda, por motivos diversos.

Había planeado irme a pasar el finde a Madrid y descansar de la vida en general y el juego en particular. Al final por circunstancias, no me veía capaz de irme de fiesta y dejar sola a mi familia, por lo que decidí cambiar el billete.

El mismo viernes, estaba a las once de la mañana pensando si cambiarlo o no cambiarlo.

¿Qué fue lo que me pasó por la cabeza para cambiar los planes? Un montón de cosas. Pero aunque la cosa fue por temas familiares, también tuvo algo que ver la cobardía.

Sé que estoy fuera de mí cuando me siento paranoica y creo que todo lo que pasa alrededor mío es una confabulación mundial contra mi persona. En algún punto en las últimas semanas, perdí la cordura, y creo que se quedó extraviada junto con el sueño.

Tal vez raidear hardcore no fue la mejor de mis ideas.

El jueves por la noche, cuando tenía que hacer una maleta, tres palabras que yo interpreté como me salió de los bajos, me hicieron cambiar radicalmente de opinión, y preferí quedarme en Barcelona. A más vueltas le doy a aquello, más pienso que me estoy volviendo gilipollas sin remedio.

El viernes me entró el ataque de “mala hija” que se va de vacaciones cuando la familia la necesita. Ya sé que mis padres me dijeron que me podía ir, pero yo simplemente no podía o no me atreví a irme y dejarles solos.

El sábado estuve con unos amigos de barbacoa, y el domingo en casa de mis padres haciendo la comida y tal.

Una parte de mí estaba tranquila, y la otra no paraba de llamarse a sí misma cobarde y subnormal por no haberse ido de viaje.

El lunes, simplemente exploté.

No tenía ganas de jugar, no tenía ganas de raidear, estaba deseando que quien fuera in u off game me diera un motivo para destrozarlo. Soy genial buscando pelea. La encontré y destrocé todo lo que se me puso delante, sin pensar en las consecuencias.

A quien le importan las consecuencias, yo solo tenía ganas de romper la vajilla.

Y bien rota que la dejé, por cierto.

Ahora, aunque me puedan preocupar las consecuencias de mi rabieta, lo que más me preocupa es mi falta de control sobre mi forma de sentir, y de expresarme.

Quizás haber explotado no estuvo mal, ahora me siento más relajada en cierta medida y es la forma de llamarme la atención yo misma, para no repetir la estupidez.

Me pregunto… El viernes fue la PSP… Si no controlo esos accesos de rabia y compra compulsiva, la próxima vez, ¿qué será? Un coche?

Y cuando lo analizo me doy cuenta que tengo tendencia en mis días malos a comprar cosas, como auto premios. Siempre pienso va, solo son seis euros… Pero suma y sigue. Seis, más seis, más seis, más seis…

Ayer me dijeron también un par de lindeces que probablemente merecía. Entre ellas que debería comprar menos, jugar menos y salir más. Pero bueno quien lo dijo no es nadie para echarme eso en cara. No obstante tocó el punto débil y como ayer ya estaba bajo control, no respondí…

Porque mi respuesta hubiera sido “no sabes nada de mí, ni de mi vida, ni de cómo soy, y no tienes derecho a decir nada”, pero la respuesta hubiera sido “tú tampoco tenías derecho a decir todo lo que dijiste”, lo cual, es cierto.

¿Las palabras se las lleva el viento? Quizás algunas palabras necesitan huracanes para que se las arranque de la memoria y muchas veces ni eso.

*** Nota mental: Contar hasta 20 antes de hablar, porque a cien no llegaré. Evitar zonas comerciales cuando esté rabiosa o deprimida. Meterme la lengua en el culo antes de decir nada si estoy enfadada. Desconectar o marcharme, si no consigo meterme la lengua por el culo. Paso de mordérmela, capaz sería de envenenarme yo misma.

La verdad es que aunque lo que pasó el lunes me sabe mal, lo único que no me quito de la cabeza es cómo coño exploté así, lo fácil que he perdido el control estos días, y cómo he permitido que pasaran algunas cosas que no tienen que volver a pasar.

Cualquier día pido el traslado a Madrid. Vivir así es una puta mierda. Vivir currando solo es una puta mierda. Vivir lejos de los amigos es una puta mierda. Vivir solo es una puta mierda.

Pero hay cosas peores.

1/21/2008

Colmena

Kael'thas Sunstrider down, by Shemsu Hor



Reflexiones post Kael'Thas

Apócrifo -de momento- para los foros oficiales.

Este no es un post que habla de estrategias, no vais a encontrar absolutamente nada aquí que os diga cómo tumbar al boss, sin embargo, habla de emociones y de cómo me sentí ayer cuando en Shemsu Hor tumbamos al fin a ese hueso duro de roer que ha representado Kael’thas para la horda de Dun Modr, y de todo lo que me han dado que pensar esas emociones.

No voy a atribuirme méritos que no me son propios, porque cuando yo llegué a Shemsu, ellos ya habían tirado a Vashj y estaban haciendo tries a Kael. Agradezco a todos los que me apoyaron para entrar, en especial a Grial, por dejarme su puesto cuando él migró a C'thun buscando ver mundo, porque por más que digan, ser horda en Dun es muy duro, y no hay casi clanes avanzados en PvE. Y también a Brasi, mi oficial, que no me mandó al carajo aun a pesar de toda la brasa que le di hasta que entré. A Chusti, Mönik, Quenthel, Raza, Dimi, Kage, Retry y todos los demás.

Es gracias a gente como ellos, y como Dimitri e Iscariote, por ejemplo, y tantos otros, que tiraron de Shemsu antes que nosotros -porque muchos de ellos dicen que ya no quedan viejos amigos y somos casi todos sangre nueva- que ayer cayó Kael’thas. Porque todos ellos lucharon muchísimo y facilitaron el camino.

Y no sólo ellos. Todos los grandes clanes horda que quedan en Dun se esfuerzan MUCHO porque el PvE no desaparezca del server y los buenos jugadores se queden, y no se vayan a otro lado. Aunque Shemsu está ahora mismo en la punta (y yo tuve la suerte de mi vida porque me adoptaran), me alegro por cada down de Réquiem, Spectral y Last Hope, y espero con impaciencia cada nuevo down suyo y que pronto pueda felicitarles por acabar TK, porque a más clanes tiren a Kael, más esperanzas tendrá la horda de nuestro servidor.

No suelo postear sobre este tema del estado de Dun, pero un año aquí ha servido para verlo, cuando he pasado por dos fusiones, una absorción, un desbando de clan, y al final acabé en Shemsu porque era prácticamente mi última esperanza.

Los miembros de mi antiguo clan, Ad Infinitvm (a los que les doy las gracias por haberme enseñado a jugar y aguantarme -Quizzer, Dereck, Laurana, Pikkolo, Fumari, Dagodai, Zoed, Anaki, Crimsomh, Erógena, Raist, Ariakkas,…- a pesar de que nos desesperamos en Karazhan y pensamos que ya solo la fusión nos salvaba y únicamente acabó separándonos y rompiendo nuestro clan), han ido a otros clanes como Réquiem, lo han dejado, o han migrado, o son pvperos y sólo tres permanecemos juntos (a saber por cuánto tiempo).

Este post, a pesar de ser un ladrillo, también habla de reflexiones sobre cómo ve el mundo a los jugadores hardcore de WoW, y tal vez de cualquier juego online, y porqué yo creo que verlo así está un tanto desajustado.

Pero insisto, son simplemente varias reflexiones, y todas ellas mías, por lo que tal vez no sean compartidas; solo que a más avanza el juego, y más esfuerzos requiere, más me hace pensar.

No voy a dejar WoW, ya estoy detrás de mi expansión… Y me muero de ganas de ver el nuevo reino.

Aun a riesgo de parecer más loca de lo que ya parezco y ojo que no me vais a decir nada nuevo, solo quiero decir a quien lea esto y sea horda de Dun: no tires la toalla, no migres de server. En Dun Modr hay mucha gente aun que vale la pena, y con quien divertirse. No te vayas a un clan de Cthun porque vaya más avanzado que el tuyo. Si todos migramos, ya no habrá manera de tirar adelante.

Si todavía no has elegido server, y quieres ser horda: intenta Dun. Si todavía no sabes qué facción quieres jugar, hazte horda en Dun.

Te van a campear los alis: cierto.

Te vas a estirar de los pelos: cierto.

Vas a odiarles de por vida: cierto.

Pero en otros servidores es la horda quien campea a la alianza y todos seguimos adelante. Si fueras ali en Cthun, pensarías lo mismo, pero de la horda.

Ganbate! Y diviértete mucho.



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Es curioso lo mucho que me aburro en el autobús.

El camino a la oficina debe ser el único momento del día que me dedico plenamente, tanto para leer un libro como un manga como para pensar.

Hoy he dormido cuatro horas. Cuatro nada más, y tenía pensado levantarme y pegarme una ducha, pero al final me ha podido el cansancio y he optado por levantarme sin más, una vez había elegido qué ropa me iba a poner mientras remoloneaba en la cama.

Y un día más, he tenido que recurrir al maquillaje, porque tenía unas ojeras que no eran normales.

Mucha fiesta, es lo que te dice todo el mundo… Pero, ¿cómo les explico yo que no estaba de fiesta? ¿Cómo les explico que me dormí tarde porque me moría de ganas de ver Mount Hyjal? ¿Cómo les explico que tenía un subidón tal, por ehabr matado a Kael’thas, que no me podía dormir a pesar del sueño acumulado de semanas de esfuerzos por matarle?

