Te diría que lo siento, pero no sería verdad en absoluto. No puedo perdonarte, ni lo siento tampoco.
Jamás entenderé el porqué de las mentiras, en su mayoría gratuitas.
Me has dado los mejores años de mi vida, pero ahora mismo siento que gran parte de ellos han sido una quimera.
Me has ayudado muchas veces, y has estado siempre a mi lado. Te doy las gracias. Pero ahora, que miro todo a través de unos ojos diferentes, no distingo la realidad de la ficción.
No dejo de recordar las cosas una y otra vez, y revivir escenas de cosa que ya han pasado... Ahora las interpreto diferente.
Me siento un poco rara… Pero aquel día, cuando leí aquello, moriste para mí. No eres la persona que yo conocía, no eres la persona que creí conocer, y no sé porqué hiciste todo lo que hiciste.
Eras mi amigo. Yo jamás te vi ni te veré de otra manera. Un amigo, no hace lo que tú has hecho, porque ese tipo de cuestiones no han lugar en la amistad. No son necesarias.
No puedo perdonarte tampoco por algunas cosas que me han hecho daño. Me hiciste creer durante mucho tiempo, que algunas cosas eran culpa mía… El día que no estaba en mi casa porque había salido, y se supone que veníais a buscarme en coche para ir de fiesta de noche, el día que se supone que alguien vio cierta conversación por msn sobre cierto pastel que dije que iba a hacer Rita…
Me hiciste creer que todo aquello era cierto, para tener un subterfugio y evitar algunas presentaciones incómodas y, hoy por hoy, imposibles. Me hiciste creer tres o cuatro años que eso era tal cual. Y era mentira. A mí me dolía haber hecho esas cosas y haber causado problemas. Y tú, jamás dijiste nada. ¿Cómo pudiste?
Eras un modelo a seguir. Eras esa persona con la que, si alguien se metía, yo te denfendía a muerte. En tu mentira, al yo creerte, te elevé por encima de todas las cosas: mi familia, mis amigos, mis trabajos, mis parejas…
Te tenía envidia sana por tener todo aquello que yo no tenía y que tal vez, jamás iba a llegar a tener. Lloré mil veces pensando que no iba a llegar nunca a ningún lado… Como tú habías llegado. Me desesperaba pensar que iba a morirme cobrando dos mil euros al mes.
No puedo entenderte. No puedo entender muchas cosas que se han dicho. Mira que lo he intentado, pero no puedo.
Siempre pensé que, si alguna vez me faltabas, me iba a morir de la pena. Hoy me faltas, y me da lo mismo. Sigo adelante, sigo caminando. Como diría Bécquer: El muerto sigue en pie.
Pienso algunas veces en ti durante el día… Me vienen flashes uno tras otro, y es un bombardeo molesto. Encuentro terceras y cuartas lecturas en todo lo que ha pasado.
Sabes que no suelo arrepentirme de las cosas… Pero me da rabia, y sí, me arrepiento de haber hecho algunas cosas que de otra manera no habrían tenido lugar. Conoces cosas de mí que tal vez no tenías derecho a conocer, sabiendo lo que sé hoy por hoy.
En tu defensa, dijiste que las mentiras no nos afectaban… No lo veo así. Los días pasan y a más cavilo más crece mi rabia.
No me he molestado en llamarte, no me he molestado en escribirte, no me he molestado en buscarte y evito los sitios comunes.
También estoy enfadada con ellos, que lo sabían, y lo intuyeron todo este tiempo… Y nadie me dijo nada por temor a lo que pudiera pasar. Lo sabía incluso la mujer a la que más rabia le he tenido en esta vida, y tuvo que venir ella a consolarme por teléfono. ¿Te imaginas mi amargura? Incluso ella, lo sabía. Me muero ante la simple idea, que al mirarme me tenía lástima por mi fe ciega en tu persona. Es humillación pura.
Me conoces, yo no olvido. Y esto sabes perfectamente que no va a ser la excepción. Y como me conoces tan bien, sabes perfectamente además, que cuando llego a este punto solo quiero romper con el pasado, tirarlo todo a la basura, borrarlo, y hacer ver que no existió. Así soy yo: lo que me hace daño, lo rompo.
Me siento traicionada, ¿sabes? Por la única persona que pensé que no lo iba a hacer jamás. Por esa persona que pensé que estaría ahí toda la vida.
Recuerdo una vez, que te dije que no me podía fiar ni de mi padre, y me dijiste que de hecho no me tenía que fiar de ti tampoco… Y te miré… Y te dije riéndome que eso ya era el recolmo. Que el día que no me pudiera fiar de ti, apaga y vámonos… ¿Qué jodido, no? Era cierto. Lo decías en serio. Y yo, imbécil de mí, no me di cuenta.
¿Grito de auxilio o advertencia para el futuro?
Todas esas cosas… Esos regalos que te hice y que eran para que se los entregaras a otras personas… Supongo que los tienes tú guardados… Todo este tiempo, los libros que te dejé para otras personas, los tenías tú… ¿De dónde salían los pasteles de chocolate?
Me da rabia… Recordar aquella vez que me hice la permanente, porque se me giró la pinza. Y me dijiste, si te tiñeras de rubio serías igual que ella. Ahora voy recordando cosas y las detesto. Yo elijo quien soy y cómo visto.
También recuerdo cuando se me dio por cambiar de forma de vestir… Y me decías siempre ella se vestía así…
Tengo la extraña sensación de que jugabas a Pigmalión y Galatea. Un tanto masoca, por eso, crear una Galatea que sabes que nunca va a estar contigo.
Pero lo que me da más rabia por encima de todo, es pensar que tal vez, y solo tal vez… Le hayas podido decir a tus padres que yo era tu pareja… Porque a fin de cuentas, era la única persona que veían con asiduidad que iba a recogerte… En mi demencia, se me ocurre que de ahí, quizás el que nunca nos cruzáramos a tu familia… Para no responder preguntas incómodas.
Y sinceramente te digo, que si esto fuera así, y ojalá no tenga razón… No querría verte la cara en MUCHO tiempo, donde “mucho” tiende a infinito. Porque me jodería lo indecible pensar que he sido todo este tiempo la pareja de alguien sin saberlo.
No sé dónde está el límite de las mentiras y las verdades… Pero no voy a perdonarte. No voy a olvidar nada de esto, y no creo que se me pase en un futuro próximo. Tú, que me conoces, sabes que ésta es de esas cosas, que hacen que me aparte de la gente sin dudar.