¿Cómo le explico a la gente que me hizo feliz matar un bicho de un juego? ¿Cómo le explico a la gente que cuando voy diciendo que maté a fulanito, no hablo de la vida real si no de la vida online?

En fin.

La gente tiende a mirarte raro cuando dices que le echas tanto rato a un videojuego. La verdad, mis ideas al respecto dan para otro post que por ahí anda en cola, pero lo que me ha llamado la atención es el pensamiento concreto que me asaltó en el trayecto.

Voy a confesar que llevo unas dos semanas durmiendo poco más cinco horas al día los de diario. Es una bestialidad, lo sé, soy consciente de ello, todo por estar hasta tarde haciendo tries a Kael’thas. Quien no juegue a ningún juego online, que requiera un esfuerzo del estilo, igual no lo entiende.

Pero aunque a veces pueda parecer un tanto enfermizo, estar jugando tantas horas, no es peor que quien se dedica a un deporte y entrena muchas horas al día casi toda la semana para conseguir llegar a la final de una competición y ganar. Tampoco es diferente de la gente que queda cada día después del trabajo en el bar para mirar el fútbol, jugar a dardos, beber unas cañas… O quien va cada día al gimnasio y se tira 4 horas haciendo deporte, o nadando o en el jacuzzi o qué sé yo.

Son aficiones diferentes, y muchas veces hasta compatibles.

Quizás si se cobrara por jugar a WoW, como cobran algunos jugadores amateurs de equipos deportivos, la gente miraría con otros ojos. Pero… Al final, el dinero todo lo excusa, y lo demás son tonterías. Qué le vas a hacer.

Pero mientras estábamos allí, renegando, y viendo cómo pasaba la tarde y desesperando por fallos tontos, por wipes, por limpias… Cada vez parecía que estaba más cerca el momento de la victoria… Y sin previo aviso, sobrevino.

Ahí estaba Kael’thas a nuestros pies… Y todo el mundo sacando screenshots del momento, mientras por el Team Speak sólo se oían risas y chillidos de alegría, y felicitaciones varias, y estábamos todos eufóricos. Y en ese justo momento, lo sentí: la alegría de haber pertenecido a eso, de ser parte de Shemsu, de haber matado a Kaelthas con 24 compañeros.

Y saber que eres el primero en hacer una cosa, en llegar a un sitio, como si del monte Everest se tratara, es genial.

Reconozco que mientras estábamos intentándolo, sentía que quería que cayera, porque si hubiera habido otro clan que lo hiciera antes que nosotros hubiera supuesto un golpe emocional muy duro, y no quería que nadie nos quitara ese triunfo, y mientras bajaba el pocentaje, 40, 31%, 26%, 15%, 8%, 2%; solo pensaba "Dios, que ya cae", y me moría de ganas de verle caer.

No se estire nadie de los pelos, porque a fin de cuentas, ¿qué diferencia hay entre la sensación que pude tener yo ayer, y alguien que ganó la liga? Si hubiéramos estado juntos, nos habríamos dado un abrazo y nos hubiéramos ido de copas. Como un equipo más. ¿Qué tiene de malo alegrarse por algo virtual? ¿Tiene menos mérito que me alegre yo por eso? ¿Soy más enferma por participar de la alegría de haber tumbado a un boss de Tempest Keep, que el tío que se alegra porque su equipo preferido de fútbol gana el partido de su vida? Cuando ese tío ni siquiera juega…

Llegará el día en que la gente verá esas cosas tan normales, pero mientras tanto tendremos que cargar con la etiqueta de “friki”.

Pero lo que me llamó más la atención, fue darme cuenta que yo, que nunca he sido forofa de un equipo de fútbol, que no tengo tendencias políticas marcadas ni voy a mítines, que no soy religiosa de ningún estilo ni fan acérrima de cantante o actor alguno, ni me he sentido identificada con colectivos concretos, y sin embargo ayer tuve esa sensación de pertenecer a uno y estar contenta por participar del éxito de todos.

Por un momento, mientras todo el servidor nos felicitaba y nos llenaba de privados; mientras estábamos en medio de Shattrath con la bendición de A’da’l, sentí esa pertenencia y me encantó. Y mentiría si dijera que no degusté cada minuto de felicitaciones. Por un momento, entendí tal vez, cómo se siente un equipo al ganar la copa.

Por un instante sentí que pertenecía a esa colmena, y el subidón emocional que me supuso, fue alucinante. Y en ese instante supe que por mucho tiempo no va a haber otro clan para mí que no sea Shemsu (salvo que acontezca una hecatombe y nos separemos). Porque estas cosas, superar os baches, son las que te unen a la gente.

Así que por la mañana, en el bus de camino a la oficina, me quedé un poco impresionada, por mi forma de pensar y reaccionar, pero deseaba llegar para mandar un mail a los amigos a decirles “Ding, dong, la bruja ha muerto”, poner en el attachment screens del momento, explicarles lo guay del down, lo guay del primer wipe en Mount Hyjal, y enseñarles una foto de mis amigos… Mientras señalaba una diminuta maga blood elf, con su netherwelp de pet y decía “esa soy yo, ese es mi ofi, ese es mi compi, ese vive en Terrassa…”

Lamentablemente, como en todos los clanes, cada uno de nosotros está en una parte distinta de España, y aunque nos vemos a menudo, algunos más que otros, porque viajamos, quedamos en Madrid, o vienen de visita a Barcelona, no pudimos celebrarlo.

¿Qué tiene de malo hacer amigos así? ¿Por qué es mejor por ejemplo, conocer a alguien en otra ciudad o país escribiéndole cartas a una dirección sacada de una revista? ¿O por un sms en un chat de ligues? ¿O en una discoteca?

¿Son menos amigos porque les ves online y pocas veces en la vida real? ¿Y los amigos del veraneo que los ves una vez al año y quizás no les ves hasta el siguiente estío?

La forma de comunicarse de la gente está cambiando por segundos. Cambia incluso mientras yo escribo.

Estiraos de los pelos si queréis... Pero acordaos de esto: El mundo avanza con pasos de gigante, internet avanza como un virus... Y quizá hoy yo os parezca una enferma, pero creedme cuando os digo, que mañana veréis a vuestros nietos cómo juegan y cómo se relacionan, y a su lado tal vez yo sea la persona más cuerda del mundo.

Hasta ese entonces, y mientras me divierta, seguiré disfrutando de WoW y mis amigos.

1/15/2008

Segundas intenciones

(c) Escher

"Es diferente de Shimamoto”, pensé. “No me da lo que Shimamoto me daba. Pero es mía y quiere ofrecerme todo lo que puede. ¿Cómo podría hacerle daño?”.

Entonces no lo sabía. No sabía que era capaz de herir a alguien tan hondamente que jamás se repusiera. A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el mero hecho de existir.

Al sur de la frontera, al oeste del Sol”.
- Haruki Murakami
Aunque Izumi me suplicara que me quedase, y aun suponiendo que, como trueque, consintiera en acostarse conmigo, yo no tenía ninguna intención de permanecer ni un día más en aquella
tranquila y elegante ciudad. Aunque eso supusiera nuestra ruptura. Si me quedaba, algo entro de mí se perdería para siempre. “Y es una pérdida que no puedo permitirme”, pensaba. Era algo vagamente parecido a un sueño. En él había ardor, y también, dolor. Se trataba del tipo de sueño que tal vez sólo pueda tenerse a los diecisiete o dieciocho años.

Y ese sueño Izumi tampoco podía entenderlo. Lo que ella perseguía en aquella época era un sueño de una naturaleza muy diferente, un mundo que se emplazaba en un lugar muy distinto.

Pero, al final, antes de empezar realmente esa nueva vida en ese nuevo lugar, nuestra relación llegaría a su fin de una manera brusca e impensada.

“Al sur de la frontera, al oeste del Sol”.
Haruki Murakami


Qué difícil es para una mujer entender a un hombre.

Pero qué difícil.

Y todo es un problema de comunicación, pero no de falta de ella, no... Es un problema de codificación y descodificación, y de ruido en el canal.

Dicen que los hombres son textuales. Que son literales. Que dicen simple y llanamente lo que quieren decir. Si después de hacer la cena, estás sentada con él en la mesa, y te dicen “pásame la sal”, simplemente te está indicando que le pases la sal, nada más…

Entonces, porqué lo que tu cabeza se empeña en oír es algo como “te ha quedado soso, dame la sal que lo arreglo”.

Por algún extraño motivo las mujeres siempre suelen buscar los cuartos y quintos significados de las frases, de las acciones, de cualquier cosa.

Eso, o igual yo soy la única paranoica que se entretiene en analizarlo todo. Lo que dijo, porqué lo hizo, qué ropa llevaba en el momento, la música que sonaba, los gestos, las miradas, el tono y la inflexión de la voz, cómo la modulaba, y en base a todo eso descifrar lo que de verdad una frase o un movimiento corporal quería decir.

Igual no son así todas las mujeres y es cierto que yo pienso demasiado. Sin embargo, estoy plenamente convencida de que no soy la única, y que la mayoría de chicas tienden a hacer eso alguna vez.

A lo mejor te regalan una tontería, o un libro con un título extraño, y te pones a analizar, porqué ese libro entre todos los demás. Si no es el tipo de literatura que tú lees con asiduidad. ¿Será por el título? Y si te llega por casualidad una planta o una flor… ¿Por qué ésa y no otra? ¿Significará algo esa planta? ¿Tendrá un nombre especial? ¿Un significado?

Entonces te quedas pensando y te traumatizas porque tu mente intenta descifrar la psique de alguien que no eres tú y que no sabes cómo funciona. Mandas pings que no reciben respuesta. Y analizas esa falta de respuesta. ¿Estará ocupado? ¿Estará pasando de ti? ¿Le estarás molestando? ¡Dios mío! ¿Estará hablando con otra y por eso no te responde?

Entonces te dice que está ocupado… Y piensas… Ah bueno. Pero acto seguido empiezas a divagar. ¿Está ocupado? ¿O quizás está dándome largas y diciendo que le deje en paz? Pero si el otro día tenía tiempo…

¿Qué es lo que hace que te pongas a pensar en todo eso, y a analizarlo todo hasta llegar al borde de la locura y la extinción neuronal?

Creo que estamos acostumbradas a darnos falsas esperanzas, o a buscar la mínima señal a la que aferrarte, para hacer que un sentimiento crezca, aunque a veces sea estéril e infructuoso. O incluso destructivo.

Creo que a veces, estás tan desesperada por ver lo que quieres ver, que buscas en cada recodo un sitio donde aferrarte desesperadamente, y no renunciar a lo que sientes, esperando que un día sea recíproco.

Piensas que como muchas veces, tú dices y haces cosas que en realidad implican mucho de lo que pueden aparentar, tal vez todo el mundo lo haga. Pero en el fondo solo estás intentando que crezca una rosa en un desierto sin agua, y lo único que vas a conseguir es que no nazca nunca, o tal vez, en el mejor de los casos que muera rápido nada más crecer, porque está condenada de antemano.

Partes de la base errónea, de “si yo hiciera eso, lo haría porque…”, olvidando de que no estás analizándote a ti misma, si no a un “desconocido”. Porque tú eres retorcida y estás acostumbrada a que las mujeres quieran decir mucho más con sus palabras delo que realmente dicen. Porque solo quieres buscar la forma de ver lo que deseas ver, o la manera de que que cambien las cosas a tu favor.
Pero, ¿qué te empuja, en realidad? ¿Es obsesión? ¿Una fijación insana? ¿El gusto por la caza? ¿El reto de lo imposible? ¿Desesperación? ¿Soledad? ¿Miedo?

Y aun así, cuando es del todo imposible, nosotras jamás queremos tirar la toalla hasta el último momento, y sin embargo es tan difícil decidir cuándo es el instante preciso de hacerlo.

¿Cuándo es? ¿Antes de volverte loca? ¿Antes de no poder dormir por las noches? ¿Antes de que tu cabeza no pueda ánsar en nada más que no sea eso? ¿Antes de decidir hacer una locura? ¿Cuándo? Pero normalmente sigues ahí, cavilando y cavilando, tejiendo redes imposibles y compendios gigantescos sobre el comportamiento masculino.

Buscando excusas que perdonan o hacen que sus gestos parezcan cosas que no son, siempre a tu favor. Engañándote, hasta que olvidas, y muchas veces solo olvidas, hasta que aparece un tercer espécimen del que analizar sus segundas intenciones, quizás nuevamente inexistentes.

Es muy, pero que muy agotador ser mujer.
En el curso de toda mi vida, son contadas las ocasiones en que me he sentido atraído por mujeres bellas en el sentido general del término. A veces he ido andando por la calle con un amigo que de improviso comentaba: “Has visto? ¿Te has fijado en lo guapa que era esa chica?”, pero yo, cosa extraña, no lograba recordar el rostro de esa “hermosa mujer”. Tampoco me han fascinado jamás las actrices guapas, ni las modelos. No sé por qué, pero es así. Ni siquiera en la adolescencia, cuando la frontera entre el mundo real y el de los sueños es tan imprecisa y los anhelos exhiben su fuerza de una manera casi prodigiosa, jamás me gustaron las chicas guapas por el hecho de serlo.

Lo que me atraía no era la belleza externa cuantificable e impersonal, sino algo más absoluto que se hallaba en el interior. De la misma manera que hay quien ama secretamente los diluvios, los terremotos y los apagones, yo prefería ese algo recóndito que alguien del sexo opuesto emitía hacia mí. A ese algo voy a llamarlo aquí “magnetismo”. Una fuerza que te atrae y te absorbe, te guste o no te guste, quieras o no.

Quizás pueda compararse a un perfume. […]
Tal vez haya un aroma que atraiga a cincuenta personas entre cien. Y quizás exista otro distinto que atraiga a otras cincuenta. Sin embargo, también hay uno que hechiza sólo a una o dos personas en este mundo. Es un aroma especial. Y yo era capaz de percibirlo claramente. Sabía que era letal. Podía distinguirlo a la perfección desde muy lejos. En esas ocasiones, yo quería acercarme a las mujeres que lo exhalaban y decirles: “Lo he notado, ¿sabes? Quizá los demás no, pero yo sí”.

“Al sur de la frontera, al oeste del Sol”.
Haruki Murakami

12/22/2007

Like tears in the rain...

Autor: Desconocido


*** Now PLaying: Lacuna Coil - Heaven's A Lie

A pesar de que era verano, por una de esas casualidades de la vida, siempre llovía. Siempre.

Llovía mientras la televisón proyectaba imágenes de "El Padrino", película que muy a su pesar vieron.

Llovía mientras la lasaña se cocinaba por demás en el horno.

Llovía mientras se duchaban.

Llovía mientras se acariciaban en la cama.

Mientras dormían, tambien llovía.

Y hoy llueve por lo menos en un sitio, aunque solo queda el recuerdo.

¿Por qué la gente quiere siempre lo que no tiene y sin darse cuenta daña a los que les aman? Es un misterio. Muy posiblemente nos vamos a la tumba sin resolverlo, y si la reencarnación existe, tropezaremos otra vez con la misma piedra.

¿Por qué valoras a quien te trata como una mierda, pero a quien te lo da todo, le desprecias?

¿Por qué tienen que pasar los años, y tantas manos para valorar algo tan sencillo como una sonrisa?

¿Por qué, cuando te hacen daño, la única reacción es dañar todo lo que te rodea, romperlo en mil pedazos para, al girarte, ver que no queda nada y que por más que quisieras no lo puedes arreglar?

Quizás tiene que pasar todo eso para que te centres. Ya no somos las mismas personas de ayer, ni las mismas de hace siete años, no sabría decir si para bien o para mal. Hoy tienes menos pájaros en la cabeza, menos imbecilidades y tendrías respuestas para aquellas preguntas que no respondiste bien en su momento.

Pero el tiempo, como las mujeres, no perdona. Y a lo que se ve, algunos hombres tampoco. Es una paradoja porque dicen que el tiempo lo cura todo, aunque no es cierto.

¿Perdonarás tú dentro de siete años, un veintidos de febrero? Seguramente no... Entonces... ¿Cómo esperar que te perdonen un septiembre?

¿Por que no fue tan grave? ¿Por que no fue tan doloroso? ¿Por que éramos pequeños? ¿Por qué fue una tontería?

¿Quien eres tú para decirlo? Pero la única persona que tiene esas respuestas desapareció hace mucho tiempo.

Una vez al año, lo recuerdas, por Navidad. Como el turrón El Lobo, la pena acecha. Pero no es nada comparada con la del seis de enero, día de Reyes. Día de Reyes y galanes. Día de pedir disculpas que nadie oye.

No es que importe ya, hace tanto de eso... Pero por eso anoche buscabas un teléfono, y no paraste hasta encontrarlo, con Google que todo lo rastrea. Y ahora que lo tienes no te atreves a llamar. Piensas... ¿Qué más dará lo que diga? ¿Qué más dará que cuelgue? ¿Qué más dará?

Pero es la añoranza de la soledad y los días de lluvia, y las pelis viejas como el padrino, y los secuestros graciosos con rescates que nunca se llegaron a cobrar. Y las risas, y los abrazos, y la comprensión y la estupidez.

Es la nostalgia por el día de reyes.

The rain people are people made of rain,
and when they cry they disappear,because
they cry themselves away.

12/18/2007

Fósil

Cines Urgel - Barcelona

"Todo tiempo pasado fue mejor"


Tenía un aforo de mil cuatrocientas cuarenta y ocho personas, que juntas se emocionaban. Reían, lloraban, padecían, se asustaban, y se revolvían en los asientos tapizados de grana, mientras sus manos nerviosas o exaltadas se aferraban con fuerza a los reposa-brazos acolchados.

El espectáculo empezaba, no cuando se silenciaba la sala, no. Tampoco empezaba cuando se apagaban las luces y sonaba aquella sintonía familiar. Empezaba cuando las pesadas cortinas de terciopelo a juego con el resto de la decoración, se recogían para dar paso a esa pantalla gigante donde se proyectaban viejas películas.

La industria, el capitalismo, la avaricia… El “progreso” en definitiva, la mató y lo único que queda de aquellos días de gloria es el cadáver de un cine que no durará más de cinco años en pie, en el mejor de los casos.

Te sientas esperando que de comienzo la sesión mientras cuentas las personas que conforman hoy el público contigo. Veintisiete personas de un total de mil cuatrocientas cuarenta y ocho.

Sí. La muerte acecha lentamente entre las cuatro paredes, quizás escondida detrás de las cortinas.

Y con la luz aun encendida, recostada en la butaca, tu espalda apoyada cómodamente en ese respaldo donde cientos de miles de personas antes que tu disfrutaron de buenos momentos con la familia, con los amigos, tonteando con su futura pareja; echas la vista atrás.

Recuerdas aquel cine de barrio y las colas gigantescas que daban la vuelta a la manzana para ver el estreno de Star Wars. Era tan emocionante, ir de la mano de tus padres, pedirles palomitas, coger tu cocacola y ver la película como podías porque eras tan pequeña que la cabeza de la persona de enfrente tapaba la mitad de tu campo de visión.

Aun no se habían inventado las sillitas para niños que te ponían a la altura de un adulto en tu butaca, durante la proyección.

¿Qué será del Batman del futuro? ¿Cómo nacerá? Porque no matarán a sus padres a la salida de la última sesión del cine. De hecho, tampoco le matarán al recoger el dvd de la máquina del videoclub de abajo.

¿Quizás entrarán en su casa por la fuerza, disparando con pistolas, destrozando puertas y mobiliarios y revolviéndolo todo sin conformarse con el collar de perlas, la cartera, el bolso y el reloj de mano?

Sí, mientras los tres miran la película de turno programada en el canal digital, satélite, por cable o lo que sea; repantigados en el cómodo sofá de piel de diseño, con sus palomitas de microondas y la televisión de plasma de 140”.

Realmente es probable que Batman no llegara a nacer, porque en la soledad del piso, los forajidos simplemente les hubieran disparado a los tres a bocajarro, sin tener que desaparecer por el callejón, como sucedió con el original.

¿Qué será de las citas inocentes para ver una película?

Aquellas primeras escapadas en soledad con los amigos, a ver Depredador… La primera cita con la excusa de ver Parque Jurásico o Terminator 2.

Ya no vibrarás con el son de los otros mil corazones acongojados por la tensión en el ambiente, y Alien sabrá a poco aun en la mejor televisión que puedas tener en tu casa. Faltará algo.

Ya no existirá la complicidad del sitio a oscuras, peligroso, íntimo y tentador. Aquella sensación de “tan cerca pero tan lejos” arropados en la seguridad de una luz tenue. Estará el “en tu casa o en la mía” edición-especial-coleccionista 4-dvds-con-comentarios-del-director.

El tiempo de los anuncios ha pasado en tu butaca de color grana. Se abre el telón, aparece la pantalla.

Escuchas la sintonía del cine una vez más, y callas. Se hace el silencio y la complicidad revolotea entre los otros veintiséis espectadores y tú.

Y disfrutas de la película en uno de los últimos grandes cines de Barcelona, mientras sabes en tu interior que se trata de un fósil, de un muerto viviente condenado a desaparecer como un enfermo terminal, con sus días contados.

Tal vez no hoy, tal vez no mañana, ni la semana que viene… Pero pocos años le quedan.

Y, en el mejor de los casos, dará paso a su tataranieto, el multicine… O cerrará los ojos para siempre sin dejar descendencia detrás, más que el recuerdo de todos los que nos emocionamos viendo grandes películas acompañados.

(Gracias mami, por llevarme a ver Beowulf).

12/17/2007

Fuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuck!


Imagen - Autor desconocido


Con la cabeza embotada y un frío del carajo, te pones el abrigo y la bufanda. Coges el bolso, buscas tu Blackberry, coges un libro y cierras la puerta tras de ti. Bajas las escaleras comprobando que tu madre te ha llamado y ves que son las seis y veintiuno de la tarde.

- Joder… Llego tarde.

Para una vez que quedas con tu madre y tu hermano para ir al cine… Y llegas tarde.

- Puto Wow… Puto desorden… Puto frío que me hace estar más rato debajo del agua caliente de lo habitual… - piensas.

En la calle hace frío, aunque la temperatura de casa también deja mucho que desear. Realmente no sabes si hace más frío dentro que fuera.

Caminas a paso ligero por la calle, casi al trote, lo cual un día de estos hará que te tuerzas el tobillo gracias a los condenados tacones. Y sigues pensando que llegas tarde, con tu libro bajo el brazo… "1001 noches de invierno" cuan apropiado. Mirando al suelo intentando no meter el tacón en la primera rendija que te encuentres, te percatas de que el suelo brilla de forma sospechosa.

Y empieza a chispear… Murphy existe.

Maldices y guardas el libro en el bolso que, por una vez, no es impermeable. Tu primera preocupación es que el libro no se estropee, que le den a la ropa, que le den al cine… Para una vez que cambias de bolso y no coges paraguas…

Miras la Black de nuevo… Joder… Las seis y veintitrés. Fijo que llegas tarde.

Cruzas la calle, maldiciendo la gente que se te cruza cual borrego despistado, llegas a las escaleras del metro, y bajas.

- ¡Joooooooooooooooooooooooooooder! ¡Me he dejado la puta tarjeta!

Tienes una T 50/30 y encima tienes que comprarte una nueva porque te la has dejado en el otro libro que estabas leyendo, que por cierto, no recuerdas cuál narices era.

- ¿Tarjeta o billete? ¿Tarjeta o billete? ¿Tarjeta o billete? –tic tac, tic tac… El tiempo corre y te pones a pensar qué es más engorroso y el ahorro económico-Coño… Bueno va, un billete, total… Ella debe tener tarjeta para la vuelta.

Bajas encabronada por las escaleras, después de haber tenido que pagar un euro veinticinco que no habías previsto. Puto cine. Puto metro. Putos tacones… Y sigues llegando tarde.

Pero aun hay salvación. Existe una posibilidad de que tu madre no te fastidie hasta el final de los tiempos por ser una impresentable y dejarlos tirados esperando a las puertas del cine. El metro está a treinta y cuatro segundos de llegar al andén y hasta Plaza Universidad son pocas paradas.

Y el metro llega al andén con puntualidad casi británica.

Ya en el vagón, buscas un hueco donde apoltronarte y disfrutar de un buen rato de lectura. Y la historia es condenadamente buena… Siempre te preguntaste qué fue de la vida de Blancanieves después de casarse con el Príncipe Azul… Y aquí hay una muy buena versión de los hechos. Pero cuando estás llegando al meollo del asunto, la voz mecánica anuncia por los altavoces que ya has llegado a tu destino y te ves obligada a cerrar el libro antes de acabar la historia.

- Coño… Ya podían haber más paradas.

Te apeas en Plaza Universidad con la duda de qué pasará en las próximas páginas.

Llamas a tu madre, que te ha enviado un mensaje diciendo que estaba en el Bracafé al lado del cine… ¿Bracafé? No recuerdas ninguno… Pero hace mil que no vas a los cines Aribau y quizás han puesto una nueva cafetería de esas franquiciadas.

- Estamos en la puerta del cine – responde tu madre al coger el teléfono.

- Vale, mamá, ya estoy llegando, estoy cruzando Gran Vía. No tardo.

- No te preocupes, son y media escasas y aun falta para que empiece la película. Nosotros estamos aquí en el Bracafé. El cine está vacío aun, no hay casi gente.

- Ok. No tardo.

¡Guay! Son las seis y treinta y cuatro. De puta madre. No has llegado tan tarde.

Cruzas la avenida con cuidado de no resbalar. Llegas a la puerta del cine. Aun falta algo más de cuarenta minutos para que empiece la peli y estás muerta de hambre, pero afortunadamente, al lado del Aribau está una de tus pizzerías favoritas. De repente empiezas a salivar al recordar lo buenas que están allí las pizzas y piensas en una porción de tomate y un alfajor de postre.

- Joder… ¿Dónde están? – te preguntas, mientras te indignas y notas que empiezas a cabrearte, más por el hambre por no haber comido aun hoy que por otra cosa.

Miras a un lado y otro de la acera. Nada en la entrada de la sala cinco. Nadie en la entrada de las otras… Nadie en el bar comprando palomitas... Tampoco están sentados en las butacas.

Pues suerte que no había gente en el cine que si no…

- ¿Dónde mierda se han metido?

Coges el teléfono, y la llamas.

- Mamá, estoy acá delante del cine. ¿Dónde están? No les veo.

- Estamos en la entrada del cine.

- Pero a ver mamá, ¿delante de qué lado? ¿Del lado de la sala cinco? ¿O donde las bebidas?

Y se hizo el silencio.

- A ver, nena… Estamos en el cine Urgel.

- Vale, sí. Pero no os veo.

Y una vocecita suena en algún punto de tu cabeza… ¿Urgel?

- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡FUCK!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Vale: eres imbécil.

- Joder mamá… ¿En el Urgel?

- Sí, claro, donde quedamos…

- ¡Joder! Me vine al Aribau toda convencida… Mierda… Ahora voy para allá.

Jooooooooooooooooooooder… Definitivamente, te das cuenta de que vives en la parra y te preguntas cómo mierda lo hiciste para que se te fuera la pinza de esa manera y acabaras en el cine equivocado.

Adiós pizza de tomate. Adiós alfajor de dulce de leche. Adiós euro con veinticinco, y encima por dos.

- Porqué carajo no compré una tarjeta de metro…

Y compras otro billete de nuevo, porque no tienes ganas de caminar una puta parada con este frío que cala los huesos.

Finalmente, llegas al Cine Urgel, saludas a tu madre y a tu hermano. Mientras piensas solo en comida. Por favor, algo comestible… Unos ganchitos, un bocadillo, un Frankfurt, chocolate… Algo… Pero nada de palomitas… Estás hasta la moral de las palomitas…

Tu madre te compra unos ganchitos y un chupachup… Hacía… ¿Cuánto? ¿Cuánto hacía del último chupetín? Tu hermano recoge sus palomitas, a las que miras con ansia, y acabas cogiendo unas cuantas. No una, ni dos, ni tres... No, como cinco o seis veces, mientas piensas indecisa quien será tu próxima víctima, la bolsa de Chetos o el chupachup de fresa.

***

Acaba la peli, que por cierto no tenías ni pajolera idea que era de animación 3D. Solo tenías constancia que salía Angelina Jolie, y tú ves todas sus pelis. No está mal. La peli tampoco...

Y caes en que no has cubierto las necesidades más básicas, pero ahora mismo solo la cena tiene solución y el resto, hay que joderse.

Tu madre dice de ir a la pizzería, y caminando. Tu dices que mejor en taxi que se tarda menos, hace menos frío y es más rápido.

¡Ah! Qué delicia disfrutar de esas dos porciones de pizza... Y la cocacola de lata bien fría, mientras contemplas el alfajor que pronto va a desaparecer de este mundo para pasar a formar parte de ti. Te regodeas pensando que aun después de evacuarlo, siempre habrá un resquicio de ese alfajor en tu cuerpo. Probablemente en forma de grasas... Pero joder, qué gusto devorarlo.

Y llega la inevitable hora de volver a casa. Tu madre a llevar a tu hermano y saludar a tu padre, y tú a jugar a WoW (puto WoW). De hecho, a estar en la perenne cola de la raid, ni siquiera jugar (puto WoW).

Tu madre propone ir a pie... Pero con el frío que hace mejor ir en metro que para colmo tú vives más lejos.

Y cuando estáis cruzando la calle ella dice...

- Me he dejado las tarjetas de metro en casa... Todas.

- Joder pues yo tampoco llevo ninguna...

Por tercera vez en tres horas coges el puto metro, y esta vez directamente compras la tarjeta, mientras te planteas por qué narices no la cogiste al salir de casa, ni compraste una directamente.

Pero bueno, no va de siete euros... ¿O sí?

12/13/2007

Yo. Tú. Ella.

(c) Gezfry


“El reflejo de un espejo sobre otro, es un bucle infinito.”

En todo el trayecto, no te atreves a mirarle. Lo único que te permites es observar su reflejo a través del cristal de la ventana.

Ahí está, delante de ti, a menos de un metro de distancia en su asiento, colocado en perfecta diagonal al tuyo, mirando cada uno para su lado… Como si nada de lo que ocurra en este vagón fuera con vosotros. Cada uno en su mundo.

Su perfil ladeado te permite observar cómo su mirada se pierde en el infinito. Más allá de ti. Más allá de él. Más allá de este espacio. Se pierde naufragando en la lejanía, mientras busca algo que no puede atrapar, como tampoco tú puedes atrapar nada.

Le miras, esperando que no te devuelva la mirada, que no te cace al acecho y, sin embargo, anhelándolo, sin saber muy bien porqué. Pero no son sus ojos los que descubres burlándose de ti en el cristal, son los tuyos propios, así que te sientes idiota.

Por un instante eres consciente de ese juego de reflejos: de ti buscando su mirada, de él soñando la mirada de ella… Y la imagen se proyecta en los cristales una y otra vez hasta el infinito.

Te ves a ti pensando en él, imaginando lo que él a su vez piensa, soñando con ella. Te preguntas si en algún rincón ella estará sentada sintiendo algo parecido, pensando en él. O tal vez está al otro lado del espejo, imaginando su mirada y después imaginando la de otros fantasmas que como tú, sueñan con sus ojos tristes… O quizás está pensando en otro tercero, que a su vez piensa en otra muchacha que a su vez…

Aburrida miras alrededor: las caras largas, los rostros grises, las miradas que se pierden en la lejanía y no puedes evitar preguntarte cuánta gente se siente como vosotros.

El cansancio, el pensar tanto, te pesa y decides dormirte en el asiento. Pero en tu mente sigues viendo ese reflejo tuyo, mirándole a él, que no cesa de pensar en ella, y los espejos que te persiguen con esa imagen una y otra vez.

Evil Inside

(c) James Wolf Strehle - Hateful Draft

Me da igual que sea Navidad, y que la gente desee paz a los hombres de buena voluntad porque es una mierda de deseo perdido, básicamente porque no existe la buena voluntad.

No, el ser humano es malo, malo, malo, muy, pero que muy requetemalo por naturaleza.

El ser humano, es peor que los animales, mutila, tortura, viola, saquea, tergiversa, manipula, engaña, esconde…

Sí señor, eso es ser humano.

No es ser bueno, dar limosna, ser altruista, magnánimo, compasivo. El ser humano es su estado puro, es un despojo. Igual es un despojo divino para algunos, pero despojo al fin y al cabo.

Pero en los países civilizados, como me aburro de repetir, estamos a salvo de los malhechores… Sí señor. Porque la Ley nos protege… ¿O debería decir que es al contrario? ¿Qué son los malhechores los que están a salvo de nosotros?

¿Es que el hijo de puta que robó en mi casa, se me llevó el portátil, el móvil y me rompió la puerta tiene que quedarse impune? ¿Es que si me lo hubiera topado de bruces en casa, hubiera tenido que quedarme de brazos cruzados, porque si le llego a hacer algo encima voy a la cárcel yo?

¿Pero qué clase de mierda de mundo es éste?

Volvamos a los tiempos anteriores al ojo por ojo, hombre… Volvamos a la cabeza por ojo, que me gusta más.

Así que ese hijo de la gran perra (consuelo me queda pensar que es heroinómano y al menos le de para unos cuantos chutes y muere por sobredosis antes del 2008), está por ahí tan campante mientras yo me jodo y pago los ochocientos euros de reparación de la puerta del piso de alquiler.

También se puede ir al infierno la administradora de la finca, que como es más vieja, dejará la faz de esta tierra antes que yo. No hace falta que se moleste en mandarme una postal desde allí. Se la puede meter por el culo directamente.

Así que yo, humilde inquilina, a a que han destrozado la puerta, y que ha desembolsado de su bolsillo ochocientos euros de reparación, solo voy a ver los trescientos setenta que les paga el seguro, porque claro… La puerta del piso es mía.

¿Es mía? Pues nada hombre, cuando se acabe el alquiler me la llevo de souvenir. Con dos cojones.

Y me río de sus explicaciones, que de haber cogido ellos el teléfono cuando tocaba, hubieran tenido que pagar el arreglo entero. Zorra.

Y cuidado con las yayas, que se hacen las tontas, con su yo no entiendo, y no se nada… Son más listas que el hambre, que para el caso, más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Vamos ahora con los polis, que amablemente cogen la denuncia que en el fondo, no sirve para nada, que aun estoy esperando que venga la científica a mi casa a tomar las huellas. Ahora entiendo porqué no triunfaría “CSI España”. No dan pie con bola. Dos semanas más tarde y ni se presentan.

Nah… El ser humano es basura. Y ojo, que yo me incluyo. Yo soy igual de mala, solo que ellos no le tienen miedo a las consecuencias de sus actos (como le dijeron a la bodeguera de abajo, su profesión es delincuente), y yo sí.

Nah… Quítale las leyes a la gente, déjalas a su libre albedrío de verdad… Y Madmax es un guiñapo.

11/28/2007

Demente

(c) Sapkowsky (c) Atari- "The Witcher"

Hay una cosa que me diferencia de los locos del psiquiátrico. Yo sé que lo estoy, conozco mis demonios interiores y sé pelear contra ellos. Los que están en el sanatorio insisten en que están sanos.

Eso es lo que hace que pueda caminar tranquilamente por la calle.

Muchas veces, pasan películas de cosas curiosas por mi cabeza.

Veo una piedra mal puesta y automáticamente puedo imaginarme tropezando con ella y cayendo al suelo. Algo que nunca pasa. O cruzar un semáforo en rojo y ver cómo se te lleva un coche por delante.

Quizás debería haber sido guionista de pelis de serie B.

Otras tantas, me puedo imaginar felizmente asesinando a alguien con toda la tranquilidad del mundo, como cuando estás mirando una comedia y ves al personaje principal estampando a su Némesis mientras esboza una sonrisa, sin hacerle nada en la vida real.

Hay que ver qué gran cosa la Ley.

No es que la humanidad sea civilizada, no. Es que tenemos leyes. Otro gallo muy distinto cantaría si esas reglas no existieran. Probablemente, ni siquiera padeceríamos la superpoblación. Incluso puede que tuviéramos que follar como conejos para pelear por no extinguirnos. Quizás incluso la religión te animara a mantener relaciones con cualquier persona que te cruzaras, para evitar desaparecer de la faz del planeta.

Tengo una larga lista mental de gente, que me alegraría sobremanera ver desaparecer. Lamentablemente, no hay forma de que eso suceda. Pero bueno, así es la vida.

De todas formas, eso no me hace especial, todos la tenemos. Solo que algunos somos más sinceros que otros. Pasotismo, sangre, fría, demencia, gilipollez… Puedes llamarlo como quieras.

Tengo un amigo, al que le dije que me sobraban seis personas, bueno de hecho tres, para cumplir mis objetivos. Y que suerte tenían que no hubiera forma políticamente correcta de quitarlos de en medio.

Me dijo que a veces daba miedo. No hombre, de mí no tienes que tenerlo. Tenlo de los que no saben contenerse. Esa es la diferencia. Con el incentivo apropiado todos somos homicidas en potencia. Es una de las aplicaciones de “ojos que no ven…”, pero al final alguien siempre te ve. Así que solo te queda la imaginación.

No hemos avanzado mucho desde la prehistoria. Seguimos siendo los mismos monos. Además, lo hemos hecho todo más aburrido. Hoy en día todo se ha mecanizado. Hasta las guerras.

Ya no tienes el aliciente de matar a la cerda esa cara a cara en una batalla épica. Qué va. Ahora viene un mindungui que no te conoce de nada, ni a tu familia, ni a tu país… Que ni siquiera tiene nada en tu contra, y probablemente sus nociones de geografía son tan pobres que ni siquiera sabe dónde está el país al que dirige su bomba. Y todo desaparece.

Pero qué impersonal. A dónde vamos a ir a parar. Después la loca soy yo.

"No es nada personal".

"Es puro negocio".

Y a pequeña escala, cuando miramos lo que nos rodea, todos estamos igual de tarados. Solo que al menos algunos, somos conscientes de ello.

11/27/2007

Thalack

(c) Wizards of the Coast

Acechando entre las sombras, mil veces la mató en su cabeza, antes de clavar el certero golpe final de sus garras de adamantita retorciéndole las entrañas. Pequeña zorra… Débil humana… Tan predecible y tan, pero tan, patéticamente descuidada.

Tan frágil y confiada, que no lo vio venir…

De pie contempla a la estúpida hembra cuyos ojos aun transmiten esa mirada de incredulidad, mientras los últimos hálitos de vida escapan de su cuerpo. La estudia desde arriba: poco más que un despojo, una cosa rota. Y no reprime el escupitajo en lo que fue su inmaculada cara.

La muy puta aun tiene la desfachatez de ensuciarle sus caras botas con sangre blasfema. Descuidadamente la patea como quien aparta una piedra molesta del camino. Quiere contemplar todo el espectáculo sin perderse un mísero detalle, degustar toda su agonía y verla morir.

Zorra.

Aun en esos volátiles instantes su mano se estira inútilmente suplicando ayuda.

Lamenta que matarla sea una experiencia única e irrepetible.

Venganza y deseo bombeaban la negra sangre de sus venas, a partes iguales. Con ese empuje, no podía esperarse ningún otro resultado.

Siseos susurran dentro de su cabeza…

Bastarda.

- Ahí te pudras, elg’caress – dijo. La escupió de nuevo y dio media vuelta dejando el cadáver al amparo de los hongos.

Acechaba entre las sombras, envuelta en su piwafwi, anudado al cuello con un lazo burdo, y sin insignia de casa. La Reina Araña hace mucho que calló. No quedan sacerdotisas que adoren a Lloth. En realidad, no quedan dioses ni nadie que les pueda adorar, y si acaso hay algo en lo que creer, es el fiero filo de sus armas, imperturbables ante el paso del tiempo.

Lleva el pelo recogido, manchado de sangre y humedecido por el sudor, rastas rebeldes le caen en la cara, contrastando entre mechones cortados con el descuido de una espada rabiosa. La locura ilumina sus ojos, mientras vaga sin rumbo fijo.

Ya no queda nada.

Han pasado muchos años en las viejas cuevas de la suboscuridad, de Tzernelle’dol no quedan más que las ruinas.

Mala puta. Suerte tienes que no queda nada de magia en mí, para revivirte y matarte de infinitos modos distintos, lentamente y memorizando todas las facciones de tu cara bovina, hasta la saciedad.

Tu pecado fue respirar. Existir. Incluso nacer. El pecado estaba en tu madre que tuvo la osadía de parirte, y en tu abuela antes que ella. Y así podría remontarme hasta el último de tus ancestros. Pero aquí acaba todo, y no habrá nadie que siquiera te recuerde.

Moriste sola, como una perra.

Tu pecado fue mirar, no nacer ciega. Tener corazón, y desear lo que no era. Tener manos, y tocar lo que jamás tuviste que haber rozado…

Eso fue tu condena, y yo fui tu verdugo.

Jamás debiste cruzarte en mi camino.

Soy Thalack. En cada vistazo atrás se esfuma un poco la cordura.

Yo soy guerra. Yo soy sangre. Yo soy odio.

11/26/2007

Julio Flórez (I)

(c) Blackeri (Marta Dahlig) - Umbrella Sky

Tus Ojos

Ojos indefinibles, ojos grandes,
como el cielo y el mar hondos y puros,
ojos como las selvas de los Andes:
misteriosos, fantásticos y oscuros.

Ojos en cuyas místicas ojeras
se ve el rostro de incógnitos pesares,
cual se ve en la aridez de las riberas
la huella de las ondas de los mares.

Miradme con amor, eternamente,
ojos de melancólicas pupilas,
ojos que semejáis bajo su frente,
pozos de aguas profundas y tranquilas.

Miradme con amor, ojos divinos,
que adornáis como soles su cabeza,
y, encima de sus labios purpurinos,
parecéis dos abismos de tristeza.

Miradme con amor, fúlgidos ojos,
y cuando muera yo, que os amo tanto
verted sobre mis lívidos despojos,
el dulce manantial de vuestro llanto!

(c) Julio Flórez

11/23/2007

I am What I am

(c) Daniela Ulig - Alter Ego




**** Lyrics: Gloria Gaynor - I am What I am

Soy lo que soy, y evitarlo o esconderlo es un error.

Sé cómo soy, otra cosa es que lo demuestre, que lo esconda, que lo disimule, que lo maquille.

Yo no puedo, ni quiero, hacer cambiar a nadie. Hace mucho que aprendí (y lo mío me costó) que no puedes cambiar la forma de ser de nadie... Entonces... ¿Por qué intento cambiarme? ¿Por qué intento esconderme? ¿Por qué me maquillo a mí misma?

Y lo que veo en el espejo, no soy yo.

Sé que cada cual me percibe de una manera diferente. La cosa es, quizás me esfuerzo yo en proyectar la imagen equivocada.

Muchas veces me he anulado, y muchas veces me he contenido. No es malo hacerlo, y sin embargo, soy consciente de que esa es una ilusión que no puedes mantener para siempre.

Puedes intentar ser quien no eres y sobrevivir un mes... Con suerte podrás sobrevivir al año... Pero más allá está la irremediable locura por negarte como persona. Por reprimirte. Es una tontería.

Puedes intentar mejorar. Pero, ¿para qué castrarte? Puedes cambiar e intentar pulir los defectos, pero no deshacerte en una quimera. A fin de cuentas, cada uno es como es. Y no puedes esperar que te aprecie todo el mundo, ni llevarte bien con el universo ni que te adoren todos (a todo esto, una lástima).

El error más clásico en todas las relaciones, con amigos, familiares, con parejas, con quien quiera que te cruces es precisamente ese. De una forma innata e inconsciente, cambias y te mimetizas con el entorno. Estudias los gustos, aficiones, intereses de la gente y aunque a veces es a conciencia, muchas otras no... Y cuando te has dado cuenta ya no eres tú quien habla.

Y pasa tantas veces... La mayoría de ellas cuando te encuentras implicado con alguien o algo emocionalmente. Intentas tanto esforzarte, y quieres dar tanto de ti mismo... Te vuelcas tanto... Que no es que no sea natural, pero es excesivo. Pero no hay que confundirse... Volcarse no es solo ser cargoso con el otro, ni regalarle más cosas de las que acumularía un dragón en su cueva durante toda su vida... Volcarse puede ser -incluso vivir- conteniendo tus emociones y sentimientos por no molestar. Y esa calma, antinatural, produce un silencio incómodo en el aire. Lo nota todo el mundo, igual que tú.

Es interesante, y toda una putada.

Siempre existe un punto de inflexión. Llegas a la oficina, te tomas el café de la mañana, saludas a la gente, te sientas, enciendes tu ordenador... Te relacionas con los demás, y acabas dedicando más atenciones a esa persona con la que congenias. Sin saber bien cómo, un día te das cuenta de que esa persona te gusta. Cagada.

Y tienes pánico. Tantas cosas pasan por tu cabeza a la vez... La primera es darse cuenta de lo que sientes. La segunda es encender todos los escudos y poner las alarmas en el perímetro de seguridad. La tercera es avisar del Defcon que pertoque y la cuarta es anularte. Pasan casi todas a la vez.

Entonces llegan las preguntas y te pisotean como una manada de elefantes. ¿Cómo pasó esto? ¿Qué siento? ¿Lo nota? ¿Lo notan los demás? ¿Qué le digo? ¿Cómo me comporto? ¿Qué hago? ¿Y qué dejo de hacer?

Ah... La jodiste.

Empezaron las mariconadas. Esquivas las miradas, los sitios comunes, empiezan las sonrisas nerviosas... Te escondes detrás de la pantalla, analizas todas sus acciones. Lo que dice, lo que no dice, lo que andará pensando. Todos y cada uno de sus gestos. Con quien habla y porqué. ¿Hablará de ti?

No te viene ni un solo pensamiento positivo. Si te mira, piensas que se mofa. Si no te mira, piensas que te anda esquivando. Si no te habl, es que está enfadad@ contigo. Si habla brusco o con parcas palabras, es que claramente está enfadad@ contigo. Lo comparas todo con "antes", donde antes era cuando no eras consciente del sentimiento que crecía en tu interior. "Antes" todo era "mejor", está claro.

Te preocupa si te mira, y te caza devolviendo la mirada... Un momento... Si te caza, tú también cazaste... Así que...

Empiezan los sudores, el malestar, las taquicardias, los dolores de cabeza, las comidas de tarro. La falta de sueño, las ojeras, las horas de más en el juego. Quizás hasta las borracheras. Los pasos nerviosos, el aumento de la factura de teléfono por las llamadas de reunión del gabinete de crisis.

Tus amigos piensan que, irremediablemente, estás rayando la locura.

Piensas que se ríen de ti tal vez. Vaya... Quizás la otra persona también lo piensa, mientras te mira como si fueras un marciano.

Claro que eres un marciano. Ya no eres tú. "¿Dónde está esa persona con la que tomaba el café tan tranquilamente?", se pregunta. Pues... Está de vacaciones. Está Out of Service.

Poco a poco, se aleja de ti. Y no dejas de darle vuelta. ¿Qué hice? ¿Por qué? Si éramos tan amigos... Lo pasábamos tan bien... Hablábamos tanto... Si no he cambiado... ¿Habrá cambiado?

No te has dado cuenta de que ahora eres algo extraño. Lo único que pasó es que ya no eres tú.

Ese es nuestro error, ¿sabes? Te pasa a ti, me pasa a mí, nos pasa a todos.

Y después de tantas horas de charla, y tanto devaneo... Creo que lo único que podemos sacar en claro es... Sé tú mism@. Si siendo así no vales para esa persona, no hay mucho que puedas hacer. E intentando amoldarte y contenerte tal vez estás asesinando todo lo bueno que llamó su atención.

Sé tú mism@.

Puedes aparentar ser otra persona, pero no por mucho tiempo. Si te reprimes, ¿qué harás mañana cuando ya no puedas mantener más tu hechizo de ilusión? Además... Es tan cansado... Y tan antinatural. Veinticuatro horas al día jugando al ajedrez, moviendo piezas imposibles a tientas, y sí, son veinticuatro horas, porque incluso cuando duermes, piensas.

La CHOAM decía: La especia debe fluir... Pues mira, apliquemos la idea.

Somos lo que somos, y no podemos cambiarlo (ni tampoco debemos). Si no vale, así, simplemente no funciona.

Tú, yo, y ellos... Todos fallamos en lo mismo. Pero yo no dejo de pensarlo... I am what I am... Y después de eso, si no basta, no hay nada.

Y que, por cierto, soy cojonuda xD

Buh, pa!

11/21/2007

Cuando el sol se apaga

(c) Mike Wieringo - Jarek y Koj (desde Tellos, con amor)


¿Duermes?

¿Y sueñas?

Ahora que tu sol ya no brilla, quizás vives en Tellos para siempre.

Yo te descubrí en aquellos tiempos en que también despuntaban Madureira, Bachallo y esa generación de dibujantes que nos deslumbrasteis.

Tus dibujos, eran geniales, y a mi me encantaba leer esos comics que con tanto esmero ilustraste. Con el tiempo, como les pasa a todos, fuiste evolucionando, y a pesar de que tuvieras fans y detractores y que tu proyecto personal fuera acogido con entusiasmo por algunos y con menos alegría por otros, a mí me encantaba.

Yo lo leí estando en cama con mis anginas de siempre, y lo adoré.

Hace poco compré las secuelas, incluso una de ellas con dibujos de Crissé. Crissé, que me dejó encandilada con "La espada de cristal".

Ahora ya no estás, porque se apagó tu luz, y compartes tu tiempo con Jarek, Koj, Hawke, Serra y los demás.

Tu trabajo fue precioso, y con eso nos quedamos.

Descansa en paz.

***


Mike Wieringo soltó su lápiz el domingo 12 de agosto de 2007, a los 44 años, en su propia casa, por un ataque al corazón.

La última frase que pudo escribir en su blog fue "OK… have a great weekend, everyone" (OK... Buen fin de semana a todos).

11/20/2007

El dinero no da la felicidad

Autor: Desconocido

La compra hecha.

Eso dice el msn de un amigo, y la sabiduría popular.

También hay quien dice que el dinero no lo es todo en esta vida, pero eh: no nos engañemos. Es mentira todo. Quizás no te da la felicidad completa, pero ayuda y mucho.

Últimamente medito mucho al respecto.

Es curioso, pero a pesar de mi modesta forma de vida (opulenta para algunos otros cánones), tengo todo lo que pueda necesitar y esté al alcance de mi mano. Así que tengo mi pisito con sus chucherías, con sus detallitos, y los caprichitos que me he querido dar.

Dice mi madre que tengo mucho más de lo que mucha gente tiene. Y sí, es cierto. Pero no es suficiente. ¿Por qué será que siempre quiero más? ¿Qué mejor muestra de que soy humana? Pero también me doy cuenta que no por más que tenga soy más feliz.

La felicidad no es la tele de treinta y dos pulgadas, es poder hacer un viaje.

Felicidad tampoco es el aire acondicionado, es poder regalar una camiseta.

Felicidad tampoco es el parqué, es ir descalza por la casa y poder tirarme por los suelos a leer un libro.

Ejejeje... Pero felicidad, es un portátil. Sí señor. Eso sí que es felicidad. Y felicidad es estar aprendiendo a dibujar, y una tableta digitalizadora (que aun estoy aprendiendo a utilizar, y lo que me queda).

El dinero no da la felicidad, pero ayuda mucho. Y da tranquilidad. No se puede ser feliz y vivir intranquilo y en la cuerda floja. La felicidad va muy ligada con la estabilidad. Y eso sí que lo compra el dinero.

Con dinero te compras la casa, finiquitas la hipoteca, te pagas la comida, la ropa, pagas los hijos, pagas los gatos, pagas los viajes... Pagas el profe de inglés. Pagas la uni, pagas el coche, el carné de conducir. Los libros, los comics, la tele por cable, la suscripción a tu MMORPG favorita, la lavadora de tu madre, los regalos para la gente que aprecias, el teléfono, el gimnasio, los médicos...

Una vez tuve una conversación sobre esto con Ferran también. Me decía que él para estar enamorado no se fijaba en la condición de la otra persona, y que le daría igual que la otra persona fuera pobre. Supongo que dejé de ser la princesa perfecta cuando le dije que yo ni en pintura pensaba eso.

Siempre hay unos mínimos para todo. Para el físico, para la inteligencia, para la cultura, para el nivel profesional. Qué ogro le parecí cuando le dije que yo no podía enamorarme de un mendigo. Entre otras cosas porque jamás de los jamases habría reparado en su existencia. Cada uno tiene su listón.

Pero bueno, en aquel entonces, él pensaba que el amor tampoco se compra con dinero y quería que yo respondiera a preguntas como "¿te acostaría con alguien por un millón de pesetas?" con un "no" rotundo, cuando en realidad la respuesta es mucho más compleja.

A veces no deberías hacer preguntas para las que no quieres escuchar ciertas respuestas. Pero bueno, así somos los humanos: curiosos y masocas.

Me pregunto cómo le habrá ido con su carrera de filosofía. Hace muchísimos años que no sé nada de él. Pero creo que su idealismo desaparecerá a base de bofetones reales o de porros. No tengo mucha idea de qué le pasaría primero.

Sus amigos siempre me dieron un poco de cosa. No parecían malos tipos. Pero vivían en su mundo "feliz" de las pastillas, los porros y no estoy segura de querer saber qué más. Estoy segura de que a él también le atrapó esa vida. Espero que al menos, no demasiado, pero en todo caso, cada día que pasa debe estar más próximo a pensar como yo.

Él también empezó a trabajar. Recuerdo que sus padres le daban el dinero para los cigarrillos y para salir de fiesta, cuando yo ya estaba buscándome la vida ni que fuera dando clases. Yo le recordaba que él quemaba el dinero que le daban. Pero claro, no era su dinero, el que le costaba su esfuerzo ganar.

Por qué será que a veces lo que te regalan no lo valoras tanto. Por qué será que las cosas fáciles que te ofrece una mano gentil no es suficiente. Por qué seremos así de imbéciles. Porque somos humanos, supongo. Pero cuando empiezas a sufrir tú por cada cosa que te tienes que llevar a la boca... Empiezas a aprender el valor de las cosas.

Mi hermano pequeño, de doce años, ahorró para comprarse una PSP que tiene ahí muerta de asco. Trescientos euros a la basura. Y me sorprendí a mí misma diciendo todo eso que me dijo un día mi madre "no malgastes el dinero", "ahorra", etc., etc. Y sé perfectamente que él no entenderá nada de nada hasta que no tenga que ganarse las cosas con su propio sudor.

Es curioso, que estemos destinados a repetir la historia una y otra vez. Es curioso, que por más que te adviertan de las cosas, no aprendes hasta que lo sufres en tus carnes. Así que por eso, muchas veces desisto de dar consejos estúpidos, porque es una pérdida de tiempo.

Muchas veces, por más que sabes que la otra persona va de cabeza a al ruina, no puedes hacer nada, solo tienes que sentarte a esperar a que se estampe contra el muro, y estar ahí con el botiquín.

El otro día un amigo me contaba que un conocido suyo compró la cuenta de Warcraft por siete mil euros, que tenía las dos espadas épicas de Illidan. Siete mil euros, una aberración, automáticamente pensé lo que podía hacer yo con ese dinero. Sin embargo, el actual dueño de la cuenta pensó "qué barato". Porque es una minucia para él. Del mismo modo, yo he preferido adquirir servicios en vez de tener que estar gastando mi tiempo en conseguir cosas que otra persona preferiría trabajar por sus medios.

Tiempo contra dinero. Esta es otra discusión que he tenido tantas veces... ¿Cuánta gente cuece el pan en su horno cada día para comer? ¿Y cuánta gente simplemente baja a la panadería a comprar el pan? ¿Pasa algo por comprar el pan ya hecho? No. Pues entonces, qué problema.

Yo creo que todo se reduce a envidia y un concepto erróneo de justicia.

Entonces, cuando la envidia corroe y ataca el "no es justo" porque ven que el de al lado tiene algo que tú no (el coche, el chalet, el yate, el viaje al rededor del mundo, y cualquier otra cosa que puedan imaginar), la gente se refugia en pantomimas como "el dinero no da la felicidad", "el dinero no lo es todo", pero una vocecita en el interior sabe que quien dice eso, es la Envidia.

Quizás el dinero no da la felicidad, pero te ayuda a pasar la vida de la forma más cómoda y llevadera posible.

11/19/2007

Relatividad


(c) Haruhiko Mikimoto

Qué grande Einstein con sus teorías sobre la relatividad... Y qué curioso es el concepto de tiempo.

Estamos ya acercándonos al fin del 2007. Sí, sí. Parece mentira, que hace diez meses estrenaba un año nuevecito, y parecía que 2008 estaba tan lejos. Porque 2008 va a traer muchas cosas, pero la que trae casi seguro, son mis treinta años y alguna que otra chuchería.

Treinta... Parece que fue ayer que estaba en el parvulario, y hace un poco menos me escapé de casa, y hace dos días tuve el primer novio, y hace unas horas me independicé. Pero no, de todo eso hace mucho tiempo ya.

Treinta... Tampoco es tanto, es la tercera parte de lo que me queda de vida si no me suicido antes o pasa algún imprevisto que acorte mis planes de vida.

Eso quiere decir que me quedan sesenta años por delante. Y no tengo ni guarra de lo que hacer con ellos. Me asusta un poco tener todo ese tiempo. Es como que te den una libreta en blanco y no saber bien cómo empezarla, ni qué escribir.

Un buen día, cuando llevas varias páginas empiezas a ojearla desde el principio y ves que está llena de tachones, marcas, recordatorios, estupideces, manchurrones de tinta y algunas cosas buenas. Miras hacia adelante y quedan muchas más hojas por llenar.

A veces tengo días de esos que piensas que no vale la pena escribir nada más ahí dentro. A veces también pienso que la libreta es demasiado larga y querría que no durara tanto, pero inevitablemente, es lo que es. No es plan de ponerse a arrancar hojas. Todo el mundo dice que quedan muchas cosas buenas por escribir, supongo que es cierto, y mientras quede tinta, seguiré escribiendo.

A veces pienso que todo pasa tan rápido que no me da tiempo de escribirlo y desearía poder llevar más hojas con historias bonitas, y remarcarlas bien grande para mañana.

Supongo que las cosas que quedarán marcadas y resaltadas en fosforito compensarán todos los tachones.

Esperaba haber escrito a estas alturas muchas cosas importantes, y están casi todas escritas, salvo unas pocas. Mi madre dice que estoy tan preocupada por la pulcritud de la libreta y por las historias que no he sido capaz de escribir aun, que olvido otras importantes o narrar el día a día.

No sé, yo simplemente miro las putas hojas en blanco.

Me pregunto como es que la gente puede vivir tan cómodamente el presente, y yo solo miro hacia adelante. Lo he intentado muchas veces, pero concienciarme de vivir "ahora" es muy difícil, aunque creo que cada vez lo hago mejor. A fin de cuentas, si me paro a pensarlo, lo único que existe es "hoy". Ayer ya no está, y cada vez que miro es algo distinto porque los recuerdos se deforman con el tiempo y a veces se pierden, y Mañana no sabes qué va a pasar ni si vas a estar aquí. Gracias a quienes me lo recuerdan de tanto en tanto. Continuo con mi terapia del "presente".

Y de golpe recuerdo a Ferran, con su Carpe Diem. En su día, esa forma de pensar me pareció muy curiosa. Pero seguramente él disfrutó más de ese mes hace tantos años, que yo. Yo me pasé todo el mes pensando en "mañana".

Hoy estaba mirando de nuevo el calendario encima de mi mesa, recordando aquel día que se me dio por empezar a tachar cuadraditos, tan preocupada. Hace nueve meses ya de eso, y hoy me importa un huevo. De hecho, me río.

Pero fue un buen experimiento. Es una cápsula del tiempo atípica. Sirve para que me demuestre a mí misma todos esos convecionalismos "nada dura para siempre", "no hay mal que dure cien años", "el tiempo lo cura todo", "esto también pasará" y todas esas que he oído mil millones de veces. Pero, eh... Es cierto. Todo pasa, lo bueno y lo malo... Así que disfruta todo lo que puedas.

Quizás es lo más importante que aprenderé este año.

Ahora a veces cuando juego a Warcraft me quedo pensando también en cómo transcurren los segundos. Cuando juegas allí, una milésima de segundo es toda una vida. En cambio, en la vida real una milésima no importa un carajo. Es como un céntimo entre un trillón de euros. Tan pequeño que puedes despreciarlo. De hecho no es que puedas despreciarlo, es que ni te enteras de que existe. Pero si me pongo a pensar, una milésima de segundo puede estar cargada de electricidad y sacudir tu cuerpo por entero.

A veces, cuando pasa algo malo, me conciencio a mí misma de que mañana echaré la vista atrás y habrá quedado todo dispersado, y que cuando contemple las cosas desde esa lejanía, de forma quizás más objetiva, como me pasa hoy, lo que me dolió en su momento ya no me hará sentir nada, o casi nada.

En cambio, las cosas buenas, aun seré capaz de recordarlas, aunque sea con menor intensidad.

Por ejemplo, este fin de semana.

Este fin de semana, después de ocho años, me sinceré del todo con alguien muy especial. Esa persona que vas a recordar el resto de tu vida, incluso posiblemente cuando seas viejo y tengas parkinson, y entre ataque y ataque de alzheimer, aun quizás pueda evocar su nombre.

Y fue todo tan sencillo.

Supongo que a veces no estás preparado para afrontar las cosas hasta ese momento determinado, en el que no sabes cómo la necesidad te empuja a decir todo lo que piensas. Yo lo dije porque ya estoy segura, porque todo es pasado y porque no comporta ningún peligro decir nada ya.

Porque es de esas cosas que siempre han estado ahí en la cola de tareas pendientes, y ocho años, son demasiados para alargarlo más.

Tampoco dije nada del otro mundo, tan solo lo evidente, y cómo llegamos a ese punto, no lo tengo claro, pero él me dijo "no, es que tú ya no me quieres". Pero no era cierto. O bueno, sí, y no. "Yo ya no te quiero como antes, o quizás sí, pero de forma diferente". Y esa era la verdad. Y lo que me liberó por completo fue decir "pero si te sirve de algo, tú eres la persona que más he querido en toda mi vida, y así es posible que siga para siempre". De golpe y porrazo, pesaba como 10 quilos menos y otros años menos en mi espalda.

Porque como quieres al principio, cuando estás enamorado la primera vez, ya no quieres en toda tu vida, ni haces las mismas locuras. Harás locuras, pero distintas. Querrás a alguien, pero será diferente. Y diferente no significa peor, simplemente eso: distinto.

Al hablar el fin de semana, aprendí yo también varias cosas en el camino.

Que así como hay alguien especial para mí, a quien de tanto en tanto me gusta hablar y ver como le va la vida por más que siga pensando que es un idiota integral (o derivado), también lo habrá para mi compañer@ en el futuro. No es motivo de envidia, ni representa un peligro, ni me tengo que amargar, ni estar celosa. Simplemente es así. Igual que este torpe me marcó a mí, y de mí forma parte, pasará lo mismo con la gente que me cruce en mi camino. Todas las relacines te esculpen y te transforman en alguien distinto a lo que eras. Quizás la persona que estimas es así precisamente por todo el camino que ha tenido que recorrer. Punto.

Ahora soy consciente de eso también. Otra cosa que aprendí más en 2007, y que en el 99 o el 2000 jamás pensé que podría llegar a decir algún día.

Me alegra poder ser ahora simplemente amigos, y hablar de tanto en tanto, ver qué tal nos va la vida y que cada uno siga con lo suyo. Poder reírnos en un bar sin que yo sienta rencores ni que tenga que apartarme, ni sentirme desplazada, porque ya estoy en paz.

Relatividad, sí.

Acaba de venir el mensajero a recoger la valija diaria de la oficina, y ni me he dado cuenta que son las dos de la tarde. Acabo de dejar pasar seis horas de una mañana sin darme cuenta, entre unas coas y otras... Y mira que tengo mañanas que los minutos no pasan ni pegándoles un tiro.

Me encantaría que todas las mañanas volaran así de rápido, eso querría decir que lo he pasado bien.